Zelaya o Celaje

Según el diccionario, lo recoge como “fantasmagoría de figura humana” “cielo cubierto de nubes sutiles y coloridas”, “indicio”, “asomo”. En principio estoy contra todo ejercicio de la fuerza. De imposiciones. Y para ser sincero, creo que los cubanos conocíamos poco del depuesto presidente hondureño hasta que lo expulsaron de su país. Por no simpatizar con ninguno de los lados, me surgió la necesidad de escribir lo que pienso al respecto.

El Congreso es quien gobierna un país. Un presidente no puede ir por encima del Parlamento, ello garantiza la equidad, la justicia. El destituido presidente se proponía hacerlo. Por una parte pienso que la consulta era válida, por otro lado, violaba las leyes del Estado y que el propio Presidente es el encargado de velar por ellas. Lo primero que tenía que ganar era que las cámaras le aprobaran el plebiscito; pero el que privaron de la presidencia estaba apurado, confiado, algo que ya me hace dudar de sus supuestas luces largas que necesita todo gobernante de pueblos. Supongo que la ley haya sido creada precisamente para impedir a los caudillos, los que piensan que sólo ellos pueden hacer marchar un país, aunque no importe si se avance o retroceda.

Lo primero que me indignó fue todo aquel teatro de sobrevolar por encima del aeropuerto (imagen que nunca aparecieron dentro del avión), mientras los francotiradores practicaban el tiro reventando las cabezas de los manifestantes, como si fueran melones, para ese entonces, el destituido gobernante, iba en retirada, y se le escuchó decir con voz amarga, que él se quedó esperando que el pueblo se lanzara hacia la pista de aterrizaje. Con seguridad, si eso era lo que esperaba, entonces su ánimo jamás era el de aterrizar porque los cuerpos masacrados iban a impedir que la nave tocase el suelo.

Según fueron pasando los días, la noticia se convirtió en fiambre, de lo trágico, como siempre hacemos, pasó al chiste callejero del cubano, cuando el destronado advertía que volvería por la frontera, y antes de llegar, ya culpaba al Jefe del Ejército de su muerte, e incitaba al pueblo a que le hicieran un “apoteósico recibimiento”; en otras palabras, infiero que volvía a pedir la sangre de su pueblo para regresar al poder. Me parece que si sucede, lo lógico es que luego no pueda sobrevivir a su conciencia.

En Cuba cuando alguien tiene miedo le aconsejan que se compre un perro.

Ángel Santiesteban-Prats

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