Guille, el guajiro macho

Este artículo que dedica Ángel Santiesteban Prats a Guillermo Vidal, para recordarlo en el décimo aniversario de su muerte, lo ha escrito en la Prisión asentamiento de Lawton para el dossier literario Unos escriben de la revista OtroLunes.
La Editora

Sobre su vida y obra

Por Ángel Santiesteban Prats

guillermo-vidal-sobre-autor-otrolunes32-4Siempre da gusto recordar a Guillermo Vidal.

Compartir con él la aventura de la escritura ha sido uno de los grandes premios que me ha brindado la vida. Su simpatía, modestia y talento, amenizaban sus conversaciones. Hombre llamado para hacer amigos, fácil de querer, y siempre perseguido por la injusticia, pues jamás pudieron doblegarlo, mantuvo su literatura a un alto precio, porque no cedió ni un ápice el nivel de crítica social.

Cuando lo expulsaron de profesor universitario, ni siquiera le preguntaron de qué iba a vivir ni cómo mantendría a su familia. Ser despreciado y marginado por el gobierno de su territorio en Las Tunas, por la exigencia de la policía política, se convirtió en su naturaleza, fue parte de una existencia intelectual que acepto con estoicismo, sin quejas, que soportó en soledad y pagó con brillante escritura. Esa fue su venganza.

Después de tenerlo apestado por muchos años, el gobierno le brindo un homenaje a un escritor oficialista, y nos pusimos de acuerdo de asistir a cambio de que el Guille estuviera entre los invitados. Una vez allí, en la sede del Partido Provincial, en la propia madriguera de la dictadura, uno de nosotros dijo públicamente que nuestra presencia no tenía otra finalidad que agasajar a Guillermo Vidal, el escritor vivo más importante de Las Tunas, y de los más destacados del país, que era la manera de apoyarlo y demostrarle nuestra amistad. Los funcionarios del gobierno y de la cultura abrían los ojos, sorprendidos por la osadía. Eran tiempos donde aún no estaban ganados algunos derechos que tenemos ahora, y donde por mucho menos de lo que hoy se hace, tomaban represalias al momento. Lo cierto es que aquella noche y los días posteriores, nos sentimos mejores personas e intelectuales al demostrar nuestra solidaridad con él. Luego nos hizo saber que, a partir de aquel momento, las cosas mejoraron para él, dejó de ser el escritor apestado y perseguido porque las autoridades le temieron a sus contactos en el país, sobre todo en La Habana.

Ahora que estamos en víspera de otro congreso de la UNEAC, recuerdo aquel que se hizo por la década del noventa, en el que después de la votación para nombrar los funcionarios, contábamos las boletas la profesora Ana Cairo, el funcionario de la Asociación de Escritores Roger Ávila y yo, y fue sorprendente la cantidad de artistas que eligieron a Guillermo Vidal. No hubo otro que alcanzara tantos votos como él, ni siquiera que se le acercara. Sin embargo, luego, cuando vi quienes quedaron elegidos, comprendí que las votaciones eran solo un juego, porque eran elegidos a dedo por Abel Prieto. A Guillermo Vidal no lo dejaron en ninguna comisión, ni en las de su provincia. Estaba maldito, en la lista de marginados.

Cuando falleció, causó un dolor infinito, imposible de describir. Llamé al Instituto del Libro (ICL), pues supe que designarían un transporte para trasladar escritores con el objetivo de que participaran en su sepelio y el talibán Iroel Sánchez, en ese entonces Presidente de esa institución, me aseguró que el microbús ya tenía los asientos asignados. Por supuesto, me mentía y lo intuí en sus palabras. Luego, los que hicieron el viaje en aquel transporte me aseguraron que no todos los asientos se ocuparon. Sentí mucho no estar en aquel último momento de despedida. Temían que allí se expresara la verdad a que lo condenaron en vida, cerrándole todas las puertas que él supo ganarse con su literatura, a golpe de talento; seguramente lo hubiera dicho.

No se puede hablar de la literatura cubana de finales del siglo XX sin mencionarlo en los géneros de cuento y novela. No obstante, a pesar de las miserias humanas que lo rodearon, y de las miserias materiales a las que lo obligaron a padecer, su genialidad de buen cubano bromista es lo primero que nos viene a la memoria cuando lo pensamos. Así quiero recordarlo ahora.

Las Ferias del Libro en la Habana se hacen en febrero y casi siempre coincidían con su cumpleaños, el día 10, que celebrábamos en armonía todos sus amigos. También celebrábamos el 14 de febrero: tengo uno de sus libros, presentado por aquellos días, y en la dedicatoria me recordaba que “a pesar de ser el día del amor, no me equivocara, que era un guajiro macho, macho”.

Tenía un ronquido espectacular, casi zafaba los clavos de las vigas y levantaba el techo; cuando te acercabas al cuarto, la primera sensación era que allí dentro rugía un león. ¿Resultado?: Nadie quería compartir el cuarto con él. Una vez, tarde en la noche en Ciego de Ávila, me encontré al escritor, tunero también, Carlos Esquivel, llorando literalmente en el lobby del hotel porque no podía conciliar el sueño con aquellos bufidos. Al otro día, cuando le conté la escena, Guillermo reía como un niño travieso, me pedía que repitiera el cuento para continuar divirtiéndose y llamaba a los demás para que escucharan de lo que era capaz de hacer sufrir inconscientemente.

En uno de los premios que ganó, fueron varios, tuvo la suerte de recibir dólares: entonces recibíamos su llamada telefónica diciendo que era un pariente de Rockefeller, y que estaba dispuesto a compartir su fortuna, así era de dadivoso. Ciertamente, a los pocos meses ya no tenía un centavo y él continuaba en su miseria material. Nadie salvo sus amigos y esposa, podía creerlo.

En una Feria del Libro en Guadalajara me dijo que a veces tenía la impresión de que el gobierno le permitía salir a ver si se quedaba y se libraban de él, y se reía imaginando el rostro de los funcionarios cuando lo vieran regresar. En una de sus visitas a La Habana me confesó lo sorprendido que estaba porque otro escritor le dijo que lo envidiaba y él no podía concebirlo porque no consideraba tener algún aspecto envidiable, y se reía. “Cuando regreso a mi casa de la universidad, a pleno mediodía, los autos me pasan por el lado y nadie me recoge, y me dejan envuelto en la polvareda al punto que dejo de respirar para no tragar el polvo”, dijo, y volvía a reírse. Entonces yo le decía que cambiaba toda esa pobreza por tener sus libros, que yo también lo envidiaba, y se ponía serio, y en tono respetuoso me preguntaba si lo decía en serio.

Así siempre me llega a la memoria, irónico como el perdón del cura después de confesar los pecados, y dulce como el tamarindo que les daba a probar a los dirigentes.

Este año se cumple el X Aniversario de su desaparición física. Y cada año, a pesar de que a algunos mediocres de la política y la cultura les conviene que se olvide, la impronta de Guillermo Vidal en la cultura cubana rebasa las fronteras y los regímenes políticos. Y se profundiza con el paso del tiempo, que era lo único con lo que no reía. Luchar contra el tiempo a través de la escritura era un ejercicio en el que apostaba su vida.

 

Publicado en OtroLunes

 

Para que Amnistía Internacional declare prisionero de conciencia al disidente cubano Angel Santiesteban
Angel Minit Lawton
Para firmar la petición siga el link:
https://secure.avaaz.org/es/petition/Para_que_Amnistia_Internacional_declare_prisionero_de_conciencia_al_disidente_cubano_Angel_Santiesteban/?fbss

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s