Los muchachos se despiden

Aquellos escritores, cuya Literatura jamás cuestiona la gestión gubernamental, fueron hace una semana, en una delegación “todos estrellas”, a la Feria del Libro de Mazatlán, México.

Uno de ellos, que ve los viajes con la regla más pragmática del ajedrecista: se gana o en última instancia se logra tablas, titubeaba en asistir o no. Tal postura se traduce en que, si no puede conseguir algún dinero de viático o por la venta de libros para su beneficio, nunca sacrifica el poco dinero que tiene. Éste encontraba remota la posibilidad de adquirir algunos pesos, pues alguien le dijo que aquel festejo no iba más lejos que la feria de Las Tunas, sólo que, con luces y Coca Cola. Sin embargo, el propio día de la partida, a su madre se le rompió un zapato y, apremiado, voló al país vecino sin miramientos. Dios quiere que asista, me dijo, mientras guardaba un papel con la silueta de la plantilla.

Otro integrante, previendo lo mal que pudiera irle en esa ciudad, pidió una semana más de estancia en el Distrito Federal, para a como fuera revertir sus carencias habaneras. Un baño de capitalismo, de vez en vez, no viene mal, aseguró.

Alguno comentó que aceptó la invitación al país azteca para disfrutar de la tranquilidad de una alimentación adecuada, sábanas limpias a diario, la CNN, y agua caliente para ducharse. Con eso me siento como si me hubiera ganado el premio Nobel, o más que eso: campeón de los pesos completos, me dijo. No le importó que un amigo mexicano, dado a las letras, le aseverara vía correo electrónico que desconocía que en aquella ciudad organizaran una feria del libro.

Apenas llegaron al aeropuerto mexicano, se escuchó el alarido de los organizadores. Cuba había prometido correr con parte de los gastos. Tras pagar ellos el pasaje, infirieron que los escritores llegarían con el dinero del hospedaje. Nada tan ajeno a la verdad. Luego de una gestión del comité gestor, varios dueños de hoteles, siempre en aras de cooperar con la cultura de su ciudad, “brindaron” hospedaje gratuito a los cubanos.

No conformes con esto, dos días después de su llegada, los escritores cubanos nombraron un representante de la delegación para que exigiera su estipendio, mostrando a cuantos encontraron en su camino, la carta de invitación que aseguraba la entrega de un eximio peculio. Y lo lograron. Antes, uno de los organizadores comentó, que somos los únicos extranjeros que conoce incapaces de exigir en su casa lo que les toca o les prometen, pero eso sí, aptos para reclamar, a cualquier anfitrión, favores con escopeta.

Duele contarlo. Cuando me lo dijeron sentí pena ajena por ellos. Un sentimiento solidario emerge, al constatar tanta humillación. Preciso es confesarlo, en lo personal me alegra no formar parte del “todos estrellas”, como tampoco de ningún otro registro con valoraciones extraculturales, salvo las listas de los no oficialistas o la de insurrecto. Sin embargo, a ellos estoy unido, quiéranlo o no. Estamos unidos. No en vano integramos la generación de los hijos que nadie quiso.

Ángel Santiesteban-Prats

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s