Acoso en prisión por el simple hecho de pensar diferente

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Cuando el 2 de agosto del pasado año me trasladaron de la prisión 1580 y trajeron al “Asentamiento de Lawton”, una empresa del MININT que se dedica a construir las casas a sus oficiales, me hicieron saber que en este lugar no admitían visitas ni llamadas telefónicas. Me instaron a que trabajara como medida reeducativa y obtendría el beneficio de salir cada veintisiete días. De inmediato no acepté. Entonces me hicieron saber que lo haría cada sesenta días. Levanté los hombros. somos un grupo de veinte presos, entre ellos están por los delitos de “traficar drogas”, “asesinato”, “estafa”, “traficante de armas”, “delitos económicos”, “traficar con personas”, etcétera.

Por el día se mantenían en el asentamiento un teniente coronel -que es el jefe de la unidad- y un capitán -que se encarga de la producción-, ambos semiretirados, porque fungen y cobran como activos y con el poder correspondiente de sus grados y cargos.

A las cinco de la tarde, a más tardar, partían los responsables para sus casas y nos quedábamos con un civil de custodio que se ocupaba de poner candado en la barraca a las diez de la noche. Al mes trajeron otro civil para que ocupara ambos extremos del establecimiento. Al otro mes, enviaron un subteniente que se mantenía hasta las cinco p.m. también.

Yo continuaba escribiendo mis denuncias.

Entonces ubicaron un uniformado que nos mantendría las veinticuatro horas bajo su custodia. Anoche ubicaron otro. Es decir, que en cuatro meses, a partir de mi llegada, además de los que ya había, han cuadriplicado la vigilancia sobre mí. Ahora por las noches tenemos dos custodios y dos militares, a pesar que los otros diecinueve no se encontrarán por seis días en la unidad, estarán en sus casas.  ¡Todos para mí solito!, para verlo con optimismo.

Es decir, los asesinos y traficantes de drogas y armas han salido con sus familiares. No obstante, el mando ha decidido, enfermizamente, reforzar la vigilancia contra mí haciéndola evidente. Desde la llegada del nuevo uniformado, me mira desconfiado. Siento su atisbo sobre mi espalda a cada movimiento que hago, y cuando estoy en mi cama, lo veo observar desde la ventana para tenerme ubicado.

Evidentemente, ellos me tienen por un tipo peligroso. Le temen más a las ideas que a las armas de fuego, traficantes de drogas o robos económicos. No obstante no me quejo de sus asedios. Con la sangre fría que heredé de mi madre sonrío.

Este es mi lugar mientras haya dictadura.

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Ángel Santiesteban-Prats

Prisión asentamiento de Lawton. Enero de 2014

Nota de la Editora: los diecinueve prisioneros salieron de pase por seis días el viernes tres de enero de 2014.

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Un pensamiento en “Acoso en prisión por el simple hecho de pensar diferente

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