Evo Morales, el disidente que fue abusado

Evo Morales en los primeros tiempos

El presidente boliviano, en la Cumbre de las Américas, relató ante los periodistas las detenciones, humillaciones y violaciones de los derechos humanos que sufrió en su momento de opositor al oficialismo en su país, a partir de que comenzara su activismo en los movimientos sindicales, allá por 1988. Es entonces inaudito que ese mismo ser humano, estadista y político, que confiesa los sufrimientos que le inflingieron los regímenes extremistas de su tiempo, sea quien hoy defienda la dictadura de los hermanos Castro, que comete las mismas violaciones de los derechos humanos contra la oposición cubana. Debería suponerse que se solidarice con los abusados de hoy. Pero, como dicen, “con las glorias se olvida la memoria”.

Aunque quizás no sea tanta desmemoria, sino el precio a pagar porque en realidad fue escogido por Fidel Castro para alcanzar la presidencia de su país, aportándole apoyo económico, estratégico, de seguridad personal y de espionaje. Igual hizo Fidel con otros que hoy integran esa mafia latinoamericana de presidentes “izquierdistas”: Hugo Chávez, Nicolás Maduro, Lula da Silva; o incluso Ollanta Humala en Perú, quien ha tenido que pagar el favor calladamente, porque en su país le ha sido imposible imitar a Venezuela, Bolivia, Ecuador.

Tampoco se puede negar que, desde el ascenso al poder, Morales ha conseguido una mejor situación para la clase humilde, desarrolló la economía y ha creado mejores oportunidades y condiciones en general para su pueblo, aunque lo más notable sea haberle devuelto los derechos ciudadanos a la población aborigen, olvidada y desfavorecida por siglos.

Hasta aquí, el presidente Morales habría pasado a la historia como el mejor jefe de la tribu nacional, y lo escribo con respeto. Pero ese empeño de trabajar para desarrollar el país ya no es suficiente para Evo Morales, como tampoco lo es para esos otros mandatarios izquierdistas en el continente a los que llamo mafia, en la que agrupo a Venezuela, Cuba, Nicaragua, Ecuador, Brasil, Argentina, Bolivia y, en menor medida por sus caminos más independientes de los dictados de Cuba, Uruguay y algunas pequeñas islas del Caribe. Continuando la modalidad de dictaduras populistas, Morales manipuló la legislacion para alcanzar la reelección indefinida y eternizarse en el poder. Al hacerlo, se traicionó a sí mismo, pero el mayor daño se lo hizo a su nación, al clavarle un puñal en plena espalda a la democracia, pues garantiza para él, y para quienes puedan sustituirle cuando decida abandonar el poder, la oportunidad del sostén de una dictadura apoyada desde el Parlamento.

Evo Morales, que tenía la responsabilidad de velar por esos términos democráticos, violó el código de su propio apellido al profanar y raptar la democracia. Pero, por suerte, una luz avisa el posible amanecer, también indígena aimara, joven, mujer, pedagoga: la alcaldesa Soledad Chapetón Tancara, de El Alto, la segunda ciudad en importancia en Bolivia.

Evo Morales en el gobierno

Jugar a ser dictador es un proceso de degradación lenta, como quien cae al vacío e intenta sostenerse de algunas ramas. Pero es una caída, al fin y al cabo. Cuando las encuestas y los asesores le sugirieron a Evo Morales la posibilidad de que el Movimiento al Socialismo de Bolivia (MAS) perdiera algunos municipios de los más importantes, amenazó a esas ciudades con “retirarle el apoyo económico”, y eso fue solo el comienzo del descenso.

Lo innegable es que abrió las puertas para él u otros con intenciones absolutistas, y ahí radica el peligro: cometió la estupidez de soltar de la mano a un niño en la calzada. Generalmente, esta estupidez termina con mucho sufrimiento y sangre. La equivocación de Morales borrará cualquiera de las mejores acciones nobles y altruistas emprendidas en su gestión de primer mandatario a favor de su pueblo, que ya ha comenzado a retirarle la confianza; demuestra, una vez más, que superar una década en el poder conlleva un desgaste y deterioro de imagen que suele finalizar, inevitablemente, en la animadversión general de sus propios ciudadanos.

