Los extremos se dan la mano

Diariamente leo decenas de noticias de adentro y de afuera, y en lo único que coinciden es en que habrá un enfrentamiento bélico. Las voces más recalcitrantes que auguran, alientan y exigen un ataque norteamericano, son las cubanas que viven en el extranjero. Ahora son periodistas, estudiosos y escritores renombrados a quienes les gusta ver sus opiniones reflejadas en las noticias. Tomé esos nombres y fui a los lugares donde residieron en Cuba. Todas, unánimemente todas, habían chupado los beneficios de la revolución, fueron agregados culturales, militares, diplomáticos o sus geishas, milicianos, directores de periódicos y miembros del Partido Comunista Cubano; habían cumplido cabalmente con las tareas y requisitos que exigían sus CDR (Comité de Defensa de la Revolución). También supe que estuvieron pegados a la teta de la revolución todo el tiempo que se lo permitieron; pero cuando se les cayeron los viajes, los cargos, el poder, y la miseria tocó sus puertas, entonces llegó la desilusión, el cambio, la fuga.

Me pregunto qué hubiera sucedido con ellos si la teta de la revolución hubiera seguido disponible.
Nadie tuvo el coraje de Huber Matos que desde el principio, a solos unos meses del ascenso revolucionario al poder, hizo una carta y dimitió cuando su futuro prometía ser glorioso. Esa voluntad le costó permanecer todos los días de veinte años en las mazmorras de las cárceles cubanas y recibir humillaciones.

La lección la aprendieron muy bien los cubanos y cubanas que los sucedieron; esos que ahora, después de cumplir con la revolución hasta el último momento de abandonar el país, gritan porque se sienten a salvo de la represión que tendrían que enfrentar si aún permanecieran dentro. Esos, también olvidaron el miedo, los momentos que prefirieron bajar la cabeza antes que protestar aunque se supieran con la razón.
Sin embargo, ahora nos critican y alientan para que enfrentemos al régimen y sus consecuencias, y desde lejos nos envían listas para involucrar nuestros nombres, y si no lo hacemos nos tildan de cobardes; esos, también exigen un desenlace bélico para que ocurra el cambio y poder regresar.

En sus palabras no veo asomo de preocupación por la vida de mi hijo cuando las bombas que ellos exigen comiencen a caer sobre La Habana.

Ángel Santiesteban-Prats

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