La caza de la dictadura

Hoy he recibido la copia de un email que llevó una denuncia a Amnistía Internacional en el que se  demuestra que el gobierno cubano desde hace años venía tras de mí. En su televisión oficial había exhibido mi blog como “espacio al servicio del enemigo”, entiéndase enemigo los Estados Unidos de América. En aquella oportunidad alguien me lo hizo saber al verlo en el programa oficialista Las Razones de Cuba.

Desde entonces me agregaron a su lista negra sabiendo que encontrarían, inventada o no, la manera de hacerme pagar la afrenta de criticarlos desde el corazón de Cuba. Para ello quisieron acallarme de múltiples maneras: me han fracturado el brazo, amenazas verbales, golpizas, apresamientos, marginación del mundo cultural del país, impedir mi participación en espacios internacionales, e infundadas acusaciones legales, y hasta el momento ninguna ha logrado su denodado esfuerzo a pesar de encontrarme sancionado, sin prueba alguna que me implique en el asunto, a cinco años de cárcel. A pesar de que han invertido horas de vigilancia y malévolas injusticias como la propia violación de sus leyes por los tribunales, aun persiste mi posición ante el gobierno y mi crítica desde mi blog loshijosquenadiequiso.blogpost.com

Hace varios días un gran amigo de la niñez, pero que solo piensa en su estatus migratorio y su economía, a mis espaldas, medió a través de su amiga, que en su momento fue fiscal del Tribunal Provincial de La Habana, y a la que aún le perduran los contactos en dicha instancia, para que intercediera por mí.

Con mucho misterio fui citado a casa del amigo que solo entiende su modelo de supervivencia. Allí me esperaba la amiga, y con todo el poder que en ese momento representaba, me hizo saber que ella podía “resolver mi problema legal”. Para ello solo tenía que hacer una llamada, de hecho estaban esperando la respuesta. Mientras hablaba la observé con repugnancia. Al final del ofrecimiento llegó la propuesta “solo tienes que dejar la política. Si lo prometes quedas libre de pecado”.

Mi amigo me miraba desesperado, el sufre mi determinación y estoy seguro que no tiene capacidad de entender, según él, “mi sacrificio para nada”.

“A ese precio quiero mis cinco años intacto”, le dije, “día a día, no me quite ni uno”. Mi amigo dio un salto sobre su asiento mientras pegaba un puñetazo sobre la mesa: te lo dije, eso es lo que respondería.

Ahora estoy a las puertas de ingresar a un régimen carcelario que pondrá todo su odio contra mí. Que me unirán a presos comunes que responden como soldados suicidas a los pedidos de los militares por obtener algún beneficio que los libere de tanto sufrimiento. Que aplicarán su astucia malévola para doblegarme, humillarme, hacerme claudicar.

Realmente no logro divisar el momento que me sometan. Estoy orgulloso de cada minuto de mi sufrimiento actual, y el que está por venir. Con toda la seguridad de mi alma les digo que preso en el hoyo más oscuro de sus mazmorras, seré más libre que ellos mismos, más independiente que muchos que caminan por las calles de Cuba como autómatas o vegetan sin decidir sobre su entorno y opinión propia.

Solo, como Martin Luther King, he tenido un sueño donde los cubanos, igual que lo soñó el más grande de los nacidos en este archipiélago, José Martí, vivíamos en democracia.

Ángel Santiesteban-Prats

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