Diario en la cárcel XXVII. Iroel Sánchez, militante de sus intereses

El entonces Presidente del Instituto Cubano del Libro podría haber sido uno de mis testigos en el juicio que se montó en mi contra, pero nuestras diferencias políticas y sus funciones oficialistas no le permitieron ponerse del lado de la justicia; lo que nunca entendí, porque el día que sea testigo de cualquier arbitrariedad, saldré en defensa del abusado sin importar los ideales o religión que profese. Me gusta decir que pertenezco al partido de mis sentimientos.

En los días de la Feria del Libro de 2009, apenas cinco meses antes de que mi ex comenzara sus acusaciones en mi contra, cuando conversaba con Iroel Sánchez en una esquina de la comandancia sobre mi asistencia a la presentación de un libro del escritor y disidente Orlando Luis Pardo Lazo, al margen de la Feria, que él consideraba una “provocación” detrás de la que se encontraba la CIA, fuimos interrumpidos por mi ex, que se presentó en forma descompuesta, con respiración jadeante y postura hostil, para pedirme explicaciones por haber ido al evento en compañía de una dama, pues “ella no podía soportarlo”.

Iroel, al verse implicado en aquella situación, se excusó para retirarse, no sin antes pedirme continuar la conversación en otro momento más oportuno.

Vale aclarar que me había separado de mi ex hacía más de dos años y mantenía relación, ya pública, con mi pareja actual.

Luego de que Iroel Sánchez se marchara, le pedí respeto y distancia, pero haciendo caso omiso buscó el stand de venta de la dama que me acompañó, a la que aún me une la amistad y de la que no digo el nombre por respeto, y la increpó delante de sus compañeros de trabajo y de su pareja.

Amiga que quedó impresionada con la actitud de mi ex, de la que guarda una imagen violenta.

El mismo Iroel Sánchez, luego de que retomáramos la conversación interrumpida, me pidió que me cuidara de ella por su agresividad, porque parecía “enamorada”.

Sin embargo, a pesar de haber presenciado aquella escena, Iroel Sánchez firmó la carta liderada por las 8 mujeres que iniciaron una campaña en mi contra apoyándose en la violencia de género, con el propósito de que sirviera como cortina de humo para ocultar los desmanes del régimen.

He buscado en mi memoria experiencias vividas mientras coincidimos en el plano cultural, yo como escritor y él de funcionario del Estado, para analizar su proceder, sin intentar juzgarlo, solo tratar de entender.

Nuestros desencuentros comenzaron en el 2001, año en el que gané el premio Alejo Carpentier con el libro “Los hijos que nadie quiso”, cuando a raíz de su publicación la “Asociación de Combatientes de Cuba” enviara una carta donde lo calificaba de libro “contrarrevolucionario”. Más tarde, el mismo Iroel Sánchez me confesaría que sus compañeros de la guerra en Angola le criticaron por haber permitido su publicación, al considerar que tenía que censurarme.

Meses después, en la Feria del Libro de Guadalajara, México, me dijo que la escena de la anciana con el platico, del cuento Lobos en la noche, le era irresistible, que de muchas, era la parte que menos podía soportar.

Nuestro gran desencuentro fue con aquel post donde yo hacía público las necesidades económicas y vergüenzas que padeció la delegación cubana en la Feria del Libro de Mazatlán, México, que motivó la orden que él dio a una funcionaria desconocida para que me respondiera. Ese post fue también la razón para que me retiraran el servicio de correo que tenía asignado por el Ministerio de Cultura, con el objetivo de incomunicarme.

Otro motivo en mi contra surgió del post que publiqué en mi blog, sobre la acusación totalmente infundada que él hizo a una pareja de jóvenes con un niño que paseaban por el campo de entrenamiento de G y Malecón, al asegurar que no querían devolverle la cartera que había perdido mientras caminaba por allí y que, según él, ellos se habían encontrado.

Tampoco nunca compartí sus discursos altisonantes de honestidad y austeridad, que no se correspondían con su estilo de vida, al usar recursos de la Institución que presidía para beneficio personal, como cuando ponía a disposición de la familia el auto que tenía asignado por ser funcionario, incluyendo los gastos de combustible.

Para mí siempre fue una incógnita lo sucedido entre él y Felipe Pérez Roque, después de que defenestraran a este último, a quien consideraba su gran amigo y con el que compartió estudios en la CUJAE, profesándole su delirio de hermandad estudiantil e ideales.

No fue secreta su animadversión hacia Alpidio Alonso, al dejar de ser Presidente de la Asociación Hermanos Saíz y ser ubicado en el Instituto como Vicepresidente sin contenido, haciéndole una crítica al asegurar que el día que no hiciera falta en el sector de la cultura no se sentaría a esperar por una reubicación y ejercería la ingeniería que era lo que había estudiado.

Al final de sus días en el Palacio del Segundo Cabo no cumplió con su precepto, negándose a abandonar su puesto de Presidente.

Por esos azares de la vida, aquí en la prisión me encuentro con un recluso que combatió en Angola y coincidiera con él en aquellos días de “guerra”.

Cuenta que a Iroel Sánchez y Juan Carlos Robinson (hoy también defenestrado luego de haber estado en altos puestos del poder político) les apodaron “los corredores”, porque cuando sentían el sonido de disparo del obús enemigo, eran los primeros en llegar a la trinchera. También me cuenta como, tristemente, se repartían las medallas que designaba Robinson.

Para más coincidencia, acá también conozco a otro recluso que trabajó con él en la Juventud Comunista, y dice que lo identificaban como “seguroso frustrado” por haberse destacado en las golpizas, allá por el 5 de agosto de 1994 cuando una parte del pueblo habanero, descontento, se lanzó a protestar a las calles. Entre ellos siempre hubo la sospecha de que Iroel a veces golpeaba a los disidentes por puro placer, porque golpeaba sin necesidad, solo para demostrar que tenía mejor actitud que los otros en la “defensa de la revolución”.

He querido compartir aquí una serie de vivencias y datos, acciones y sentimientos, para ayudarme a comprender al ser humano, la mayor ambición que, como artista, me persigue.

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Ángel Santiesteban-Prats

Prisión 1580. Junio de 2013

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2 pensamientos en “Diario en la cárcel XXVII. Iroel Sánchez, militante de sus intereses

  1. Marlene Azor Hernández

    ángel, muy buena tu reflexión. Yo a ese Iroel, lo conozco sólo por su blog, y su ensañamiento contra todos los que no estén de acuerdo con el discurso oficial, me descubre a un ser humano deleznable. Entiendo todo lo que dices.
    Un abrazo y toda mi solidaridad.

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  2. Juan Quinking

    deleznable: 1. Despreciable, de poco valor. / 2. Poco durable, inconsistente, de poca resistencia. / 3. Que se rompe, disgrega o deshace fácilmente. / 4. Que se desliza y resbala con mucha facilidad.
    Marlene Azor, lo clavaste. No pudiste encontrar un adjetivo más exacto. Me parece que entre Santiesteban y tú han hecho el mejor retrato de este aprendiz de camaján.

    Responder

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