La Sole  triunfa   en El Alto

Perder el municipio de El Alto es el primer aviso. Ahora le toca el turno a su alcaldesa Soledad Chapetón Tancara, quien muestra saber lo que desea y hacia dónde quiere llevar a su pueblo, y que éste se lo agradezca. Evo Morales intenta demostrar que lo ocurrido no tiene la menor importancia y que todo marcha bien. Ojalá supere sus dolores partidistas y coopere con la joven aimara, quien pide “menos ideología y más transparencias” y ofrece nuevas propuestas para el desarrollo de su nación. Recordemos que el voto de castigo a Morales fue en parte por la corrupción de las autoridades en esos municipios, derivada de la falta de control del presidente en su dedicación obstinada a fabricar una guerra contra Estados Unidos.

Soledad Chapetón se mantendrá hasta el 2021 en la alcaldía de El Alto, y luego, según desarrolle su gestión, será una posible candidata por el partido Unidad Nacional junto a su líder, el empresario Samuel Doria Medina, quienes tendrán el reto de sanar esa herida en la Constitución de su propio país; una herida que deja abierta una vía franca para que se instauren autócratas que anteponen sus ideologías como mantos favorables a sus apetencias y ambiciones de carácter personal. Por supuesto, antes de sanar la herida hay que retirar el puñal.

Evo Morales en Panamá

Cuando Evo Morales terminó de contar sus historias de abusos en una de las salas dispuestas durante la Cumbre de Panamá, comenzaron las preguntas de los periodistas, quienes se mostraron impacientes, ya que en aquellas palabras el presidente boliviano jamás había tocado esos delicados temas que tanto le molestan. Se encontró delante de un grupo de profesionales, entre los que había algunos censurados por él mismo en sus espacios oficialistas, donde siempre se escoge a quiénes serán invitados y qué preguntas harán. Cuando un periodista le preguntó cómo era posible que, con su experiencia como víctima del abuso de los poderes políticos, apoyara al régimen totalitario de Castro, que comete los mismos actos de atropellos que contra él cometieron otros gobiernos, Morales se lanzó encima un balde de lodo, pero de alcantarilla, e intentó, esgrimiendo un vergonzoso cantinfleo, justificar a quien comete en el presente contra el pueblo cubano lo que él acababa de criticar como vivencia personal.

Por cierto, una observación curiosa: en la comparecencia de Raúl Castro en la Cumbre (aquellos doce minutos que multiplicó; entiéndanlo, le es imposible no violar lo establecido), no se refirió a la más publicitada de las exigencias del gobierno de Evo Morales: la salida de Bolivia al mar, a pesar de mencionar otras importantes exigencias de ese grupo mafioso de acólitos: la condena al decreto de Obama contra Venezuela, el derecho de Argentina a las islas Malvinas, el freno a las transnacionales que “contaminan” el suelo en Ecuador, la “descolonización” de Puerto Rico, la pobreza en Haití, la paz en Colombia. Pero la exigencia de Evo Morales no fue mencionada, quizás para no molestar a Bachelet. No me extrañaría que esté por firmarse en Chile algún convenio jugoso o ayuda financiera para Cuba.

Morales se mostró nervioso cuando le dirigieron la pregunta, miró al periodista como a un bicho raro, seguramente con más ganas de lanzarle el micrófono que responderle y, buscando tal vez un alivio salvador, se le ocurrió preguntarle si era periodista, quizás para en caso de que no lo fuera, negarle sus palabras. Pero su interlocutor asintió, no dejándole otra opción decente al presidente que responder, o al menos intentarlo, como finalmente hizo.

El mandatario sabía desde antes de comenzar que se lanzaba al ridículo y extrajo palabras forzadas, acudió a frases hechas, leídas, aprendidas en el mayor momento de rigor educativo que ofreciera Cuba a esa alianza mafiosa, consciente de la cuota de impudor asimilable por obligación como parte del carnet de afiliado a la mafia de la “izquierda” latinoamericana. Un peligroso cuchillo de doble filo que, por esta vez, hirió a su portador, alejándolo, si alguna vez estuvo cerca, de ese vociferado anhelo izquierdista de convertirlo en premio Nobel de la Paz, cuando en realidad cada paso suyo demuestra que se prepara para una guerra y, aún peor, para una guerra con su propio pueblo y hermanos aimaras.

