Diario en la cárcel XIX: Lo que debe ver el Relator de la ONU

Si la Comisión de los Derechos Humanos de Ginebra viera por una rendija los horrores que ocurren en las cárceles cubanas, con seguridad haría dos cosas:

1- Expulsaría a Cuba de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
2- Sabiendo las supuestas violaciones que ocurren en la cárcel de la Base Naval de Guantánamo, según las acusaciones del Gobierno castrista, enviaría a los directivos que dirigen las prisiones en Cuba -auténticos campos de concentración- a pasar un curso en dicho centro, en aras de mejorar sus comportamientos.

La dictadura, siempre con su obsesión por atacar a los Estados Unidos, trasmite imágenes televisivas supuestamente denigrantes de lo que acontece en la base de Guantánamo.

No me corresponde a mí defender o hacer juicios de valor al respecto, para eso tienen al pueblo norteamericano; mi obligación como cubano e intelectual es denunciar las terribles torturas que acontecen en la prisión donde me han recluido y de las que soy ahora mismo testigo.

En estos momentos, en la celda, se encuentra un joven con la boca cosida con alambre. Hoy atravesó el penal ante las miradas asustadas de los demás reos.

Diariamente ocurren riñas entre  presos y entre estos y los guardias. Supongo que se trata de  algo común en cualquier centro penitenciario en el mundo pero no soy un especialista para afirmarlo. Pero aquí, cuando los guardias enfrentan al preso la proporción es de diez a uno, además de sus bastones y los sprays de picantes.

El alimento que les sirven es ínfimo y mal procesado. Consiste en  pocos gramos de arroz solo, algún huevo hervido y  una sopa incolora e inodora pero siempre asquerosa.

Las barracas están pobladas de presos que están pasados de sus condenas, y que -por problemas burocráticos- los mantienen encerrados sin ninguna consideración.  Las golpizas y los calabozos constantes van aumentando sus condenas junto a  los chantajes para que no exijan sus “derechos”.

El silencio es el único aliado del preso cubano, hablar podría convertirse en nueva causa condenatoria en la más arbitraria de las decisiones.

Esperar y resignarse. No tienen más alternativas.

Esa es la cruda realidad del preso cubano, que vive sin garantías ni posibilidades de reclamación. Puedo afirmar que sin revisaran los expedientes de los procesados con las garantías internacionales para aplicar una condena, tendrían que liberar, sin temor a equivocarme, a más de la mitad de la población penal.

Un tribunal que tiene ante sí a un joven sin esperanzas, que -desgraciadamente- forma parte de los hijos que nadie quiso, que ha dejado los estudios y que no tiene lugar para ubicarlo ni puede ofrecerle un proyecto confiable que lo invite a encaminarse que no sea la emigración, donde mejor puede retenerlo es en la cárcel.

Gran parte de la juventud cubana, la que no ha encontrado la posibilidad para exiliarse, se encuentra en los centros penitenciarios formándose -y lo afirmo con total seguridad- en un curso delincuencial para su futuro como maleantes.

Ojalá que el Relator que envíen a Cuba pueda reunirse con el pueblo sufrido que tanto lo necesita.

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Ángel Santiesteban-Prats

Prisión 1580. Mayo de 2013

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