“No todo el mundo renuncia tan fácil a ser Rey para convertirse en Mendigo.”

Mi tan querido niño, mí tan amado Chinito:

casi no puedo escribirte porque el aliento me falta. Ahora tengo un poquito de fuerzas que utilizaré para hacerte llegar unas letras que sabrás que van bien húmedas y llenas de amor. Estoy bien, trabajando como siempre en el mismo lugar que tú conoces, con las mismas buenas personas. Sigo orgullosa de ti, ya que no todo el mundo renuncia tan fácil a ser Rey para convertirse en Mendigo. En mi egoísmo de madre, prefiero lo anterior, pero tengo que aceptar tu decisión, que no podía ser otra, ya que tu integridad, honestidad y valores no te lo permiten, porque fuiste educado bajo los preceptos martianos.

Te apoyo en todo mientras viva, y si no llego al final contigo, ya te dejo encargado a Ana. Pero voy a ser optimista, voy a pensar que pronto se comprobará tu inocencia de esto que te culpan para tapar la verdad, para tratar de sellar tu boca, que no han podido, porque tus amigos no lo permiten, ni tu familia, ni los intelectuales de vergüenza, ni todo aquel que sienta la necesidad de justicia, tu eco trasciende los límites, no sé ¡cómo pueden ser tan brutos, que mientras más quieren ahogar tu voz, más lejos llega! No es tan fácil ocultar una verdad tan grande como la que tú tan valientemente gritas al universo. No se dan cuenta que tus letras están por todas partes, que mientras más te tranquen, más te oculten, más fuerte salen tus letras y tu verdad. Que hasta cuando no se recibe nada tuyo, tus gritos son más fuertes, tu voz se escucha más clara y más le interesa al mundo. En estos momentos tienes más seguidores que cuando estabas en la granja La Lima, pues como todos sabían que estabas bien, aunque inocente, no se preocupaban tanto por ti. Pero ahora son leones rugiendo por tu vida, por tu libertad. Así mi niño amado. Ellos están más perjudicados que tú.

No te preocupes, sufrir es inevitable y necesario para ser mejor persona, entender a tus semejantes y después sepas, como haz hecho hasta ahora con tus libros, trasmitir los sentimientos de nuestro pueblo oprimido.

Te quiero mucho, como siempre o más. Casi estoy contigo ahí, en esa celda o barracón, debes escuchar cuando respiro y mi corazón se agita. Y tu ángel soy yo, porque esos libros que no sabes cómo llegaron, eran míos, siempre me gusto leer. Ahora prefiero leer los tuyos.

Un abrazo muy fuerte, como el de aquella noche, a la orilla del mar, cuando nos despedimos sin saber si algún días nos volveríamos a ver, todavía lo siento, sus ligas no se han debilitado, y nos mantienen juntos, tan juntos como en esa oscura noche, en que me dejaste ir, con dolor, a la libertad.

Te quiero mucho.

Mil besos,

Tu Mary

Nota de los editores: esta carta fue escrita por María a su hermano Ángel Santiesteban-Prats. La publicamos en el blog por pedido expreso de Ángel.

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