Diario en la cárcel LXIX. Camilo, sicario del Régimen miembro del Consejo de DDHH de la ONU

agente camilo (2)Camilo, sicario de la dictadura

El 8 de noviembre se cumplió un año de la pacífica manifestación que realizamos frente a la estación policial de Acosta (1ª unidad), exigiendo la liberación de Antonio Rodiles, Yaremis Flores y Laritza Diverset.

Luego de la correspondiente golpiza y arresto, mientras nos conducían a los respectivos calabozos, diseminándonos por la ciudad (divide y ¿vencerás?), el sicario Camilo -oficial de la Seguridad del Estado- me aseguraba que sería sancionado a cinco años de privación de libertad.

Eugenio Leal, que iba conmigo en la patrulla, lo escuchó desde el interior de auto, y todo ocurría un mes antes de que el Tribunal Provincial dictaminara esa misma sanción, claro, todo puede hacerse entendible si acotamos que el juicio se hizo en la Sala 1ª de la Seguridad del Estado, y en su sede especial, en Carmen y Juan Delgado.

Le aseguré al oficial Camilo que no había temor de mi parte, pero cuando le llegara el momento de pagar por sus abusos y desmanes, que se portara con dignidad, como lo haría yo. Entonces sonrió con el cinismo característico. “Cuando a mí me toque, ya a ti te habrá tocado”, me dijo rebosante de sarcasmo.

Mientras transcurría la espera de mi encarcelamiento, tuve la oportunidad de abandonar el país y así evitar la agonía; pero mi necesidad es de continuar, y preferí estar encarcelado que libre en Miami.

Próximamente cumpliré nueve meses en prisión, corroboro mi decisión, y seguiré tratando de ser útil en los centros penitenciarios donde me han enclaustrado. Nunca antes había sentido que podía ayudar a salvaguardar la integridad de personas, en este caso los presos que me acompañan en las barracas, he mantenido el nivel de denuncia según las injusticias que los guardias han ido cometiendo.

Lo que no supo el oficial Camilo es que con su respuesta aceptaba que la dictadura pagará sus desmanes, solo que, como bestias humanas que son, son incapaces de obrar con decencia, eso les es imposible por el oficio que realizan. Mientras, van viviendo lo mejor que pueden, reciben sus dádivas y premios del régimen para que mantengan el nivel de inmoralidades, las que además disfrutan cometiendo; pero todos sabemos que la justicia llegará, entonces les miraremos a los ojos criminales cubiertos de lágrimas, justificándose con que cumplían órdenes, y mirará a los lados, sin encontrar a esos que los empujaron a cometer sus actos fascistas.

Por ahora que continúen riendo, al final, infaliblemente, lo hará la justicia.

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Ángel Santiesteban-Prats

Prisión asentamiento de Lawton. Noviembre de 2013

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