Quien nace para escritor, del cielo le caen los funcionarios

La vicepresidentea de las Relaciones Internacionales del Instituto Cubano del Libro, Olga Lidia Triana, funcionaria a quien no conocía hasta ahora, y que por el partido o el sindicato, seguramente le asignaron responder mi artículo, “Los muchachos se despiden”, que publiqué en mi blog Los hijos que nadie quiso, ubicado en el sitio Encuentro en la Red, me ha convocado a responder.

Con gusto obviara su comentario, no hallo otra forma de llamarlo, entiendo que sólo ha cumplido su “tarea escolar”; pero algunos de sus calificativos resultan imposibles de pasar por alto. Dejo claro que no está en mi ánimo establecer con Olga Lidia Triana, como con nadie, ninguna de esas discusiones que prescinden de la sana polémica.

Esta señora me acusa de denunciar a un grupo de escritores cubanos porque su literatura jamás cuestiona “la gestión gubernamental”. Su afirmación es incierta. No los denuncio, los describo, como parte intrínseca que son de mi generación. Al margen del empleo -acertado o no según quien enjuicie- de eso que llamé gestión gubernamental, a varios de los escritores que integraron la delegación a Mazatlán los identifica una literatura caracterizada, por lo general, por su ausencia de crítica a la realidad cubana. Eso no los hace peores escritores ni tampoco peores personas. Varios de ellos cuentan con una obra considerable en extensión y calidad, que ya tiene su lugar en la historia de la literatura cubana. Varios de ellos se cuentan entre mis inalterables amigos.

Ahora bien, ¿pudiera alguien negar que los escritores con esas características son, por regla general, los preferidos a la hora de integrar las delegaciones a los diversos eventos culturales celebrados en el exterior? ¿No es cierto acaso que quienes presentamos con mayor nitidez en nuestra obra la cara fea de nuestras realidades, con frecuencia no estamos entre los favorecidos a la hora de integrar delegaciones y jurados? Y aclaro: no me motivó a escribir el artículo la búsqueda de ningún viaje personal, todos sabemos que hacer mi escrito aleja más esa posibilidad y mi despido rotundo, pero no de la literatura, como usted, mal intencionada, dice, sino de los oficiales espacios de la cultura.

Al leer el mencionado comentario me pregunto: ¿En qué párrafo de mi artículo afirmé que a estos escritores se les exigió alguna declaración política o fueron o se dejaron, manipular? ¿A cuál escritor ataqué? ¿Dónde en mi artículo aparece alguna exigencia a estos escritores acerca del tipo de literatura que deben hacer? ¿Dónde abogué por esa “especie de realismo antisocialista” al cual se refiere esta funcionaria? ¿Acaso pretende, desviando la intención de mi artículo, convertirme en antagonista de mis colegas y amigos?

¿Quién le dijo a Olga Lidia Triana que me siento excluido? Tengo buena memoria y recuerdo muy bien los espacios a que he accedido como escritor, pero tampoco olvido los que nos han sido negados a otros y a mí. Eso sí, me considero un escritor censurado, no bien visto por determinados funcionarios de la cultura cubana. Y tengo pruebas de ello.

Hasta aquí todo podría soportarse. Sin embargo, la Vicepresidenta para las Relaciones Internacionales del Instituto Cubano del Libro me obliga a hacer historia. Antes de “colgar” el blog en Encuentro en la Red, solicité un espacio digital a ese mismo Instituto que ella representa, para hacerlo en su sitio web. Luego de que me preguntaran qué temáticas iba a tratar, recibí la negativa por respuesta. Esa publicación, desde la cual Olga Lidia Triana imagina que lanzo ataques “contra nuestros escritores”, me permitió ubicar mi blog en su sitio, sin preguntarme nada, sin exigirme nada, y por supuesto, sin pagarme absolutamente nada. Imagino que de igual forma haya obrado con los no pocos escritores e intelectuales cubanos, varios de ellos de renombre, que colaboran y han publicado en ella. ¿O resulta que es sólo a mí a quien esa revista pudiera haber planteado determinadas exigencias? ¿Cuál es mi comportamiento mercenario entonces? ¿Por qué me acusa? ¿Qué pruebas tiene de que lo sea? Sin embargo, usted sí cobra un salario por la función que incumple.
Usted me juzga y mal califica y, no bastándole, sentencia que me despido de la ética y de la literatura, desde su trono oficialista. Lo hace sin desentrañar la esencia de mi artículo que no ha entendido (o no ha querido entender), y que ahora le aclaro: atendiendo a una realidad, exagerándola tal vez, critico que algunos de nuestros escritores, hayan viajado a un evento al exterior sin la atención, el sostén y las garantías que me parecen necesarias por parte del organismo responsable de ello. Lo que usted en su comentario, jamás reconoce.

Puedo estar equivocado o no. Nadie es infalible. En todo caso, ésa es mi opinión. ¿Acaso no tengo derecho a expresarla?

Ángel Santiesteban-PratsInstituto

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