Inventario presidencial

Me pregunto constantemente qué hizo esta Isla para merecer tanto castigo, cuándo va a detenerse esta historia de sacrificios desde los tiempos de la conquista. Debo creerle a Rosita, mi vecina, que desde la hora del desayuno grita que este castigo es de Dios porque lo echamos a un lado en el cincuenta y nueve, para adorar a otro hombre como a él. Y así se mantiene repitiendo su cantaleta a la hora del almuerzo y la comida y antes de acostarse, cuando no tiene el vaso de leche que religiosamente se tomó por generaciones en su familia y ahora le exige su estómago. Pero nunca quise creerle eso porque entonces qué justificación tienen el hambre y la emigración que ha padecido esta Isla desde que Cristóbal Colón se asomó a ella.

Entonces habrá que cagarse en la madre de nuestros presidentes desde Guáimaro hasta nuestros días.

Ángel Santiesteban-Prats

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