Los tiempos reclaman una disidencia unida

El 10 de diciembre de este 2013 fue el ejemplo más contundente de lo sola que está la oposición cubana. Pero no me refiero a esa soledad externa, sino a la interna, a la separación que existe dentro de la propia disidencia. Nosotros somos nuestros propios enemigos, y lo reconozco con dolor infinito.

Como andamos separados hacemos más fácil a los esbirros de la dictadura su trabajo de golpearnos y aislarnos. El día que decidamos dejar a un lado el resalte personal y, en cambio, nos concentremos en juntar los caminos, encauzarlos en unidad, entonces nuestro grito libertario tendrá más alcance internacional.

Vergonzosamente hay que reconocer que las ambiciones personales, la necesidad de ser reconocidos en lo personal, e incluso la postura de quienes van detrás de las ayudas económicas enviadas por distintas vías a la oposición, por lo que se dedican a poner traspiés a los del lado, son culpables del sismo estructural en el bloque revolucionario que busca la apertura democrática e impide un mayor alcance a la causa de la libertad.

Existe el caso de un preso que antes de ingresar a prisión, Amnistía Internacional le reconoció vía telefónica que formaba parte de la lista de Presos Políticos que ellos monitoreaban en diversos países del mundo; alguien dentro de Cuba se sintió ignorado, torpedeó ese reconocimiento y logró que echaran atrás ese nombramiento. A ese increíble celo extremo llega la oposición.

Otro caso es el de un preso por actividades políticas que estaba unido a un grupo de la disidencia, en el cual sufrió una separación por criterios adversos de otro grupo que se ocupaba de los asuntos legales y que lo representaba ante los medios jurídicos y de Derechos Humanos internacionales: fue abandonado al pairo. Sintieron que ya no era su problema. Y quedó en el medio de dos fuegos encontrados, sin que ni siquiera le preguntaran, de ninguna de las dos partes, qué pensaba al respecto. Lo cierto es que olvidaron las palabras solidarias y las promesas de mantenerse a su lado en los malos tiempos que vendrían para este prisionero.

La Seguridad del Estado se ahorra parte del trabajo porque algunos líderes y grupos de la propia disidencia se ocupan de torpedear las iniciativas que no nacen de ellos. Divergencias de criterio causan alejamientos; cuando, todo lo contrario, es sano que se piense en diferentes maneras para alcanzar lo mismo. Mientras esas divergencias ocurran, no necesitaremos represores para que hagan la labor de rechazo, de debilitar las fuerzas y las ideas, como si todos no quisiéramos el alcance del mismo ideal. Nosotros mismos estamos haciendo esa labor. Ojalá logremos reprimir nuestros impulsos de reconocimiento personal y entendamos que la verdad y la forma de lograr la libertad está repartida entre todos; que comprendamos que por separado será más difícil de lograrlo, para no decir imposible.

Cuando seamos capaces de pulir esas miserias humanas que lastran la unidad y, claramente, alejan y hacen más escabroso el camino de la democracia, entonces seremos capaces de obligar al gobierno a sentarse a dialogar, y el mundo nos verá y aceptará como la fuerza política que anhelamos alcanzar. Los próceres de la patria, con José Martí a la cabeza, exigen esa concesión. Cuando alcancemos ese logro, entonces nos sentiremos mejor seres humanos y mejores cubanos.

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Ángel Santiesteban-Prats

Prisión asentamiento de Lawton. Diciembre de 2013

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