La farsa judicial contra Ángel Santiesteban me recuerda al célebre narrador Reinaldo Arenas y a los poetas Heberto Padilla y Raúl Rivero

Tres recuerdos de Ángel Santiesteban

Miguel Iturria Savón.

El 2 de septiembre del 2011 publiqué en Cubanet el artículo SOS por Ángel Santiesteban, entonces acosado por la policía política del gobierno cubano a pesar de ser un escritor multipremiado por las propias instituciones del régimen. A fines del 2012 Ángel fue condenado a cinco años de prisión tras un juicio amañado en el que utilizaron a su ex esposa como punta de lanza contra él. No me referiré a los detalles del caso pues aun circulan en diversos escritos y en el blog de Santiesteban, sino a mis impresiones personales sobre este artista de la palabra.

Antes de conocer personalmente al autor de Sueños de un día de verano, Los hijos que nadie quiso, Dichosos los que lloran y Sur: latitud 13, leí sus libros y escuché varias anécdotas que reflejan su temperamento y satirizan la situación política de Cuba. Es difícil olvidar a algunos personajes de sus relatos sobre la cárcel y la intervención cubana en las guerras de África. Tal vez el diseño magistral de esos seres alienados que galopan en las páginas de sus obras sean la verdadera causa del humillante proceso judicial que intenta anular su rebeldía y la voz de este hombre audaz y sin máscaras.

Como mi hijo fue el abogado de Ángel Santiesteban tuve el privilegio de recibirlo en mi casa de La Habana y charlar con él frente a un vaso de agua -Ángel no toma ron ni café-. Hablábamos de literatura y de su experiencia familiar. Solo en una ocasión, al preguntarle por uno de sus personajes, me reveló la huella traumática de su breve estancia en una prisión antes de cumplir los 20 años de edad, tras ser detenido en la costa norte mientras despedía a un pariente que intentó irse de la isla en una balsa.

Coincidí varias veces con Santiesteban en la casa de la bloger Yoani Sánchez y en las tertulias culturales organizadas en la residencia del físico Antonio Rodiles, líder del programa Estado de Sats. Recuerdo que Ángel apenas intervenía en los debates y se sentaba casi siempre al final del salón, ajeno a poses y protagonismo pero cordial con cualquiera que se acercara a él. Al final se iba en su auto con 4 o 5 personas a quienes llevaba o acercaba a sus domicilios.

La última vez que coincidimos fue frente a la estación de Policía de Infanta y Manglar, al lado del edificio “Fama y Aplausos”, donde medio centenar de opositores exigían la liberación de Antonio Rodiles, detenido tras el sepelio de Oswaldo Payá Sardiñas, muerto en un accidente sospechoso. Allí conversamos mientras Wilfredo Vallín y Reinaldo Escobar intentaban negociar con el Jefe de la Estación, rodeada también por una pandilla de delincuentes que esperaban órdenes de los oficiales de la Seguridad para patear y arrastrar a los opositores.

La farsa judicial contra Ángel Santiesteban me recuerda al célebre narrador Reinaldo Arenas y a los poetas Heberto Padilla -encarcelado en 1971- y Raúl Rivero -condenado en el 2003, víctimas de una dictadura que sanciona la libertad de expresión y promueve el quietismo y el silencio cómplice de los intelectuales.

Publicado en  Ancla Insular

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