Quinquenio gris por siempre

La Habana, 9 de Abril de 2009

Año del 50 Aniversario del Triunfo de la Revolución

A: Angel Santiesteban: (Interrupción del Servicio de Correo Electrónico).

Hemos detectado que Ud. ha incumplido con lo establecido en el Código de Etica de la Red CUBARTE y en la Resolución 127/2007 del Ministerio de Informática y las Comunicaciones, que pone en vigor el Reglamento de Seguridad para las Tecnologías de Información en nuestro país. El contrato que Ud. tiene firmado con nuestro centro señala como la primera Obligación del CLIENTE la siguiente:

– Cumplir con el código de ética

Tal y como recogen nuestros contratos de prestación de servicios de comunicación, el incumplimiento de lo acordado en las cláusulas del mismo producirá la suspensión del servicio, por lo que en un plazo de 24 horas procederemos a interrumpir el mismo.

Saludos

Rafael de la Osa Díaz
Director CUBARTE

—– Original Message —–

From:Rafael de la Osa Diaz

To:Angel Santiesteban

Sent: Thursday, April 09, 2009 5:40 PM

Subject: Interrupción del Servicio de Correo Electrónico

Director Rafael de la Osa Díaz, usted cumpla con su código de “ética”. Yo cumpliré con el mío. Ya nada me sorprende si viene de ustedes. Lo único que me gustaría, para curiosidad mía, es que usted, como director y especialista, me informe cuáles han sido las violaciones.

Saludos, Ángel Santiesteban Prats (escritor).

La realidad disfrazada

Somos los hijos que de una forma u otra, rechazan, esquilman, adoctrinan, uniforman, manipulan, fuimos enviados a guerras lejanas. Nos han cerrado las puertas, salvo una que ha permanecido entreabierta y ofrece la “salvación”: el mar, el exilio.

Para protegernos mutamos. Hemos sido mentirosos, luego cínicos, en ocasiones ladrones de algunas docenas de hojas para poder imprimir nuestros textos, presillas, cintas de máquinas, cuando en aquella época nos parecía de ciencia ficción poseer una computadora…, a muchos, aún hoy, les puede continuar pareciendo una posibilidad lejana.

Ibrahim Doblado es un anciano escritor que vive en la Isla de Turiguanó, tienes varios libros publicados, otros inéditos. Escribe en las madrugadas gracias a la generosidad de un custodio que le abre las oficinas que debiera proteger, pues aprovecha el insomnio del viejo escritor, para dormir.

Pero Ibrahim no es de interés político. No es útil. ¿A quién le puede interesar lo que diga o deje de pronunciar un viejo escritor que nadie tiene en cuenta y catalogan de loco impertinente? Los funcionarios no podrían entregarle una computadora, como han hecho con muchos jóvenes, a cambio de que ataquen obras literarias que no sean afectivas con la política gubernamental, o a colegas que difieran de la postura oficial. Tienen que embestir contra criterios que expongan la realidad cubana y brinden una imagen negativa del sistema. Tampoco es digno de ser incluido en una delegación para que represente a su país, porque no está comprometido, no responderá a ninguna presión institucional por la crítica que haga otro escritor, de la pésima gestión del Instituto Cubano del Libro.

A esos escritores que aceptaron la computadora para defender el sistema, les publicarán y darán acceso a internet, con ahínco deberán estudiar los blog y hacer ataques a los que han osados violar las fronteras y se han convertidos en internautas libres, cimarrones del espacio. Esos literatos sin ideologías, pagan el precio de ser considerados como “artistas”, mientras, entretienen a los funcionarios con textos de circo para justificar y cobrar su paga. Un juego a lo Penélope que los burócratas conocen y aceptan.

Un amigo vino a casa a pedirme ayuda, necesita algún artículo mío publicado en la revista Encuentro de la Cultura Cubana, para hacer una respuesta. Me brindé para ayudar a confeccionarla. Quiero que mi amigo tenga su ordenador. Otra forma de obtenerlo no tiene a su alcance.

Mi amigo se fue y nunca me preguntó si me dolería su “ataque”. Los amigos se inventaron para los momentos difíciles, le dije antes que se cuestionara mi reacción. Nunca me hubiera negado, aunque me duela desde el mismo instante en que lo supe.

A veces los amigos se agarran a la luna, despegan, elevan, separan los pies de la realidad. Y el deber de la amistad es el de abrazarse a sus tobillos y halar, sostener. Bajarlo y ayudar a que se le hagan posibles sus sueños, aunque a veces duela como si nos arrancaran una extremidad del cuerpo.

Y al final nos cueste un pedazo de amor.

