El Arte contra discursos y promesas políticas

Hace unas semanas escribí una respuesta, sobre un ingenuo comentario en mi blog que firmaron bajo el nombre de “Lori”, en la que le recomendaba lo siguiente:

“Es mi deseo que se instruya, lea los libros de los escritores que han tenido que abandonar mi país. Lea a los blogueros de Vocesdecuba.com, venga a Cuba y bájese del ómnibus, recorra las calles adyacentes. Aléjese del guía de turismo y busque sus propios interlocutores, aquellos que no tienen un discurso aprendido que les sirve de coraza para no ser perseguidos. No se quede en la piscina del hotel, camine por el malecón y entérese de la realidad cubana. No pierda su tiempo con los espectáculos del hotel. Vaya al teatro, podrá ver los dilemas que enfrenta la sociedad actual. No compre sólo música tradicional, que le recomiendo, sino también aquella música que no tiene promoción, y que sus canciones son pasadas, gracias al Bluetooth, de celular en celular”.

Esta tarde he recordado a los muchos “Lori” que se esconden detrás de un sobrenombre, ya sea por ingenuidad, oportunismo o porque en realidad son soldados cibernéticos al servicio del Estado cubano. Los invoqué mientras asistía al Centro Cultural Bertolt Brecht para la puesta en escena de Vital-Teatro, Cuatro Menos, del dramaturgo Amado del Pino, y que alcanzara el Premio Internacional Carlos Arniches (2008) en España.

Cuando el Director General Alejandro Palomino dijo hágase la luz sobre el escenario, en los lados opuestos aparecieron dos pequeñas y humildes habitaciones. En el centro, un banco de parque, de esos que están repartidos por toda la Isla y donde los cubanos aún echan a volar, increíblemente y con esa vocación empecinada, los sueños y las esperanzas de alcanzar una vida digna.

La obra, intensa desde el comienzo, que va in crescendo a partir de que la historia respira y toma cuerpo, y que bien, sin que fuera manido, podría titularse El síndrome del nido vacío, nos propone un viaje a través de los destinos de una familia. Generaciones que abrigan ilusiones diferentes y encontradas. Andrés, el típico Padre maduro, devenido dirigente y tronado, expulsado del Partido Comunista, el frecuente personaje tozudo y honesto que necesita a pesar de todo continuar aferrado a las utopías, a las promesas que se difuminaron como nubes, que persiste en la ceguera ante los nuevos tiempos y los cambios que se imponen para una sociedad carente de las necesidades más objetivas, aunque sobreviva en una realidad miserable, donde el miedo, el oportunismo, el rencor y el abuso a los derechos sexuales convergen en un entorno que no ayuda a sanar las heridas.

Tamara: ¿Y ella te corresponde? ¿Es que los que administran te quieren a ti? Mira, lo peor es que no hay lugar ni para un tipo tan romántico como tú, que tienes de revolucionario. (Deletrea, enfatiza) Re-vo-lu-cio-nar, no repetir la misma letanía…

Ania, la hija de Andrés, que por ser menor de edad necesita su firma para emigrar y definitivamente dejar atrás su hogar, un país que se derrumba sin atenuar sus impuestas condiciones de extremismo, a las cuales su generación no acepta ni entiende ni considera que le corresponde; y que la madre, la ex esposa, le ruega que no acceda, que no permita que se vaya.

Ania: No soporto más discursos, papá.

Tamara: …y a este paso ¡seremos el asilo de América!

Pollo: Tenía un profesor que decía que a los jóvenes había que cederle el paso. No por la bondad sino porque si no te quitas de en medio, te tumban al suelo y te pasan por arriba.

Tamara: …este es el único país en que la gente no se retira, en que nombran a ministros a los setenta y pico de años. Si no existe la jubilación, todo se va confundiendo y llegas a los cuarenta recibiendo tratamiento de joven promesa, de tierna certeza del mañana.

Andrés: Nos hemos vuelto una gran agencia matrimonial. Aquí los “desacoplados” europeos encuentran pareja sana, culta, entusiasta y hasta apasionada. ¡Todo un jineterismo nupcial!

Agréguele que existe en Andrés el antecedente de su matrimonio anterior, su hijo Saúl, al que por no darle la autorización legal de abandonar el país, lo separó de la madre que decidió dejarlo bajo custodia de la abuela, y por lo que su conciencia lo hace culpable.

Saúl: …Nunca supe si te negaste a firmar por protegerme o por no buscarte un problema y esa duda ha sido lo peor de todo este tiempo.

Andrés: Ahora sería el momento de contestarte pero no tengo respuesta. Tampoco yo lo sé; se me mezclaron las convicciones, miedo…

Saúl: No sigas buscando respuestas, papá. Tampoco son imprescindibles. Quiero aprender a vivir sin preguntar tanto.

Como si no fuera suficiente conflicto, Tamara, la actual esposa de Andrés, quince años más joven que él, espera el primer hijo y ha recibido una propuesta de trabajo en el exterior con la posibilidad de que él la acompañe, y a la cual éste se niega por considerar el hecho de salir una traición, y también por la vergüenza que siente ante su hijo Saúl al que separó de su madre y el que, después de todo, ha tenido la oportunidad de emigrar, porque trabaja en un crucero, pero siempre regresa.

Tamara: ¿Qué le ofreces a tu próximo hijo? ¡Acaso le niegas la posibilidad de una vida mejor!

Todos los pro y los contra de una vida vista desde diferentes ángulos y opciones, acompañadas de ese humor característico que Amado del Pino impone en sus obras, y que nos parece estarlo escuchando, un juego mental de simpatía que contagia con breves chispazos de cubanía.

