Realidad y pasado III

Entre el pasado impuesto en imágenes y el presente vívido, supimos que de alguna forma, también los tiempos se repetían… No tuvimos Camarioca, no estábamos allí; pero en cambio presenciamos la estampida por Mariel y la del 94 de los hijos que nadie quiso. Tampoco éramos parte de la población que tumbó el águila del monumento al Maine, ni cómo quitaron a algunos próceres de la independencia que alguien catalogó de traidores; pero sí vimos por televisión cómo en Europa fueron destruidas las estatuas de Lenin y de tantos otros que nos obligaron a adorar.

No estábamos cuando los rebeldes entraron a La Habana, el pueblo corriendo delirante alrededor de los tanques, con los brazos extendidos tratando de rozar a los héroes. Pero sí observamos a los que corrieron detrás de los camiones con los brazos abiertos para tocar, quizá por última vez, a sus hijos, esposos y hermanos que subidos sobre los camiones partían asustados, abrazados a las balsas que los llevarían al otro lado, la línea divisoria de dos sistemas políticos irreconciliables.

Tampoco pudimos estar en Girón, ni ver aviones derribados, ni el humo ni los presos que luego fueron cambiados por compotas para los niños. Pero tuvimos Etiopía y Angola y recibimos a nuestros muertos, más hijos que nadie quiso, amigos del barrio que hoy cuelgan en el mural de los “mártires”, daños colaterales que nadie menciona y apenan recuerdan.

Ángel Santiesteban-Prats

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