Diario en la cárcel LI. Sancionados sin delitos, esclavos de la Revolución

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“Estoy sancionado sin que me demostraran que cometí un delito”. Esa frase es la más común entre los presos que se me acercan. Desconfiado, solo después de leer la petición fiscal y la sanción del tribunal, les creo. Para una sanción no es necesaria prueba alguna, esa es la razón por la que los procesos son tan endebles,  solo miden tu comportamiento político social, y de ahí, hacen la valoración final, y como los poderes en Cuba no están divididos y todos se deben al régimen totalitario,  solo responden a la orden de sacar de las calles a los que no aporten confianza y apoyo incondicional a la dictadura, sean delincuentes o no, con pruebas o no.

La política del gobierno es que es mejor tenerlos presos, trabajando sin pagarles, o entregándoles un sueldo ínfimo, simbólico, a una  minoría,  y de esa manera poseer un ejército de brazos esclavos, siempre a mano.  Sospecho, albergan también la razón  -y que Dios no lo quiera- que, dado un conflicto bélico, les ofrecerían la libertad a cambio de luchar, y  estoy seguro  de que esa “tropa” aceptaría,  sin importarle el tema político, el motivo o su beneficio personal, que no sea otro que la libertad inmediata.

Uno de los últimos que me dijera que estaba sancionado injustamente, después de entregarme sus papeles legales y leerlos, supe que lo habían condenado por recibir un bono equivalente a 200 dólares, que le fue entregado por el extranjero dueño de la firma para la que trabajaba, como aguinaldo por fin de año.

En su trabajo como económico, no encontraron ninguna violación. Las estadísticas se encontraban, después de una exhaustiva auditoría, en perfecto orden; así y todo fue sancionado a siete años de cárcel. Un hombre de más de cincuenta años, que nunca tuvo una amonestación en su hoja laboral, todo lo contrario, sin embargo, de nada le valió tanto sacrificio, tanta entrega por un sueldo insuficiente y ridículo.

Sancionados como esos pululan en las barracas, increíbles acusaciones, inverosímiles procesos, y dolorosas sanciones.

Una realidad que fuera risible si no causara tanto espanto y dolor en las separadas familiar cubanas.

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Ángel Santiesteban-Prats

Prisión 1580.  Julio de 2013

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