Diario en la cárcel XLVI . Lo dejó dormir

Hoy, en el recuento, se le hizo saber al Teniente Fermín , que un recluso operado de varios quistes malignos en los testículos, a quien se le aplican los sueros citostáticos y un centenar de medicamentos, más la sonda vesical, se encontraba con fiebre alta y no podía levantarse de su cama.

–Déjenlo dormir –fue su respuesta.
–Está despierto –le aseguró un preso.
–No importa –insistió el oficial–, déjenlo ahí.

La barraca quedó en silencio varios minutos, nadie podía creer lo que todos habíamos escuchado, tratándose de un ser humano.

Nos guste o no, hay que aceptar que en las cárceles cubanas no existen seres humanos, tampoco alcanzan la categoría de animales, como los que cuidan y protegen en las vaquerías y cochiqueras; no somos más que “enemigos públicos”, según la nomenclatura oficial, somos “nada”, algo suspendido en el tiempo y el espacio, que no se ve ni se materializa. No hay derechos para los reclusos, salvo los de enfermar y morir.

Mientras el joven reo comienza a delirar, sus veintitantos años le justifican clamar por su madre.  Solo le responde el silencio de la barraca.

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Ángel Santiesteban-Prats

Prisión 1580. Julio de 2013

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