Diario en la cárcel XXV. Carta abierta a los periodistas de la Comisión

Quiero pensar que fueron engañados, que su ingenuidad no les permitió comprender todo el teatro montado para su visita, o quizá que la ética internacional no permite al periodista forzar, exigir que no edulcoren la realidad.

Lo cierto es que, de una u otra forma, ayudaron a brindar credibilidad a una dictadura que se ríe de los medios de comunicación internacionales, en este caso, ustedes fueron los burlados, nosotros los presos, los perjudicados, y la dictadura, la beneficiada.

En ese orden intentaré explicarlo, sin tener todos los elementos para  poder entender completamente cómo funciona el mecanismo de elección para formar parte de esa Comisión Internacional, en la que ustedes participaron, y en la que previeron no profundizar más allá de lo que les enseñaran en esa visita, para la que les prepararon una burda puesta en escena  que ninguna persona, y menos un periodista, que tenga acceso a Internet y a la prensa independiente, podría haberse creído sin hacer la más mínima observación.

Yo fui uno de los reclusos que sacaron antes de que ustedes llegaran. Al principio intentaron engañarme, luego, cuando protesté pues mi intención era conversar con ustedes, me llevaron a la fuerza entre varios guardias, delante de más de cien jóvenes, supongo que estudiantes, que aguardaban a la entrada del penal La Lima. Ellos escucharon mi explicación exaltada mientras era maniatado por más de diez militares que me persiguieron mientras yo les gritaba que eran unos tramposos, que ocultándome engañaban a la opinión pública internacional, que era un escritor honesto que cumplía sanción por pensar diferente, y que pensar diferente no era un delito. Al verlos tan jóvenes, les pedí que no se enlodaran las manos, que no se dejaran manipular porque les asignarían el trabajo sucio de la dictadura.

Para entonces, ya había cedido ante las fuerzas que me doblegaban y me dejaba conducir, pero sin dejar de gritar que mi función de escritor era denunciar honestamente sus constantes arbitrariedades.

El que dirigía personalmente mi traslado forzado, era el mismo que les daba la bienvenida a ustedes, el mismo, con el mismo rostro, con la misma apariencia, y con la misma falta de conciencia en ambos casos. El teniente coronel Carlos Quintana, Jefe Provincial de Prisiones en La Habana.

Antes de montar en el camión jaula que me trasladaría, juré perseguirlo con mis denuncias por el resto de mi vida, y le dije que si había pensado en matarme, que lo hiciera porque no tenía miedo a morir por la libertad de Cuba.

Finalmente, me introdujeron en el camión jaula y me sacaron por el fondo del campamento.

La mentira llegó a su fin, el traslado hacia un hospital, como habían prometido los oficiales, no se cumplió. Me llevaron a una prisión de mayor rigor, violando sus propias leyes porque mi sanción es mínima y me corresponde cumplirla en un campamento.

En esta operación, además del teniente coronel Carlos Quintana, intervinieron también el teniente coronel de la Sección 21 de la Seguridad del Estado y el coronel Almanza, primer sustituto del general Marcos, jefe de Prisiones Nacionales, según se presentó en la entrevista que sostuvo conmigo días antes, con la intención de que accediera a mi “hospitalización” para someterme a un “chequeo médico”.

Como ven ustedes, solo existe un beneficiado, el régimen de los hermanos Castro, que por más de medio siglo se ha mofado de las organizaciones internacionales, tergiversando ante los medios masivos de comunicación la realidad cubana, convertiéndose en verdaderos especialistas emulando a  los métodos de propaganda nazi .

Ojalá que los integrantes de la Comisión tengan por aprendida la lección, que si en el futuro volvieran a formar parte de otra Comisión, no permitan ser burlados cínicamente por sus “educados” anfitriones, que les impidieron deliberadamente ser testigos de los crueles castigos a los que son sometidos los reclusos, que vieran qué comen y cómo se elabora la “comida” de los reclusos, y ojalá que escucharan los testimonios de los presos, dispuestos a descubrir la verdad a pesar de las amenazas, y que los vieran en los calabozos de castigo, engullendo tornillos, clavos, muelles, cristales, cucharas metálicas, y cuanto objeto encuentran, solo por lograr que sean escuchadas las injusticias de las que son víctimas en aras de que las enmienden. Algunos, cuando comprueban que ninguna de estas terribles autoagresiones  logran llamar ni siquiera la atención y que solo provocan más golpizas y castigos, atentan abiertamente contra sus vidas  y se cortan las venas o se cosen las bocas con alambres y se cubren con su propio excremento para evitar a los guardias.

Seguro que mis palabras no alcanzan para denunciar todo el horror que se comete en las cárceles cubanas, pero seguro también que un día, Dios quiera que no lejano, se hará justicia y pagarán sus muertos, a los que cuelgan como si se hubieran suicidado, aquellos que los presos conocen muy bien, con nombres y apellidos, y conocen también los nombres y apellidos de sus victimarios.

Hasta entonces, Dios nos proteja.

cropped-firma.png

Ángel Santiesteban-Prats

Prisión 1580. Mayo de 2013

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s