Todos pagaremos por ser artistas honestos

Leonardo Padura

Foto: OtroLunes

Al leer el ataque de la izquierda intelectual al escritor Leonardo Padura, sentí en carne propia el dolor que siempre causa la injusticia. Cada intelectual de respeto recibirá en su momento el embate de la politiquería rabiosa en sus intentos por lograr que el artista, más que comprometido, esté doblegado ante la ideología que esa política representa.

Recuerdo que abrí el blog en el 2008 y, desde el principio, comenzó hacia mí un ajuste de cuentas, pues al inicio lo anclé al diario digital Cubaencuentro, y eso le cayó pésimo a las autoridades políticas. Algunos amigos, aquellos que yo sabía suelen ser emisarios del régimen para este tipo de ocasiones, pasaron por mí casa para aconsejarme que lo sacara de ese lugar: por supuesto, me negué. Por esos días me invitaron, junto a Leonardo Padura, al “Festival de la Palabra”, en Puerto Rico, y una vez que recibí la “carta de invitación”, me acerqué a la Unión de Escritores (UNEAC) para comenzar con los trámites, pues no es un secreto que ser miembro de esa institución concede al menos el único beneficio de pagar los caros trámites migratorios en moneda nacional, por lo que el gremio de artistas, se había convertido en una agencia de viajes para artistas. Solo bastó que entregara mi invitación para que se abriera la función del gran circo contra mi persona, pues supongo que hayan avisado a la Seguridad del Estado. De inmediato fue a verme una amiga, oficinista de la UNEAC, y me dijo que había escuchado problemas con mí viaje pues en ese lugar (Puerto Rico) se reunirían otros escritores de la diáspora y la Seguridad del Estado cubana quería impedirlo. Recuerdo que entre los invitados estaba el escritor Amir Valle.

Unos días después comenzaron las falsas acusaciones, ya no bastaron los envíos de emisarios políticos, ni la fractura del brazo que me hicieron en plena vía pública mientras me advertían que “no te conviene hacerte el contrarrevolucionario.” Una mañana me citaron a la Estación Policial para aplicarme una fianza de mil pesos. Al instante comprendí que se trataba de la forma que habían encontrado para no dejarme asistir al evento. Luego, el escritor Nelton Pérez, que me hizo el favor solidario de ir al banco y depositar la cantidad exigida como fianza en lo que yo permanecía retenido en la unidad policial, descubrió que, descaradamente, en los papeles burocráticos, se hacía constar que mi multa fue impuesta por la Seguridad del Estado cuando los supuestos delitos eran “comunes”. Una vez que comprendí que no podría asistir al Festival, me acerqué a Leonardo Padura para explicarle lo sucedido, y a su vez, pedirle que se lo trasmitiera a los organizadores del evento, además de mis disculpas y agradecimiento. Luego supe, por esos mismos organizadores, que una vez comenzado el evento quisieron hacer un manifiesto público en protesta por la medida que impedía mi participación, para que sirviera como solidaridad con mi causa. Entonces me explicaron que Padura había pedido no hacerlo, pues existía la posibilidad de que esas acusaciones fueran ciertas. Supuse que era probable que otros intelectuales (quizás esos mismos que en un principio me advirtieron que sacara el blog de Cubaencuentro) se hubieran acercado a Padura para contarle la versión oficialista, pues varios de esos intelectuales me confesaron tiempo atrás que son agentes de la Seguridad del Estado, trabajo secreto que aceptaron algunos cuando la persecución contra los homosexuales, pues fue la única forma de “demostrar” que, aunque no fueran héteros, podían ser “útiles” a la “Revolución”.

No niego que me dolió que Padura se hubiera dejado engañar, pero era su derecho, por lo que hice silencio y no me le acerqué nuevamente buscando una explicación coherente con la versión que me contaron. Aquellas acusaciones contra mí se alargaron, se profundizaron por cuatro años y en todos los medios al alcance de la Seguridad del Estado y los intelectuales que se sumaron a esa farsa, todo ese tiempo intentando doblegarme para que abandonara el blog. La solidaridad internacional fue in crescendo, y en una entrevista, sin esperarlo, me preguntan si Pablo Milanés o Leonardo Padura pudieran solidarizarse con mí causa. Respondí sin rencor, pero dije honestamente lo que pensaba, y puse de ejemplos la anécdota del músico Gorki Águila, que protestó en un concierto de Pablo, fue apresado y Pablo jamás levantó su voz para exigir la inmediata liberación del director de la banda de rock Porno para Ricardo. Y con Padura, recordé esta situación en Puerto Rico, donde yo suponía que Leonardo había preferido la versión oficialista. Aseguré que eran artistas que no enfrentaban al gobierno abiertamente que “jugaban con la cadena pero no con el mono”. No lo dije como una crítica, sino reconociendo el derecho que tienen los demás a elegir libremente cuál es su comportamiento frente a la situación que vive nuetro país, pues pienso que no se debe obligar a nadie a enfrentarse a la dictadura, ya que lo harán cuando sientan que ya no les queda más opción y que su alma se lo exige.

