Lilo, un artista que se alimentó de la miseria

Lilo VilaplanaCuando comencé a trabajar en la televisión cubana, en la segunda mitad de los ochenta del siglo pasado, al primero que me presentaron fue a Lilo Vilaplana. Él ya era un Asistente de Dirección estrella, y le encomendaron enseñarme, en la práctica, sus conocimientos. De inmediato hicimos buenas ligas, y la amistad afloró como un duende que nos tomaba de la mano. Me uní a la posproducción de un serial infantil dirigido por Roberto Villar, y comenzaríamos a producir una aventura fantástica, escrita por la genial escritora Daína Chaviano.

En la edición del serial, pudimos ver desde nuestra cabina cómo acomodaron el juicio en la Causa N°1 del general Arnaldo Ochoa. Recuerdo que nuestro editor tenía fama de ser uno de los mejores en el oficio, y reconoció que el militar que lo hacía en la otra cabina era excelente. Por ejemplo, en las escenas donde el Fiscal de la República o Raúl Castro le hablaban a él directamente, suplantaba su rostro airado, a veces su sonrisa irónica, y lo mostraba cansado, hastiado y hasta quizá drogado, haciéndolo aparecer avergonzado de lo que le decían el Fiscal o Raúl, como alguien que reconocía que se había equivocado, y se lo merecía.

Aquello que viví junto a Lilo –y que quizás fue la primera injusticia a la que asistimos como testigos–  fue simiente de rebeldía. Tragamos aquello, y –en la juventud, con veinte años– puede que haya despertado nuestras conciencias. Casi treinta años después, los principios nos han hecho entrañar más el orgullo de ser amigos, a pesar de las distancias geográficas.

Recuerdo esos años de desarrollos humanos y artísticos, donde compartimos sus obras de teatro y mis cuentos. Tomados de la mano del duende perseverante, fuimos a proponerle personajes a Lili Rentería, a Jacqueline Arenal, quien rechazó un personaje de princesa porque prefería ser la bruja. Una vez, en los Festivales de Humor “Aquelarre”, estaba con mi pareja intentando conseguir acceso y, cuando parecía que ya era imposible por todo el púbico que aún quedaba afuera, vi pasar a Lilo en una fila de cinco personas que le abrían paso entre el tumulto contenido por policías y sogas. Lo llamé y se detuvo con una sonrisa que aún ahora –al recordarla– me emociona; ya no tuve que decir más, me tomó por el brazo y me puso delante de él.

Siempre fue así de entregado; creo que las penurias vividas nos han puesto en el mismo bando, pues siempre he reconocido que tuve una niñez llena de miseria, mi madre –sola– crió cinco hijos, y a veces teníamos que ir a la escuela con huecos en los zapatos, o en los inviernos, quedarnos dentro de la casa porque no teníamos abrigos.

escena de La muerte del gato

Escena de “La muerte del gato” con Albertico Pujol.

Jamás olvidaré que Lilo, cuando decidió hacerse artista, lo primero que comprendió es que no podría alcanzar sus sueños en su natal y querida Nuevitas, por lo que “enloquecido”, llegó a La Habana sin conocer a nadie; esa fue la gran asignatura de su vida, pues dormía en las funerarias o se infiltraba en las piscinas de los hoteles para bañarse. Su primer gran triunfo fue conseguir trabajo en el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT); su segundo triunfo fue un alquiler en el edificio que colinda con la Catedral, en La Habana Vieja. Era una pequeña habitación sin baño ni cocina, que él celebraba como si viviera en un palacete. Entrar en esa ciudadela era como arribar a un gigantesco hormiguero. El baño era colectivo y Lilo me contó que cuando las mujeres se bañaban, los maridos tenían que protegerlas para que no fueran fisgoneadas. La ciudadela que Lilo recrea en su corto “La muerte del gato”, está basada en aquella donde vivió, muy cerca de su amigo Raúl Guerra, donde  me llevó una vez a escuchar su maestría; allí también  conocí a su hija, que estaba en ese intervalo de abandonar la niñez y entrar en la adolescencia, y que luego sería esa excelente escritora que es hoy Wendy Guerra.

lilo vilaplana directorTodo este preámbulo en la vida de Lilo fue tejiendo, o más bien soldando a sus huesos, esas historias que –por momentos– no sabes si reír o llorar, porque transita en los dramas sociales tan extremos que los cubanos –y así lo imitan los artistas– matizan con humor, para evitar el melodrama, y que sirve como válvula salvadora, al dejar escapar la presión. Todas esas premuras, tristezas y miserias humanas con las que Lilo convivió, le sirvieron –además de alimentar y fortalecer su creación– para –por segunda vez– llegar a una ciudad desconocida, además en un país ajeno, y en el caso de Lilo, superar todos los obstáculos obvios para cualquier inmigrante que, por suerte, llegó con dos maletas, una de oficio y otra de talento.

Acompañar a Lilo Vilaplana, en cubanía, arte, amistad y oposición a la dictadura, es uno de los mejores regalos que la vida me haya regalado.

firma-3

Ángel Santiesteban-Prats

Prisión asentamiennto de Lawton. Junio de 2014

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Para que Amnistía Internacional declare prisionero de conciencia al disidente cubano Angel Santiesteban

Angel Minit Lawton

Para firmar la petición siga el link:

https://secure.avaaz.org/es/petition/Para_que_Amnistia_Internacional_declare_prisionero_de_conciencia_al_disidente_cubano_Angel_Santiesteban/?fbss

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3 pensamientos en “Lilo, un artista que se alimentó de la miseria

  1. Mile

    En este globo terráqueo hay personas con dificultades, obstáculos, miedos, y aun mas triste creyendo que muchas veces faltan oportunidades o mas bien no las saben buscar (me incluyo), pero lo mas importante es nunca dejar de soñar, el que no sueña esta muerto en vida.Con grandes potenciales y vocación y también pasión. Nos dejamos apabullar por tal vez la situación que vivimos en nuestras vidas, pero nos falta verraquera y decisión para un día decidir algo y simplemente hacerlo sin mirar atrás.
    Dejar los miedos e inseguridades que bloquean nuestros sueños. Lilo te admiro por que no fue fácil, pero un día tomaste una decisión que es una de las cosas mas duras del ser humano. No es por ser lambona o mucho menos de verdad lo admiro mucho, por que hay muchos directores buenos, pero es mas que eso, un gran ser humano con la gran fortaleza de amar sus sueños y salir a buscarlos.

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  2. rebeca Ulloa

    CIERTO, BONITO, HERMOSO Y EMOTIVO… QUE MAS SE PUEDE DECIR … UN TEXTO REALMENTE MUESTRA DE CUANTO CONOCE Y QUIERE A LILO… UN ABRAZO PARA LOS DOS…

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  3. Carlos Antonio Vilaplana Santaló

    Muchas gracias Angel por este relato dedicado a mi hermano..asi mismo es la historia,yo iba de Camaguey a visitarlo a la Habana y aquel baño colectivo del apartamento al lado de la Catedral de la Habana Vieja era terrible,muy frio..pero la pasabamos bien…es bueno tambien citar aqui que cuando nos encontramos tú y yo casi 20 años después en la BNJM en la catedra transdisciplinaria en honor a “Vicente Antonio de Castro y Bermúdez” y escuchaste mis apellidos y nos miramos,nos pusimos de pie y sin respetar a los presentes incluyendo al Dr. Eduardo Torrres Cuevas,nos dimos un fuerte y eso dice mucho,de la gran admiración y cariño que sientes por mi hermano,asi mas de una vez agradezco tu tiempo y tus palabras.

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