Evo Morales en Panamá

El soberano boliviano, mientras intentaba garantizar que ese lodo de alcantarilla no lo ahogara, citó las palabras que le dijera Fidel Castro: “hay que compartir lo que tenemos, no lo que nos sobra”. Pero Castro no le habló del precio que ha pagado por décadas, por más de medio siglo ya, el pueblo cubano, por esa obsesión narcisista de alcanzar un nivel preponderante a escala internacional, sin que le importe el sacrificio que ha hecho padecer a su pueblo, aplastando generaciones de cubanos, una tras otra, y lo peor, convertirlas en generaciones perdidas socialmente, como echar ofrendas en sacos vacíos, tirar víctimas…; en definitiva, considerándolos seres humanos prescindibles, a los que siempre vio sólo como cifras. Si algo no tuvo Fidel Castro fue espíritu de benefactor, y los hechos lo prueban. ¿O es que acaso puede llamarse benefactor a quien cobra cientos de millones a Venezuela en petróleo, a cambio de los colaboradores cubanos emplazados en aquel país, casi tomado por Cuba? ¿Es benefactor quien cobra a Brasil un dinero contante y sonante por los médicos que les alquila, pagándoles a estos salarios de miseria y embolsillándose la mayor parte de lo que paga por cada médico la nación carioca? Eso, solo por citar dos países de los tantos donde prolifera ese negocio de esclavitud del siglo XXI impuesto por Fidel Castro, cuando se sabe que aquel profesional que se niegue luego de ser escogido, puede olvidarse de recibir ingresos en su especialidad en aras de superación, o de entregas materiales por su trabajo. La otra parte que acepta, dolorosamente, lo hace obligado por la depauperada situación económica que enfrenta su familia.

Quizas un día se dedique un estudio al costo marital que ha tenido esta separación, esta lejanía de parejas, lo desprotegidas que quedan familias e hijos. Los divorcios, a partir de esa separación física, alcanzan un promedio muy alto, lo que hace aún más lametanble y vergonzoso que al final esos “internacionalistas” reciban una ínfima parte del pago que el gobierno se encarga de cobrar; un pago miserable que a los meses se ha evaporado, por lo que algunos deciden prestarse nuevamente a la esclavitud y así logran dos o más colaboraciones en otros países. Tuve un conocido que se mantuvo seis años en Venezuela, mientras en Cuba aguardaban su mujer, dos hijos y sus padres ancianos; y lo hacía así, planificadamente, para resolver las calamidades familiares y poder celebrarle los quince años a su hija con un poco de decoro.

medicos  agentes cubanos en Bolivia

Evo Morales sabe, pero parece no querer ver por pura conveniencia, que todos los graduados extranjeros en Cuba, miles, hoy profesionales en sus países, se convierten en su gran mayoría en agentes, canteras ideológicas, aliados silenciosos del gobierno cubano que en muchos casos han ascendido a cargos importantes en sus gobiernos, con toda la intención de influenciar en esas naciones, una vez que la era de las guerrillas ha pasado. Solidaridad, ninguna. Castro pensó muy bien sus planes de poder global. Les dio las escaleras para alcanzar el poder a Chávez, Maduro, Lula da Silva, Evo Morales, entre otros, pero a crédito, y cobrarles significa destruir esa escalera, arrebatarles ese impulso inicial y lanzarlos a lo peor de la historia de sus países.

En resumen, Evo Morales más que un satélite, como el que recién lanzó al espacio, necesita un chamán que le aclare y alumbre la realidad de hoy y del futuro, y que, además, le haga reflexionar en la pregunta de oficio que le hiciera el periodista en la Cumbre de Panamá: ¿Y usted, Evo, es presidente?

firma 3

Ángel Santiesteban-Prats

16 de abril de 2015

Prisión Unidad de Guardafronteras

La Habana

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