La Feria del Libro que ya no es (II)

Como les contaba con anterioridad, al reunirnos en la Feria Internacional del Libro de La Habana, tras cada año de avatares en nuestras vidas, descargábamos el miedo acumulado y esa frustración impotente de sabernos ignorados, porque simplemente no éramos más que jóvenes escritores esforzados por aprender el oficio y mantener una actitud honesta.

Guillermo Vidal y Alberto GarridoLa reacción de molestia fue generalizada al conocer que la iglesia cristiana del Pastor Mayín, padre espiritual de Guillermo Vidal y Alberto Garrido, allá en Las Tunas, fue cerrada aludiendo a trámites burocráticos con la vivienda donde realizaban el culto. Luego, cuando el propio Garrido fue aprobado como Pastor, creó su congregación a las afueras de la ciudad, precisamente allí, donde más lo necesitaban Y como gestión solidaria, los escritores invitados a la extensión de la FIL en Las Tunas, acudimos al paraje donde destinó su iglesia, que ya le habían desarmado, tabla a tabla, para negarles la posibilidad de reunirse; y supimos admirados que, como ejemplo de resistencia, construyeron una carpa con retazos de lonas y telas viejas, que asemejaba a un circo de camino. En su interior se encontraban improvisados bancos con tablas y piedras que ellos mismos traían. El viento soplaba las lonas que parecían las velas de una nave en medio de la nada. Los rayos del sol agitaban el espacio, y un sopor abrazaba hasta dificultar la respiración, sin que nadie se quejara, y el Pastor Garrido, a estas alturas escritor en sus ratos libres, continuaba sin titubear, porque los asistentes rogaban que no dejara de hacerlo, y comenzaba a llover y se le veía esconder la biblia y sacar sacos y nylon para cubrirse, para permanecer lo más cerca posible de ese Cristo que se revelaba en aquel mísero lugar donde trascurrían sus tristes vidas, el único sitio donde se sentían felices, aquellos padres juntos a sus hijos.

Las noches eran las mejores, solo que después había más dificultad para abandonar y regresar a sus casas; pero cuando ocurría era como un videojuego, por los huecos del techo se veían las estrellas, lechuzas, un pedazo de luna, conformaciones galácticas como la Osa Mayor, cocuyos, y a veces, con suerte, hasta la barba de Dios. Finalmente, como el Pastor Mayín imaginaba, tuvieron que abandonar el inhóspito lugar, rodeado de tierra árida y marabú.

Luego supe que la realidad descarrió a varios de los niños que acudían al llamado que el gobierno les negó. Dos varones fueron presos, una hembra se prostituyó, y otras dejaron la escuela en edades tempranas y se cundieron de hijos de varios hombres.

En aquel entonces, todas estas injusticias nos hacían brotar el vigor, sobre todo cuando le ocurría a cualquiera de nuestro grupo de jóvenes escritores, amigos. Como ya es sabido, la gran mayoría de aquellos participantes en las Ferias del Libro abandonaron el país buscando libertades que acá no encontraron o les fueron negadas; algunos, lamentablemente, fallecieron. Y lo cierto es que toda aquella unidad se fue resquebrajando hasta desaparecer, aunque en nuestras mentes aun permanezcamos unidos.

firma 3

Ángel Santiesteban-Prats

Prisión Unidad de Guardafronteras. La Habana. Febrero de 2015.

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