Por esos días me publicaban en Francia un libro de cuentos, el editor le pidió a Padura que escribiera el prólogo y Padura se negó por el resentimiento. Cuando lo supe, llamé a Padura por teléfono, intenté darle mi punto de vista y asegurarle que no se trataba de un ataque personal. En honor a la verdad, acepto que una vez arrinconado ante tanta injusticia en mi contra, tiré zarpazos a ciegas y lastimé a quienes no merecían. Padura me hizo saber que le dolía ese comentario al venir de mí, pues me consideraba su amigo, y me aseguró que siempre promovía mi literatura en cada rincón del mundo al que asistía, algo que en realidad me constaba por nuestra traductora francesa y otras personas, que fueron testigos de sus comentarios favorables a mi obra. Desde aquella conversación no volvimos a intimar. Amir Valle, que estuvo en el evento en Puerto Rico, me aseguró que fui injusto con Padura, y asegura que Leonardo continúa defendiéndome en privado.

Una vez preso, desgraciadamente, con ese convencimiento que habita en mí de que a cada intelectual honesto le tocará pagar cualquier criterio personal que se aleje de los márgenes permitidos por la dictadura, he sabido que le ha tocado el turno a Padura. Gracias a Dios que Padura, como algunos otros creadores cubanos, goza de un reconocimiento internacional, casi ya universal, que los convierte en piezas inalcanzables para la usual represión de la dictadura. Pero una vez que vi la concesión del Premio Nacional de Literatura, comprendí el trabajo de manipulación política al que tendría que enfrentarse. Leonardo, con sus libros y críticas sociales directas, siempre ha caminado sobre el filo de la navaja. Le han tolerado sus indirectas porque no mencionaba a los líderes nefastos del régimen totalitario; pero en los últimos tiempos ha comenzado a hacerlo y, además, una vez que se dice que la situación económica nacional es un caos y que es difícil estabilizarla, ya se está apuntando directamente a quienes son los autores intelectuales de tal desmadre en la nación cubana. En lo particular, el único punto en el que coincido con el artículo de Guillermo Rodríguez Rivera es que el Premio Nacional de Literatura se le debió conceder antes al escritor Eduardo Heras León, si pensamos la literatura como aporte cultural, social, capaz de contribuir con calidad en el ámbito narrativo, como es el caso de Heras león, independientemente de la referencia internacional y el éxito de ventas. Aclaro que no dudo que lo tenga la obra de Padura (que no he leído en su totalidad), solo que lo está haciendo ahora, y ya Heras León alcanzó hace muchos años la condición de clásico del cuento cubano, como se reconoce en todos los estudios del género; pero solo es mi humilde y transparente opinión. De todas formas, soy fiel creyente de que lo que el jurado propone como premio debe ser bendecido por el lector y festejo ese importante reconocimiento a la vida y obra de Padura, sin dejar de reconocer, repito, el sentido de manipulación, pues sabemos que según la conformación del jurado así será el veredicto. Supe que una vez publicados sus libros, entregado el Premio Nacional, era hora de mostrar comprometimiento, pero eso no llegó de parte de Padura: mantuvo su postura analítica y crítica sobre nuestra realidad, no hizo concesiones, por lo que era obvio esperar una reacción. El ataque de parte de los izquierdosos, no tanto de Rodríguez Rivera como del resto, ha sido para advertirle que puede comenzar su calvario, que pueden incluso obligarlo a emigrar (ya lo han hecho antes con otras figuras a quienes no podían reprimir por su reconocimiento internacional, pero a quienes prefieren tener lejos para evitar “contagios” en la manada de ovejas obedientes), un punto neurálgico para Padura, que se sabe y ha reconocido estar apegado a su familia, a su barrio y costumbres.

El oficialismo no entrega nada de gratis, aunque sea obvio que el artista lo merezca. Mi voz siempre se alzará contra cualquier injusticia. Supe que el error estaba en callar, pues los cubanos hemos creído que así, callándonos lo que pensamos, evitamos ser tildados de “malditos” por la siempre vigilante policía política cubana. Poco a poco, los honestos serán marcados, como ocurrió recientemente con el poeta Rafael Vilches, hasta que todos engrosen la lista negra en la que siempre estuvimos como “objetivos a vigilar” por el simple hecho de pensar diferente. Quizá para ese entonces, una vez calificados como “ovejas negras”, seamos fraternos y emplacemos a un gobierno que, desde su instauración en el poder, plantó su bota sobre nuestra creación y opiniones.

Declaro pública mi protesta contra la manera política de presionar al intelectual Leonardo Padura y convoco al resto de los artistas a que protesten sin miedo, y con razón, a favor de nuestros derechos de pensar, opinar y criticar, siguiendo sólo la lógica y el dictado de nuestros sentimientos y nuestra honestidad. Al menos para sentir que cuando recostemos las cabezas a la almohada, tendremos la tranquilidad de que la historia y nuestra nación mirarán agradecidas la dignidad que hemos elegido como estrella guía para el decursar de nuestra existencia.

firma-3

Ángel Santiesteban-Prats

Prisión asentamiento de Lawton. Mayo de 2014 ——————————————————————————————————————————–

Para que Amnistía Internacional declare prisionero de conciencia al disidente cubano Angel Santiesteban

Angel Minit Lawton

Para firmar la petición siga el link:

https://secure.avaaz.org/es/petition/Para_que_Amnistia_Internacional_declare_prisionero_de_conciencia_al_disidente_cubano_Angel_Santiesteban/?fbss

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