Adiós a la niñez

soldados cubanos en Angola

Una película de dibujos animados marcó la infancia de mi generación: La telaraña de Carlota. Según recuerdo me dejó el sentimiento por la amistad y la enseñanza del sacrificio por la supervivencia. Desde entonces me conmueven los pequeños insectos. En esos días rompí la tabla con que cada verano salía a cazar, me avergüenza decirlo, mariposas.

En ese año setenta y cinco cumplí nueve años, y supimos que las autoridades cubanas habían determinado asistir con el envío de tropas al gobierno de Angola para contener la invasión de un país vecino. Ese período fue el despertar de la enajenación en que la infancia nos sumergía.

A mi vecino lo fueron a buscar en la madrugada. Tocaron a su puerta y la madre, que era sorda, preguntó a quién buscaban. Respondieron con el nombre de su hijo. No está, dijo. Pero los militares insistieron. Entonces quiso saber quién lo solicitaba. Le dijeron que era la “Patria”. Y ella, anunció gritando: díganle a “Patria” que mi hijo llegó al amanecer y borracho, ahora nadie podría despertarlo. Mejor que “Patria” regrese mañana; además, no son horas decentes para que una mujer esté buscando a un hombre.

Luego supimos que la UNITA masacró a mi maestro Gastón, quien a mitad de curso interrumpió nuestras clases y se fue a África. Poco tiempo después no podíamos entender cómo se lloró con aquella película donde una arañita ofrendara su existencia para lograr a sus hijos, y sufriéramos tanto por la posibilidad de que sacrificaran a un cerdo. En mi casa mi madre lloraba todo el tiempo cuando avisaron que a mi hermano mayor se lo llevaban a esa guerra en otro continente.

Cuando vinieron a buscar a mi hermano, mamá no quiso despedirse, se encerró en su cuarto y allí se mantuvo casi todo el tiempo hasta su regreso. Mi hermano, antes de irse, besó la puerta como si lo hiciera en la frente de ella. Yo también estaba molesto con él y se lo dije. Me negué a abrazarlo. Me fui para el patio a acariciar a mi perro. Al sentir el sonido de la guagua por mucho que me apresuré apenas pude verlo.
Sólo después se supo que la operación militar fue nombrada: Carlota. Y quise buscar una similitud entre aquella araña animada y la realidad de una guerra que nos desanimaba. Por esos días, el presidente cubano aseguraba que más importante para el pueblo era la ayuda internacionalista, que las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos. Con el tiempo también supimos que el presidente Carter se quejó aquel año setenta y cinco por la ayuda de Cuba al presidente Neto, pues esa acción impedía defender ante el congreso norteamericano su deseo de retirar el embargo.

En total fueron quince años de desgaste en aquella guerra; para la población angolana no significábamos otra cosa que una fuerza de ocupación. Como la araña Carlota, en mi casa dejaríamos en esos dos años en los cuales mi hermano permaneció distante, sino la vida, al menos parte de ella.

Ángel Santiesteban-Prats

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