Ángel Santiesteban-Prats

Una respuesta necesaria

Anoche alguien me preguntó si me pesaba haber escrito el blog sobre los escritores que fueron a la Feria del Libro en Mazatlán. Seguramente pensando en mi “Interrupción de Servicio de Correo Electrónico”, el seguro ostracismo literario, y mi inxilio cultural. La respuesta salió con el primer pensamiento: NO, le respondí, si volviera al principio lo haría otra vez. Sin creerme el abogado de los escritores ni el defensor de las causas justas, si me dijeran nuevamente que un grupo de escritores a su llegada a una ciudad ajena, enviado por el Instituto Cubano del Libro u otra entidad, no son bien recibido porque llegaron sin el dinero para hospedarse, como se había acordado entre las partes organizadoras; si a partir de ese desconcierto hay que hacer llamadas para gestionar la ayuda de los dueños de los hoteles para que los reciban como los hijos de nadie que son; si luego, cuando están en el restaurante, vienen a cobrarles y ellos, sorprendidos y avergonzados ante los otros huéspedes, explican que son “invitados de la Feria”, y les responden que los mismos organizadores dieron la orden de que pagasen la alimentación; y si cuando argumentan que seguramente hay una equivocación, les aseguran que no, de hecho, les informan que la persona sentada en la mesa contigua es uno de los organizadores y encargado de ventilar esos asuntos, y éste ni siquiera los saluda por el malestar que aún conserva, y ha sido quien impartió a los camareros la orden de cobrar; si los escritores cubanos tuvieran la necesidad de ir a las oficinas de la Feria y esclarecer el asunto, y a su llegada los recibiera el mismo hombre que recordaban en la mesa contigua, y le explicaran que no tenían dinero para costear los alimentos; y si el organizador pusiera rostro de “qué haré con ellos”, y finalmente no encuentra otra alternativa que pagarles también la alimentación. Pero por si fuera poco, además, los cubanos reclamaran un viático, porque es la única oportunidad de volver a casa con algo en los bolsillos, y los organizadores crisparan los dedos como si esto fuera la gota que colmara la copa de lo que tendrían que enfrentar, y afirmaran que son los únicos extranjeros incapaces de exigir en su casa lo que les toca o les prometen, pero eso sí, dispuestos a reclamar, a cualquier anfitrión, favores con escopeta: Si ocurrieran otra vez esos maltratos contra cualquier artista, con seguridad volvería a levantar mi voz para reclamar lo que les pertenece. Es mi deseo de que en su próxima salida internacional, sean tratados con respeto y consideración, para que representen dignamente su literatura, que siento mía también.

Y no importa que algunos se olviden del decoro, y todo por la desesperación de continuar viajando, como “alguien” que ya probó los privilegios que otorgan por asumir un papel tan miserable, como el de atacar al grupo de escritores de Bogotá 39 que estuvieron de visita en Cuba, en particular a la escritora cubana Wendy Guerra, a quien dedicó un texto tan desdeñable, y que no ocultara su envidia por no formar parte de esos 39 escritores, cuando pregunta quién y cómo los escogieron. Y que ninguna funcionaria respondió por su denuncia o falta de ética ante una colega. Este escritor Desleal, que se cansó de continuar en la nada sin que las autoridades lo tuvieran en cuenta, y que sólo con su tercer texto, todos atacando a otros escritores, en el que intenta defender lo indefendible, se ha convertido en un “delfín” del Instituto Cubano del Libro; quien rápidamente, ha comenzado a formar parte de las delegaciones culturales; también es autor de otro texto lamentable de hace un par de años, donde al final, se podía entrever que todo no era más que su protesta ante el olvido de su persona y su obra; y tampoco ninguna institución ni colega respondiera por sus palabras injuriosas y de ataque personal a otro escritor. Y cuando le preguntara la razón me dijo que lo hizo porque deseaba mover las estructuras, el pensamiento intelectual, lograr textos que eran comunes en gremios artísticos de otros países. Pero es evidente que ya el Desleal encontró el camino. Y de todas formas lo entiendo… Adelante, corred, que si yo pensara con el estómago, haría lo mismo: marcar con la oficialidad, como una forma de dejar bien claro que pueden continuar contando con él para sus viajes, en cualquier circunstancia.

En el año 2002, la única vez que he viajado con dinero del Estado Cubano, tras haber obtenido el premio Alejo Carpentier con el libro Los hijos que nadie quiso (lo que siguen haciendo con los premiados todos los años), a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en la presentación del libro, un lector desde el público me preguntó si le debía algo a la revolución. Delante de mí estaba la plana mayor de la cultura: responder con honestidad era un suicidio. Pero ¿cómo iba a poder dormir después? Y dije que no le agradecía nada a la revolución. Desde entonces, engrosé la lista negra de los mal queridos.

Y como señalé al conversar vía telefónica con el notable escritor Julio Travieso: sólo por la respuesta que me dirigió conocí que él había visitado el Distrito Federal. Creí en mi primer texto, al titularlo: “Los muchachos se despiden”, haber dejado claro que mi problema es con mi generación, como lo digo al final de mi mensaje. Por si quedara alguna duda, intenté ser más explícito en la respuesta a la funcionaria del ICL. Pero ninguno de los dos textos bastó.

Como me dijera JT, sentía que sin razón, quedó entre dos fuegos. De todas formas, su voz siempre será importante, y que conste, que él fue el único invitado por los organizadores de la Feria con todos los gastos pagos porque había obtenido hace algunos años el premio literario de Mazatlán. Le expliqué, por supuesto, que no es ningún delito ir a otro país y comprar jabón, ropa, zapatos, u otros artículos. Pero no hay que ponerse espejuelos para ver que detrás de esas palabras hay una verdad mayor. ¿Por qué un intelectual, o cubano en general, tiene que esperar ir a otro país para tener la oportunidad de resolver sus problemas y carencias más inmediatos? A pesar de todo, me parece que el dejarse humillar para poder volver a casa con las maletas llenas, es un precio demasiado alto.

Y no se piense que rechazo la actuación de otras generaciones. Sólo que me ocupo de la mía. En definitiva ya sé que cada cual hizo o hace lo que pudo o puede. O lo que le permiten hacer y lo acepta o lo refuta. Esa es la cuestión.

Ángel Santiesteban-Prats

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