Cuando la “libertad” es una agonía

Presos reniegan la libertad

Los reclusos, después de cumplir más de diez años encarcelados, aseguran que -a partir de salir de pase por casi setenta y dos horas- sus preocupaciones han crecido.  Experimentan una agonía mayor en la medida de sentirse inútiles ante la situación económica de las familias. El poco dinero que ganan como esclavos del Régimen que los mantiene cautivos, apenas les alcanza para satisfacer las carencias que existen en sus hogares, al encontrarlos sin alimentos, a los niños sin zapatos para ir a la escuela, los equipos electrodomésticos rotos, entre otras tantas calamidades.

miseria y propaganda ideológica castrista 6

En las primeras horas en sus casas, ya han agotado sus ahorros, por lo que se ven obligados a pedir prestado o delinquir, con el objetivo de que al término de esos días de pase, sus familias queden con el mínimo de necesidades garantizas.

Una vez en sus camas, de vuelta en la prisión, reconocen que es preferible estar preso, pues se sufre menos que enfrentando la realidad cotidiana y la pena constante de no saber cómo resolver, dar el frente a las necesidades, sin la consabida tentación de transgredir la ley.

Miseria en Cuba

“Al menos mientras nos encontramos en prisión no sufrimos, no vemos la pobreza de nuestros hijos” -aseguran- “y evitamos el delito, porque también sabemos que es la única vía posible para resolverlo”, dice un reo, a lo que los demás asienten, y afirma que “es preferible estar preso, comerte el arroz con picadillo ácido y mal oliente, recibir golpizas y celdas cada vez que sientas necesidad de desahogarte, que ver a tus seres queridos mirarte como gorriones con el pico abierto, que hagamos un acto de magia y logremos dejarles caer algún alimento”, dice, y se mantiene en silencio por un rato.

“Afuera las cosas han empeorado. Sentimos miedo a salir porque infaliblemente cometeremos alguna fechoría”, afirma alguien desde la puerta, “y lo duro es comenzar otra condena más severa”, agrega otro, “nunca tendremos oportunidad de ser esos “ciudadanos” que nos piden, porque la sociedad y las leyes olvidan que no tenemos la más mínima posibilidad de sobrevivir sino hurtamos, ya que de no hacerlo moriríamos de hambre.

firma 3

Ángel Santiesteban-Prats

Prisión asentamiento de Lawton. Marzo de 2014

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Para que Amnistía Internacional declare prisionero de conciencia al disidente cubano Angel Santiesteban
Angel Minit LawtonPara firmar la petición siga el link:
https://secure.avaaz.org/es/petition/Para_que_Amnistia_Internacional_declare_prisionero_de_conciencia_al_disidente_cubano_Angel_Santiesteban/?fbss
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Un pensamiento en “Cuando la “libertad” es una agonía

  1. Ivette

    Estimado Angel,

    Con mucho respeto tengo que disentir con Ud en una cuestión elemental: la precariedad y las agudas necesidades no siempre llevan a delinquir; si así fuera, la inmensa mayoría de la población cubana cumpliría condenas de presidio. Y acto seguido acoto que podrá Ud decirme que de una u otra forma la inmensa mayoría delinque, por el consabido robo al Estado llamado popularmente “resolver”; pero, seguro consentimos en que no estamos hablando de este tipo de conducta social, lamentablemente ya arraigada en nuestra sociedad.

    Por otro lado, y aunque sean válidos emocionalmente los argumentos de sus “entrevistados” sobre “preferir” la cárcel para cegar el dolor de ver padecer a sus seres queridos, nada tiene que ver con imputarle esta “preferencia” al Estado cubano (las preferencias son siempre personalísimas, aunque culturalmente asistidas). Esa preferencia no eliminará las necesidades y dolores de sus familiares; simplemente ejecutan el dicho: ojos que no ven, corazón que no siente. Es todo. En todo caso, me resulta mucho más penosa la humanidad de las voces que Ud reivindica en este artículo.

    Reconozco que las oportunidades de reinsertarse en la sociedad son prácticamente nulas y que ciertamente producirá dolor la realidad con la que se enfrentan; pero preferir soslayar con la condición de penados no elimina que las familias en libertad padezcan. Me parece de cobardes “preferir” abandonar a la familia.

    Saludos cordiales,

    Ivette.

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