“Ellos gobiernan porque tú obedeces”

Hace unos días pude leer por facebook esta frase que escogí como título, y que de fondo llevaba fotos de Fidel y Raúl Castro, los hermanos que tiránicamente han gobernado a Cuba por más de cincuenta años.

Es cierto, esos dictadores gobiernan porque los cubanos que están dentro de la isla obedecemos, porque al enfrentarlos se teme perder la vida; sabemos que nos esperan hordas de sádicos mercenarios con ametralladoras y tanques de guerra que sin misericordia pasarán por encima de nuestros cuerpos. Cierto también y además doloroso es que quienes lo hacían público, eran otros cubanos cuya única rebeldía fue abandonar el territorio nacional. Es como si hubieran olvidado sus sufrimientos y sus miedos, como si no recordaran su pasado.

Me parece injusto que aquellos que aseguraron sus vidas poniendo distancia geográfica de por medio, ahora nos empujen a tomar decisiones que podría causar la muerte o largas prisiones, como bien conocen los cubanos, a los que se atrevan a desafiar a los hermanos Castro. Es deshonesto que después de poner mar por medio, ahora exijan actitudes que ellos no estuvieron dispuestos a asumir.

En otras ocasiones he dicho que, por lo general aquellos que han emigrado, a los que apoyo incondicionalmente por haber tomado esa decisión, cumplieron disciplinadamente hasta el último instante con todas las leyes y exigencias del régimen. La mayoría no renunció a ser parte de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR), ni a la CTC, o las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), con inteligencia hicieron mutis para no llamar la atención a las autoridades y que les fuera concedida la “Tarjeta Blanca” -la aprobación de salida del país-, acción que no critico, ni vería bien que alguien hiciera lo contrario. Pero por esas mismas razones, no me parece humano ni justo que ahora pidan inmolaciones a los que, como ellos, tienen los mismos deseos y necesidades de sobrevivir al sistema totalitario que impera en el archipiélago cubano.

Como también es cierto que si todos nos hubiéramos quedado aquí dentro, el país ya habría reventado como una olla por la presión del pavor, en una revuelta popular librándonos de estos dictadores que padecemos desde hace tanto tiempo. Alguien diría la frase popular: es fácil empujar sin darse golpes.

Llegar a tales conclusiones resulta ofensivo, porque humillar a cualquiera de las orillas a los únicos que les convendría es a nuestros enemigos. Más bien se debería de sufrir por los compatriotas que dejaron aquí dentro, tratar de cuidar de ellos, pues en última instancia la gran parte de los muertos y los presos los estamos poniendo los que nos hemos quedado por la convicción de que hay que hallar, entre todos, el camino que nos lleve a la democracia que José Martí nos soñó desde el siglo antes pasado, y que aún estamos por conquistar.

Siempre digo que los que están dentro de la isla y los que están fuera hacen el grito perfecto. Sin ellos -sin ustedes- quedaríamos a media, nuestro dolor no encontraría eco, ni, por lo tanto, receptores. El dolor nuestro sale por las bocas de los que están en tierras de libertad, los que no son perseguidos por la censura, y a los que ningún esbirro espera en las puertas de sus casas para acallarlos a golpes.

Por eso, ambas orillas: el exilio y los que habitamos esta isla de fantasmas, hacemos la fuerza precisa, somos la química perfecta para expulsar a los tiranos del lugar que nos pertenece a todos por igual.

Ángel Santiesteban-Prats

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