Pollo, un amigo gay y compañero de trabajo de Andrés que se niega aceptarle el carné de Militante del Partido a los mismos que antes lo recriminaron por la valentía y honestidad de convivir con su pareja.

Pollo: …Ahora está de moda que nos salven, nos reivindiquen, nos arropen, pero tampoco me voy a montar –con lo viejo que estoy– en ese carro “triunfal”. La jefa me llamó el lunes para decirme que me propusieron entrar al Partido, ahora… Si ese carné significa ser de la vanguardia, habría que habérmelo dado hace mucho…

Andrés está discutiendo la tesis de Doctorado, que ha sido rechazada por ser un estudio donde descubre el bajo porcentaje de natalidad del país, al considerar que la juventud emigra en el momento natural de procreación, y que le da título a la obra por la nota académica que alcanza.

Tamara: …condenar al que sale o se va es otro achaque de mierda. Algunos hacen más daño con no moverse. Mi tío ve todas las tardes la mesa redonda y se cree el ciento uno por ciento de lo que dicen en la televisión, pero se viste, come y arregla su casa con lo que mandan mis primas que se fueron. Yo sé que no es un descarado, que sigue creyendo de verdad en sus ideas, pero le parece que hace bastante con seguir queriéndolas, con levantar el teléfono y aceptar que no son unas traidoras. Y eso porque estamos en el siglo XXI, porque a su hermana menor la enterró en vida cuando salió para Puerto Rico…

Andrés: Yo sufro con los defectos de esta Revolución precisamente porque es la mía.

Tamara: Eso es lo peor de tu tesis.

Andrés: Si los jóvenes se van ¿con quién trabajamos? ¿A quién convencemos?

Momento de mayor angustia cuando Andrés acompaña a la hija al aeropuerto, y ella canta una estrofa de Fragancia… Luego aquel sonido de avión que toma vuelo hasta alejarse y una luz que se apaga y deja a oscura el escenario.

El público reprime y traga sus lágrimas porque la mayoría sufrimos una separación parecida.

Le sigue una luz tenue que resurge como un parto de amanecer.

Andrés: Me cago en la madre de quien inventó el avión –sentencia agónica porque el retumbo de los motores no se apaga en sus oídos.

Tema de canción final: “Pensamiento”: Pensamiento, dile a Fragancia que yo la quiero, que no la puedo olvidar, que ella vive en mi alma, anda dile así… dile que pienso en ella, aunque no piense en mí.

A veces tenemos la duda de si la vida escapa del teatro, de las novelas, conflictos que nos inventamos los escritores y que echamos a las calles como virus que luego mutan, se adaptan al medio para lograr mayor daño. ¿En qué medida con nuestro Arte incidimos en los tiempos, en el contexto real de la vida social? ¿Y en qué medida podemos prevenir a próximas generaciones para que no puedan ser engañados como nosotros?

Deseo felicitar al dramaturgo Amado del Pino por contribuir a difundir con el Arte las penurias del pueblo cubano, que son las propias. Una realidad tan viva y cubana por estos días, como las palmas reales. Una denuncia de los conflictos sociales de la Cuba actual que atañe al sentimiento humano, independientemente de su lugar de origen, su idioma y latitud geográfica. Un lienzo perfecto que propaga, como rayos de luz a los confines oscuros y desconocidos, con la técnica y los colores precisos del Arte a plenitud.

Pude contar las butacas ocupadas y sumaban 484, y por no haber más, se utilizaron los peldaños de las escaleras y algunas sillas por los bordes del escenario. Afuera quedaron, como desde hace varias semanas, dos veces esa cantidad de espectadores, quienes acogieron con beneplácito la noticia que se alargaba la temporada hasta el 23 de octubre.
Desearía que las comunidades cubanas dispersas por el mundo puedan disfrutar de esta obra, invitando al grupo Vital-Teatro a Ferias del Libro y Festivales de Teatro, o adaptando la puesta por artistas residentes de otras ciudades. El cómo no es importante. Lo urgente es difundir la obra para lograr una mayor comprensión, por otros espectadores, de una realidad nacional que nos condena por más de cincuenta años.

Y parafraseando un texto de la obra, quisiera recordar que cincuenta años es dos veces veinticinco. Es cinco veces diez. Significan diez múltiplos de a cinco. El cincuenta por ciento de un siglo. La vida plena de un hombre. Un tiempo y espacio donde convergen tres o cuatro generaciones, y que la más avanzada no ha podido mejorar el destino de la última, en la que coinciden los miedos y desaparece el cabello y surgen las arrugas y surcos en los rostros gastados por las lágrimas de ver partir a nuestros hijos, hermanos y amigos. Varias descendencias que enfrentan el mismo abismo. Pierden la dentadura y las ilusiones. Siempre hemos sido “cuatro menos”, hasta llegar a cientos menos, miles y millones menos que andan dispersos por el planeta y que sus espacios aguardan por ellos en esta Isla de todos.
Ya es hora del regreso. De retomar las riendas de un país desbocado. Ser capaces de sembrar esperanzas en una tierra que desconoce esa cosecha, para que finalmente sirva de gratitud a todos aquellos que, en los últimos doscientos años, han ofrendado su vida por la nacionalidad cubana, libre y auténtica. Eso le debemos a ellos que supieron morir por nosotros, sin que hayamos ganado por derecho propio un minuto de esta amarga agonía.

¡Que en gloria estén!

Ángel Santiesteban-Prats

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