La Re-evolución silenciosa

Muchos amigos me han escrito preguntándome por qué demoran mis post cuando la realidad cubana siempre convulsa, para desgracia nuestra, requiere de una atención directa y constante. Los amigos más cercanos me exigen el compromiso para con los lectores. Otros, la mayoría desconocidos, me han abordado en la calle para decirme que están al tanto de mi blog y que extrañan nuevos escritos.

Al leer los correos o escuchar las palabras no he podido dejar de sentir cierta irresponsabilidad y, a la vez, un infinito placer, pues que me exijan mi criterio es síntoma de que se recupera la salud social que tanto ha adolecido nuestra sociedad, en cuanto a la necesidad de información y su búsqueda a como de lugar.

Algo está cambiando en la mentes de los cubanos, quizá porque hemos comenzado a perder el miedo, otros porque se les ha caído la venda que los cegaba. Saben que los engañaron. En estos momentos no queda nada de lo que tanto prometieron a cambio del sacrificio de varias generaciones. Sus vidas han sido timadas, y lo único que les queda es buscar la verdad, luego decirla a los cercanos, porque necesitan, les urge compartirla y sentir el alivio que brinda hacerlo. Saber la verdad es como un virus que después de un período de incubación recorre nuestro cuerpo y, al instante de coparlo, contagia.

Le debo explicación a los lectores: mi labor como escritor, por estos tiempos, me mantiene a tiempo completo y no creo poder escribir toda la literatura que, por salir de mi interior, patea con rabia porque es su momento de nacer. He terminado dos libros de cuentos, comencé una novela y, a medio camino, di paso a otra que casi termino. Preparo una antología de mis cuentos para ser publicada en Europa. Una editora me pide una novela de género negro que por divertimento escribí hace varios años y no había vuelto a mirar, y que he retomado por estos días.

También he asistido a las citaciones periódicas que me hacen las autoridades policiales del país. Ya no he recibido nuevas denuncias después de aquellas donde me acusan de “violador”, “asaltante”, “ladrón”, “presunto homicida”, “amenazar a un desconocido”, “atropellar en mi auto a un menor”, etc, sin que aparezcan víctimas ni testigos; en resumen, que los años de petición de la Fiscalía por estos supuestos delitos sobrepasan los cincuenta.

Como ya escribí en un post pasado, después que presenté un video oculto de una entrevista donde un supuesto “testigo”, que nunca llegó a declarar en mi contra, confiesa las presiones y ofrecimientos que le hicieron para que aceptara desacreditarme, no han continuado con esa línea de chantaje gubernamental.

Ahora hay una nueva variante. Me han citado al Hospital Psiquiátrico de La Habana (Mazorra), donde me hacen escribir, trazar dibujitos, responder preguntas de los médicos que en secreto me aseguran que les gustan mis libros. De cierta manera, no queda más remedio que disfrutar, sé que de alguna manera debo acopiar esa experiencia, y es un post que debo escribir, pues busqué el pabellón donde el año pasado asesinaron a los ancianos al dejarlos desprotegidos.

A este tiempo súmenle mis obligaciones a una institución fraternal a la que pertenezco desde hace veintitrés años y que amo con pasión, donde ocupo cargos de importancia. Agregar que, debido a un accidente, he perdido la falange de un dedo. Pero todo ya está bien, lo que resta del dedo escribe. De todas formas, he perdido otros pedazos espirituales que me eran más importantes.

Pero nada resulta agobiante cuando pienso que “algo está cambiando”, estoy seguro que esa es la salvación de nuestro país. Se trata de una “re-evolución” silenciosa, una insubordinación en la mente de las personas que los lleva a determinaciones impostergables.

Por estos días escribo los post que les debo, es mi deber, porque “algo está cambiando” en la población cubana, y es para bien.

Ángel Santiesteban-Prats

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