Último abrazo de Eduardo Galeano

Eduardo GaleanoLo conocí por el comienzo de la década del 90. Me lo presentaron después de leer uno de mis cuentos y le había gustado. Me dedicó sus libros que guardo con celo. Por aquellos años lo acompañé, en unión de su esposa Helena, a unas vacaciones en Varadero. Me pedían que deseaban conversar, escuchar a los cubanos de a pie, y querían comparar las poblaciones de La Habana y Varadero. Dialogaban con las personas como si las conocieran de siempre.

Lo acompañaba esa sensibilidad que a uno como artista nos gustaría poseer. Recuerdo aquella viñeta donde un niño observa a un escultor golpear una piedra bruta. Luego comienza a dar forma y surge la silueta de un caballo. Y entonces el niño sorprendido, curioso, le pregunta al escultor cómo sabía que allí, dentro de la piedra, había un caballo.

Galeano, que fue un perseguido político por otra dictadura, tampoco se salvó de la censura cubana. De sus libros cercenaron algunas páginas que Fidel Castro y sus ideólogos de la cultura no le aceptaban. Soy de la opinión que Galeano nunca se los perdonó. Cuando rompió con Cuba e hizo declaraciones contra el régimen, entonces no lo perdonaron a él, el distanciamiento se mantuvo hasta su muerte. Desde entonces Galeano y Cuba se evitaron. Asi sucedió con la “revolución sandinista”, con quien tenía estrechos lazos de solidaridad, y una amistad profunda con el comandante Tomás Borges. Cuando ocurrió la “piñata”, y esos comandantes se repartieron algunas riquezas del país y se convirtieron en millonarios, incluyendo al actual presidente Daniel Ortega, entonces Galeano, que fue un hombre transparente y honesto, decidió alejarse también; pero solo físicamente porque en los últimos tiempos fue uno de los activistas más acérrimos al proyecto del canal transoceánico en Nicaragua por los daños ecológicos que causará.

Cuando en una de las últimas entrevistas que concediera, vimos por Telesur cuando el entrevistador le pregunta “qué desea para su país una vez que Tabaré Vázquez asuma el gobierno de su país, Galeano evita la respuesta y tampoco responde la siguiente pregunta sobre la política de su país, y con la que dejó inferir tampoco tener buena relación. Galeano trasladó, o viceversa, esa sensibilidad que reflejaba en sus libros, a sus actos de vida, sin importarle las banderas o las esquinas de las militancias políticas, salvo su transparencia y su alma.

firma 3

Ángel Santiesteban-Prats

13 de abril de 2015

Prisión Unidad de Guardafronteras

La Habana

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