Diario en la cárcel II. ¿Feria del Libro?

En los últimos días antes de ingresar a la cárcel, alcancé a leer varios correos de amigos que rememoraban aquellas Ferias del Libro en La Habana, donde nos reuníamos para, además de compartir la cultura, darnos un abrazo los escritores de esta isla y los que nos visitaban.

“La generación de los novísimos” fue una familia que estaba presta a cualquier llamado de sus integrantes para defendernos de burócratas, funcionarios y de la policía política que nos perseguía constantemente como perros rabiosos, al menor indicio, a veces solo por una expresión entre un grupo de intelectuales o por la lectura de un cuento o simplemente porque en tu casa recibías muchos intelectuales, y de ello pueden dar fe los escritores Amir Valle, Jorge Luis Arzola o Daniel Morales.

Aquella emoción de encontrarnos en las Ferias del Libro la mataron, y ahora no es más que un espacio para apresar y condenar a los intelectuales sin el menor escrúpulo, y como si fuera poco, además, como en un ruedo de gladiadores, nos echaron a pelear entre nosotros, pero ni siquiera por nuestras vidas o ideales, como sería en mi caso, sino que algunos defienden solo sus posibilidades de que se los tenga en cuenta y poder sobrevivir lo mejor posible. Una negativa de ellas o ellos, sería comenzar el camino del ostracismo, y no todos están dispuestos a ello.

Por eso los integrantes de mi generación prefirieron emigrar y salvar sus obras y familias y encontrar una vida digna donde sus hijos no sufran lo que ellos tuvieron que padecer porque sabían el calvario que les vendría encima si daban sus criterios adversos.

De todas formas, ya la Feria del Libro dejó de ser una plaza cultural, ahora ocupó su espacio lo político y militar, como ocurre en la mayoría de los libros que se presentan, y para esas tiradas son programadas las grandes ediciones.

De lo que sí estoy seguro es que un día estarán de vuelta esos intelectuales que buscan cobijo en otras partes, y volveremos a formar una generación, ya madura, con nuestros criterios, pero sobre todo, con el amor a la cultura, al arte y a la literatura que siempre ha sido la gran bandera de nuestra generación de los hijos que nadie quiso.

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Ángel Santiesteban-Prats
La Lima, Marzo de 2013

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