Una luz en mi camino

Alzo mi copa por el Día de la Libertad

El poeta y periodista Raúl RiveroDebo confesar que cuando a Raúl Rivero lo apresaron en la Primavera Negra y formó parte de “El Grupo de los 75” que buscaban un cambio político en Cuba, para ese entonces, yo no tenía conciencia política, o quizá no quería tenerla.  Mi pensamiento me protegía y necesitaba creer a mis maestros literarios que insistían en que la obra era lo primero y que desde la escritura debíamos luchar por el cambio, que los libros eran nuestros fusiles, y las palabras las balas.

No dudo que eso sea cierto, pero hubo un momento en que no me bastó, y así lo he reconocido en muchas ocasiones, y cuando desgarré la careta que cubría mi rostro -adherida allí desde mi nacimiento, curtida y aferrada a mi piel en todo el tiempo de mi educación-, entonces, sentí por primera vez el frescor, la brisa limpia acariciando mi piel.

Mi vergüenza me obligó a abrir el blog.  Sentí que tenía una doble deuda: con toda la lectura patria –donde percibí la necesidad de lucha– y con los semejantes de mi época, en particular y especialmente con el gran poeta cubano Raúl Rivero, que abandonó la vida de escritor pasivo con la que recogió grandes logros para convertirse en uno de los críticos más acérrimo del totalitarismo.  Hubo un instante donde todo comenzó, y su rostro, poesía y actitud ante la vida, hicieron presencia y quise continuar sus pasos. La varilla está muy alta, como su poesía.

Quizá no lo crean, pero en este momento, mientras escribo este post, fui interrumpido por el oficial Abat –uno de los tantos jefes de esta prisión–  e intentó imponérseme, quiso que lo atendiera para prohibirme que mis familiares vengan a verme. Al ignorarlo, me aseguró que iba a ganarme –supongo que se refería a una dosis de sufrimiento para mí– entonces le aseguré que jamás podría ganarme porque para mi una celda es una medalla de honor, pero que reconocía que sí podía hacerlo como sicario, abusador, débil hombría y varias cosas más que –en el acaloramiento– se me ocurrieron. Me gritó que me callara y le dije que nunca pudieron lograrlo, y menos podrían hacerlo un día como hoy. Al final, se fue amenazante, seguramente buscando ayuda en la Jefatura para hacerme pagar por mi rebeldía.

Hoy es el  Día de la Libertad de Prensa, y esta es la mejor manera que tengo de homenajearla. Y también es el mejor día para expresar mi gratitud hacia el gran Raúl Rivero, que alumbra el camino libre con su farol de poesía, que a su vez heredó del maestro de todos, José Martí.

firma-3

Ángel Santiesteban-Prats

Prisión asentamiento de Lawton. Mayo de 2014

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Para que Amnistía Internacional declare prisionero de conciencia al disidente cubano Angel Santiesteban
Angel Minit Lawton
Para firmar la petición siga el link:
https://secure.avaaz.org/es/petition/Para_que_Amnistia_Internacional_declare_prisionero_de_conciencia_al_disidente_cubano_Angel_Santiesteban/?fbss

 

 

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3 pensamientos en “Una luz en mi camino

  1. Connie Villar Di Nobile

    Admiro tu valor, porque en las condiciones que estás “alzar la voz” es casi un suicidio. Pero precisamente es lo que hace que en el fondo te respeten dentro de toda esa maraña de desigaldad a la que estás sometido. !Por eso te veo libre! Tus ideas siguen intactas, tus pronunciamientos no tienen barrotes, eres un preso “libre” y eso siempre es bueno. 😉

    Responder
  2. Pingback: Raúl Rivero, la voz de la dignidad | Los hijos que nadie quiso

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