Realidad y pasado IV

No fuimos testigos de la explosión de La Coubre. Aunque sí estábamos, quizá recién nacidos, cuando un avión lleno de jóvenes esgrimistas fue sepultado en el mar, lo único que habían hecho era traer casi todas las medallas del campeonato en el pecho, y crecimos escuchando año tras año, las últimas voces alarmadas de los pilotos antes de estrellarse. Y también supimos de las avionetas de los Hermanos al Rescate que luego de lanzarnos algunas octavillas y hacer varias piruetas en el aire, fueron derribadas por aviones Mig 23.

Por la televisión mostraron a estudiantes embestidos por tanques cisternas, y que arrastrados por los chorros de agua, corrían por la calle San Lázaro clamando por la Revolución; pero a semejanza hubo un 5 de agosto, y muchos jóvenes desilusionados y a la vez llenos de esperanzas, formando parte de la generación de los hijos que nadie quiso, corrían por las calles, cansados de la Revolución y se robaban las lanchas, los remolcadores y los aviones.

Nos emocionó ver por la televisión a los jóvenes que se lanzaron a interrumpir el juego de pelota en el Estadio Latinoamericano con un cartel de: Abajo Batista. Tan parecido a aquel joven que interrumpió un juego en la Ciudad Deportiva, y en plena televisión, alzando un cartel para exigir democracia.

Por la orilla de la Universidad aún se conservan los carteles de: “Abajo la dictadura”. Por mi barrio aparece diariamente pintado en las paredes: “Abajo el socialismo”.

Ángel Santiesteban-Prats

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