#Cuba “La prisión definió mi vida la primera vez. Y la segunda fue una reafirmación.”

Foto: Claudio Fuentes

Foto: Claudio Fuentes

Conversación con Ángel Santiesteban-Prats

Elisa Tabakman, editora del blog “Los hijos que nadie quiso”.

A pocos días de cumplir dos meses en “libertad”, Ángel reinicia la actividad con su blog y su literatura. Antes de publicar el primer post de esta nueva etapa, nos habla de sus experiencias como escritor dentro de la cárcel y de sus proyectos inmediatos.

Ángel, si te atreves, hablemos de tu experiencia desde otra perspectiva. Tú, como creador y artista que eres, sabes perfectamente que cuando uno acaba una obra, un libro en tu caso, suele quedarse la mente en blanco, es un estado que ha sido descrito como bloqueo del escritor o síndrome de la página en blanco. Nos afecta a todos los que realizamos actividades creativas, y hay múltiples factores que pueden desencadenarlo. Ahora que has salido en “libertad”, ¿te enfrentas a una etapa en “blanco”, como si la experiencia carcelaria la pudiéramos leer en clave “obra”?

No es exactamente así lo que me sucede. Tengo múltiples proyectos y tengo muchos deseos de retomarlos pero organizo mi vida, si se puede decir así. Lo que ocurre exactamente, según lo veo, es que caí con un paracaídas en un campo de batalla, que es como interpreto la situación de los disidentes contra la dictadura. Apenas mis piernas tocaron el piso, he estado inmerso en las dificultades como arrestos, abusos y persecuciones que ocurren en el día a día de los opositores, y realmente he tenido poco tiempo para mi espacio personal, para mi cosecha literaria, aunque sí, por encima de todo, he tenido mi tiempo para con mis hijos.  Mi pensamiento político está cerca de la visión del Foro por los Derechos y Libertades, allí tengo confluencias con Berta Soler, líder de las Damas de Blanco, Ángel Moya, Antonio Rodiles, entre otros activistas defensores de los derechos humanos. A ello he dedicado este mes y medio de salir de la prisión. Es decir, que no ha sido porque tengo la hoja en blanco, todo lo contrario, tengo diversos temas para llenarla, quizá demasiados, aunque no me quejo, todo lo contrario. Pero me he impuesto que para febrero debo tener revisada la novela “Dios no juega a los dados” y algunos cuentos que trabajaba en los días finales en la prisión.

Has contado en varias entrevistas que durante todo el presidio has estado en cotas máximas de creatividad y de productividad, incluso que durante los momentos más duros, más y mejor has escrito. El cuento que has escrito para mi obra-homenaje a los niños de Terezín, ha sido uno de los tantos ejemplos de ello, me has dicho muchas veces cómo te ha servido de tabla de salvación el escribirlo. ¿Puedes tratar de explicarme cómo se hace para crear “belleza” de tanto horror, horror el que vivías y horror el que narras en el cuento, y en todos los cuentos que escribiste en la cárcel sobre temas carcelarios?

Creo que era Freud que decía algo así como que el artista es un loco que se escapa de su realidad a través de la creación. Y si a eso le sumas que ese artista tiene en derredor circunstancias adversas, doble será la necesidad de abandonar esa realidad que lo circunda. Creo que usé esa manera de evadirme de aquella calamidad. Y escribí y escribí y escribí, esa fue mi salvación. Les escribía cuentos a los presos para que participaran en los concursos municipales e interpresos, porque les rebajaban dos meses de condena. Y varios se me acercaron para que los ayudara. Una vez, en la prisión 1580, se los llevaron con esos cuentos que escribí para el concurso municipal de Talleres Literarios; cuando regresaron, todos venían premiados, y no lo digo porque los escribiera yo; es que gracias a eso, les rebajaron sesenta días, que pueden parecer poco, pero un día en prisión solo se sabe lo que cuesta cuando se vive en carne propia. Es decir, que la literatura también sirvió para eso mientras me encontraba recluido. La mirada del artista siempre es sorprendente. Lo que para algunos es intrascendente, para un creador es vital. A veces lo más sencillo luce desgarrador, y viceversa. Lo cierto es que mientras uno describe, se sufre a la par de lo que cuentas. Uno siente que por dentro algo envejece, cambia, definitivamente se convierte en diferente. El artista es un sufridor por oficio. Tienes que sentirlo, palparlo, ser parte de esa carne, de esa alma que agoniza y que describes, si no es insustancial. Y buscar, descubrir lo esencial, maravilloso y original, es lo que realmente te convierte en artista o no.

