Diario en la cárcel LII. Querido Vilches, bienvenido al espacio del decoro

Angel Santiesteban con Rafael Vilches Proenza

Cualquier injusticia contra una sola persona,
representa una amenaza contra todas las demás.
Montesquieu

“Dios nos hace, y la libertad nos junta”.

Este post se lo debo al valiente escritor y amigo Rafael Vilches Proenza quien -a golpe de talento-  alcanzó el reconocimiento de la intelectualidad de la Isla.

Vilches ha seguido el llamado de la conciencia a cumplir con su deber, y respondiendo a sus sentimientos, olvidó las dádivas que el Gobierno otorga a los que acatan sus dictámenes sin oposición; por ende, acaba de ingresar en el insilio cubano, su carrera de escritor fantasma ha comenzado, ahora se alejarán muchos de los que se decían amigos, principalmente aquellos que estuvieron durante un tiempo aconsejándole que dejara ese camino de libertad, y que continuara chupando la teta del Estado.

Alguna estrategia ya estarán tramando, por eso te pido amigo Vilches, que andes con pasos firmes. La Seguridad del Estado está a la caza, buscando, intentando, la forma de enlodarte, a veces, sin conseguir la coartada, la desesperación con tal de castigar los hace burdos, como en mi caso, pero no saben que la herida de su látigo sabe a gloria, que nos agrega una razón de vida.

Querido Vilches, bienvenido al espacio del decoro, de los transparentes, cansados de hablar a sottovoce, luego de asegurarse que nadie atenderá el juicio honesto.

Juro que he escuchado a esas que se dijeron amigas, que me escribieron dedicatorias exaltadas en sus libros, y que luego se prestaron a firmar el documento de las “ocho mujeres contra la violencia”, siendo más crítica contra el gobierno que yo; así también me pasó con mis maestros literarios, oírles sus descontentos, su peticiones de una salida a la crisis y un cambio político, pero después, a la hora de la decencia, se muestran con recato y mueven las banderitas, escriben odas a los líderes de la dictadura, y firman cuanta carta abierta se organice contra los colegas.

Vilches, hermano, ahora me toca a mí ser solidario contigo, tú que has permanecido dándome aliento desde que el régimen arremetió la sucia estocada. Tengo la contradicción de sentirme feliz al saber que la Historia no te recogerá como un pusilánime, de los que prefirieron callar para no sufrir y cambiaron la dignidad por beneficios, pero a su vez me entristece saber las miserias que recibirás de muchos que te rodean, las traiciones, la soledad; aun así te auguro que al final tendrás la compensación de que uno de los que permanezca a tu lado, vale más que cien, ¿de qué otra forma hubieras descubierto a los falsos amigos, a los cobardes?

Solo te pido que te fijes que además del miedo en sus almas, son de obra mediocre, no existe ninguno que vaya a quedar en la historia literaria, por eso lo hacen, porque es la única manera que encuentran para ser valorados como escritores y recibir viajes al extranjero, de los que traen los jabones que les limpian la piel pero ensucian su espíritu; de esos está copada la UNEAC. No esperes solidaridad, ni siquiera la protección burocrática de lo que se supone que sea el espacio que represente a los artistas, que nos defienda; pues ese lugar no es más que otro brazo armado del totalitarismo.

Al final la historia les pasará la cuenta, porque la historia es lo que vale, que es donde se puede vivir la eternidad.

Desde mi cautiverio te envío mi agradecimiento de que te sumes a la lucha contra la dictadura.

El abrazo de siempre, de tu hermano Ángel.

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Asentamiento de Lawton. Agosto de 2013

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