Áreas de creación literaria

Ha emigrado el ochenta por ciento del grupo de aquellos escritores llamado Los novísimos. Pertenecen a la generación de los hijos que nadie quiso. Aún hay teorizantes que los critican y se preguntan el por qué de su “deserción”.

Una parte de quienes pertenecen a esa generación y aún permanecen en la isla, es cínica, se deja manipular, hace como que apoya, acepta, sobrevive a expensas de los viajes a Ferias del Libro en el extranjero. Les publican sin cuestionar la calidad literaria de sus textos. A los funcionarios culturales lo que les importa es que sea un escritor pasivo. Que narre sobre el cosmos (nada que afecte la estima o el sacrifico por haber logrado tener un cosmonauta, que dicen que fue elegido entre los posibles candidatos por ser negro, no por sus conocimientos, una decisión política, al que casi treinta años después aún nos preguntamos cuál fue su función allá arriba, el beneficio que aportó, que no haya sido el primero en América Latina en llegar a tal altura, el “Pelé sideral”); o escoger la temática marítima (no con temas de balseros ni sobre los graves problemas de nuestra escasa flota pesquera, y por ende, el poco suministro de productos del mar). Este intelectual pudiera recrear, por ejemplo, sus viajes en avión (por supuesto, fuera del espacio nacional y sin que ello implique crítica alguna a la aerolínea Cubana de Aviación). Tienen permiso para imaginar personajes que no cuestionen su realidad, sino el arte en las telarañas (siempre y cuando las escenas que represente no resulten alegóricas a la mente de los líderes o al mal funcionamiento de la maquinaria estatal). Por lo tanto, a cambio de comportarse acorde a los mejores lineamientos socialistas, o sea, del estado totalitario, estos escritores recibirán además de viajes al extranjero, medallas, homenajes, becas de creación y años sabáticos.

Al grupo que resta de los escritores novísimos, muy pequeña, sólo les ocupa escribir, y escribir mucho porque sus áreas de creación son infinitas y diariamente se le presentan ante sus narices, suficientes conflictos válidos para ser llevados a la literatura. No importa que lo marginen. Sólo les importa el acto mismo de la creación. La historia de la literatura lo confirma.

Siempre ha sido así.

Ángel Santiesteban-Prats

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