Diario en la cárcel XLVIII. Política raulista: escuelas convertidas en cárceles

Uno de los grandes alardes de los que tomaron el poder en 1959, fue haber convertido los cuarteles militares en escuelas; hoy, esas escuelas se convierten en centros penitenciarios.

Los antiguos “pre en el campo”, fueron cerrados debido a la nueva política de Raúl Castro, para ahorrar lo que se invertía en los medios logísticos designados a esos estudiantes.

Esas antiguas escuelas, abren nuevamente sus puertas para recibir reclusos, después de haber sido transformadas en cárceles, con sus debidas rejas en ventanas y puertas, más el cordón de seguridad que rodea el perímetro para evitar las fugas.

Las torturas de aquellos cuarteles de la dictadura batistiana, regresaron con la dictadura de los Castro.

Uno de los jóvenes que enviaron a prisiones en lejanas provincias, por relacionarse conmigo y brindarme alguna ayuda en mi comunicación con el exterior, ha regresado -después de dos meses- con el horror reflejado en su rostro. La manera de dañarlo, fue escribirle en su expediente de recluso el clasificado de “disidente”.

Al llegar a la cárcel, antiguo “Pre de jóvenes”, en Santa Clara, el preso de 22 años, Pedro M. Ferro, en su condición de político, fue golpeado salvajemente por el Jefe de la Unidad, Teniente Coronel Delvis, luego de llenarle el cuerpo de hematomas, sin quitarle las esposas, lo encerraron en los “cubículos”, lugar, cuenta el joven recluso, en condiciones inhumanas. Ese fue el castigo por colaborar con un disidente.

Gracias a la petición de la madre, enferma, que reclamaba el regreso de su hijo a La Habana, y además, por su condición de teniente coronel retirada, accedieron.

Habría que estar dentro del pecho de esa madre, que seguramente entregó su juventud al sistema totalitario, que ahora abusa de su hijo. ¿Valió la pena tanto sacrificio? Cualquier sistema político que torture es fascista. El nuestro, clasifica.

Ahora Pedro M. Ferro, quiere ser disidente, no desea aceptar ningún utensilio que entrega la Reeducación. Lo que sí es indiscutible es su pleno derecho a escoger su manera de pensar y obrar, máxime después de presenciar los abusos continuos del régimen penitenciario.

Al menos Pedro M. Ferro, no sufrirá la decepción de su madre.

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Ángel Santiesteban-Prats

Prisión 1580.  Julio de 2013.

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