Tú tienes un don, solo así es posible hacerlo, pero más allá del don, hay algo que tiene que ver con el “espíritu” de lucha, con no dejarse vencer, ni por los verdugos ni por las circunstancias, el poder revertir la más cruel realidad en algo positivo, como lo es –en tu caso- una literatura rebelde, que si bien busca denunciar y aportar a la sociedad y a la justicia de tu tiempo, lo haces con un arte envidiable. Creo que si transmites esa experiencia, los mecanismos para lograrlo, puedes aportar algo muy positivo a muchos otros que pasan por circunstancias similares. Pienso en Danilo Maldonado, El Sexto, y en todos los dibujos que saca de la prisión también, y no puedo dejar de recordar lo que siempre dices, que habiéndote encerrado siendo inocente, no ha hecho más que acrecentar tus fuerzas, y agrego yo, tu talento. Creo que en el caso de Danilo, cometen el mismo error que contigo. Siempre decimos, y parece un lugar común pero no lo es, que el peor enemigo de la dictadura es ella misma, pero viéndolos a ustedes dos, creo que se está convirtiendo en una “usina” de talento, y creo que deberíamos incentivar a los demás presos políticos a que desarrollen algún talento que seguro tendrán oculto…

Hemingway decía que había dos cosas que nos hacían quemar etapas: la guerra y la cárcel. Creo que tenía razón. Todos los días tienes que superarte como artista, como reo y como enemigo político de los carceleros que cumplen órdenes de la policía política que se oculta detrás de ellos. Descubres que eres enemigos de todos de una forma u otra, porque donde quiera que te ubiquen, adquiere el lugar un operativo especial, que es contigo, por tu carácter de disidente, pero al extremarse la vigilancia afecta al preso común. Algunos con los que hice amistad y no tengo dudas que me tomaron afecto, me decían que me iban a extrañar pero que deseaban que me llevaran lejos de ellos para poder vivir con menos presiones, porque las medidas y vigilancias que tomaban conmigo los afectaba. Gracias a mi primera prisión, a los diecisiete años, por acompañar a mi familia a la costa para escapar a Miami, fui encarcelado por catorce meses; luego, el día del juicio salí absuelto, aunque mis familiares fueron sancionados a diez años de cárcel cuando fueron sorprendidos en alta mar, y allí, en las galeras de la prisión La Cabaña, encontré que mi vocación era la de escritor. Quizá nunca hubiera encontrado esa aptitud si no hubiese estado allí, o me hubiese tardado más años en encontrarla. Lo cierto es que me hice escritor gracias a esa prisión, y luego obtuve el premio Casa de las Américas con aquellas experiencias. La prisión definió mi vida la primera vez. Y la segunda fue una reafirmación.

También has escrito por ahí algunos cuentos que no tienen nada que ver con los temas trágicos que siempre has tratado. ¿Crees que son solo una experiencia pasajera o te han abierto nuevos lenguajes expresivos?

Siempre tuve esas maneras de escribir, siempre me acompañaron, pero un poco que fui encasillado. En las antologías me pedían ese tipo de literatura, que fuera dura e impactante. Y los libros míos tienen ese tipo de historias; pero tengo dos libros de cuentos de absurdo que muchos lectores no asocian conmigo. Cuando me pediste que escribiera esa historia de los judíos en la segunda guerra mundial, lo hice para complacerte, pero una vez que entré en ella ya no pude dejar de vivir el horror, y así lo sentí y así lo trasmití… al menos lo intenté. Quizá a muchos les parezca una literatura menor porque no lleva esa dosis de realidad cubana; pero uno es artista para todos los tiempos.

Tú eres reconocido como uno de los grandes cuentistas de tu generación, y prueba de ello son los premios que has recibido. Pero también has escritos varias novelas, y aunque solo has publicado una -y estando en prisión- has obtenido con ella el Premio Franz Kafka de Novelas de Gaveta en 2013. ¿Estamos también frente a un gran novelista? Es un género al que un poco te resistes todavía, pero con semejante debut, imagino que ya no opondrás resistencias….

Bueno, siempre que escucho eso de gran cuentista me asusto, realmente me niego a pensar en eso y cuando lo dicen o escriben trato de que no entre en mí esa idea, aunque respeto las opiniones; pero creo que es sano no creérselo. Las novelas me cuestan mucho trabajo. Dicen que se necesita un aliento más largo. Cuando escribo un cuento es como si me afiebrara. Una novela es de más oficio, hay que engañarse porque la fiebre no te puede durar todo el período de creación. Le temo mucho a perder el tono, por eso tengo que escribirla sin detenerme. Por lo general, lo perfecto sería que me aislara, me escondiera y escribiera sin detenerme, que nada me moleste, es decir, que tendría uno que zafarse de la realidad, y a veces eso no es posible, aunque repito, parece ser lo perfecto para la salud literaria. Sin embargo, el cuento me sale de un tirón. Recuerdo una vez que necesitaba ochenta cuartillas para un libro de cuentos pero me faltaban unas veinte, y me senté y escribí “La Puerca”, y cuando medí me faltan otras diez cuartillas, entonces me volví a sentar y escribí “La Perra”. No me habría percatado de ello si en mi casa no se encontrara en aquel momento un colega y por su asombro comprendí lo que había hecho en un rato. Pero la novela es otra cosa muy diferente.

