Adulterio necesario

El territorio nacional cubano está saturado de sangre y de política. La historia ha marcado sus pautas con ellas como una condena que hemos tenido que padecer. Antes la llegada de los españoles, ya se vertía sangre por los enfrentamientos tribales. Desde que arribaron los del viejo continente, la mancha roja creció y cuando casi exterminaron a los nativos, trajeron a los africanos. Parecía insuperable tanto derramamiento. Se consideró haber llegado a los límites soportables, y lo peor era el desconocimiento de que aún faltaba mucho más.

Luego, a la llegada de la República, aparejado vino el gran invento, la política llegó a ser la chambelona a la que todos querían pasarle la lengua. A partir de entonces, en el siglo XX, la política marcó los derroteros. La sangre y la política fatalmente celebraron matrimonio. Los últimos cincuenta años llevaron los discursos ideológicos a la exacerbación. Cada día, desde el amanecer, nos llegaban las noticias manipuladas, luego continuaban en el matutino, antes de entrar a clases nos volvían a leer las mismas reseñas. Al medio día, mientras se almorzaba, todas las emisoras y los dos canales de televisión, emitían palabra por palabra, otra vez, los editoriales. En el horario de la tarde, antes de entrar a clases, en el vespertino, repasaban las arengas.

De regreso a casa, mientras comíamos, el noticiero estelar daba las consideraciones del pueblo sobre las alocuciones. A veces interrumpían la programación para dar alguna confidencia de última hora: algo así como el último razonamiento del día. Y entre programas, un pequeño noticiero: “En tres minutos”, que repetía lo mismo de las últimas veinticuatro horas. Una vez al mes, por cada CDR, hacían Círculos de Estudio para los adultos, y los niños para no quedar solos en casa, los acompañaban, sin comprender exactamente la intención de aquellas lecturas ideológicas. Permanecían mirando a los adultos fumar, y a través del humo verlos imaginar una vida mejor, o al menos, más digna, una apuesta a la esperanza. A la hora de dormir escuchábamos el último noticiero que cerraba la noche.

Se soñaba con todas aquellas noticias cocinadas por el día. Por lo general, en nuestros sueños caían bombas y junto a los padres combatíamos al enemigo. Así transcurrió la niñez. Luego nos llegó la adolescencia, la juventud y la adultez. Los abuelos, que eran los adultos de experiencia cuando nacimos, ya no están. Nuestros padres, también van dejando el terreno. Las esperanzas que ellos nos sembraron no han recogido fruto. La tierra del aliento es un campo devastado.

Ahora le temo a la vejez. Me avergüenza nacer y morir sin que las cosas hayan cambiado, salvo para empeorar. En la actualidad hay más noticias. Habría que sumar un programa diario en la tarde que dura dos horas, justo antes del noticiero, y por la noche lo retransmiten por otro canal. Y los domingos hacen un recuento de lo “mejor” de la semana. Por mucho tiempo, todos los sábados, en cada municipio del país, y en algunos se repitieron, se hizo la Tribuna Abierta Antiimperialista, más los actos políticos por conmemoración o respuesta por alguna provocación del enemigo. Sólo me pregunto, cuándo una pareja tan convulsa duró tanto. ¿Cuándo ocurrirá el divorció entre la sangre y la política?

Rezo porque entre este matrimonio surja un amante: el amor y la dignidad por la vida.

Ángel Santiesteban-Prats

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