Alguna vez dijiste que la poesía es el género mayor de las letras. En la 1580 escribiste una poesía que publicamos en el blog, “Dios S.A.” ¿Tienes en mente crear más poesías?

Siempre pienso que la poesía es la madre de todos los géneros y las variantes del arte. Y a ella va mi respeto y consideración mayor. Es la semilla del universo artístico. Y pido perdón por aquella herejía cuando la escribí en la celda de castigo. Estaba aislado y en huelga de hambre y solo describí lo que me sucedía. Lo de la cucaracha fue cierto, así como el sueño con mi madre, y comencé a escribirlo en las paredes. Los oficiales venían e iban leyendo cada verso. Lo hacían en silencio. Estuve dieciséis días plantado y pensé que me iba a morir, esa era mi determinación. Pero me trajeron a un familiar que de cierta manera me humilló porque me hizo ver como un cobarde. Me dijo que yo pude irme del país antes de que me encarcelaran y no lo hice, alardee de que deseaba ir a prisión, y era cierto, yo lo quería, entonces me dijo que lo demostrara, que mi trabajo como escritor y artista era escribir lo que vería allí, que no fui a la cárcel para ser mártir ni nada parecido. Que en ese momento me portara como un hombrecito y entrara para aquellas barracas y escribiera, que usara mi oficio como arma de lucha, que eso les iba a hacer más daño que mi muerte, que más bien interpretarían como un favor por el odio que me tenían. Y comprendí, y me fui a las galeras a escribir. Entonces luego supe que tenía razón.

El hecho de haber escrito a escondidas, en papel y lápiz, siempre vigilado, representa un enorme desafío para un espíritu como el tuyo. Eres de los que se crecen en la adversidad. ¿Crees que este “bloqueo” momentáneo tenga que ver con la “laxitud” de tus circunstancias actuales? Recuerdo que siempre me escribías que no contemplabas la posibilidad de que te excarcelaran, a pesar de que te amenazaban con ello, que era algo en lo que no pensabas siquiera. ¿El tener la portátil siempre dispuesta a recibirte, ha “matado” tu deseo de escribir?

En lo absoluto. Al principio de mi salida solo me sentí un poco mareado, pero luego, repito, me he aferrado a la lucha política y no he asegurado el espacio de creación. Ha sido un problema de tiempo; pero eso ya está pasando. Ya escribí mis primeros post. Ayudo en un guión fílmico y en estos días comienzo la revisión de la novela y los cuentos que ya están escritos. Debo dar por terminado ese grupo de libros para continuar escribiendo porque entonces no los daré por terminados nunca.

¿Has pensado alguna vez en enseñar a escribir a niños? Pregunto a niños, porque solo en ellos está la posibilidad de superar tantos bloqueos mentales que les metió la dictadura a varias generaciones. Leer y escribir son las actividades más subversivas, de eso tu presidio puede dar fe. Niños que lean y escriban de verdad, no serán fácilmente doblegados….

No creo tener la vocación del magisterio, aunque si tuviera que hacerlo ni lo pensaría dos veces, pues los niños me hacen feliz. Recuerdo que una vez, en la etapa de mi comienzo literario, me gustaba una asesora de literatura, y quise acercarme a ella a través de intentos de cuentos infantiles. Ella los revisaba mientras yo me deleitaba con sus ojos, sus manos, ¿no recuerdo qué más?, pero cuando terminaba decía: “son cuentos con personajes de niños pero para lectores adultos”. Lo intenté varias veces y siempre fue así. Ella nunca supo de mi atracción por ella; pero sí comprendí que escribir para niños era algo más serio que una simple conquista. Me quito el sombrero con los escritores para niños. Pero los niños siempre son una buena causa, me da igual enseñarle literatura que vestirme de payaso, y sin intención de menospreciar a esos artistas, todo lo contrario.

Hace muchos años has incursionado también en la pintura. Lo has contado en algún post. ¿Te ves experimentando en otras artes, quizá combinándolas con la escritura?

De niño mi complemento artístico fue la pintura, y ese sueño es un anhelo que espero no abandonar. Siempre mi problema ha sido el tiempo; pero en algún momento retomaré esa necesidad de expresarme en el lenguaje de la pintura. Mi madre en una oportunidad estaba fuera de la casa, y yo hice un dibujo en la pared, era como un fondo marino con peces incluidos, lo hice infiriendo que mi madre me regañaría; pero no pude detener aquellos trazos, aún si me costaba un responso con castigo incluido. Cuando mi madre apareció yo no sabía dónde esconderme, y mientras elegía algún rincón miré sus ojos hipnotizados. Aún sin soltar la cartera se sentó frente a la pared y comenzó a contemplarla. Yo no sabía, por el susto, si aquello era bueno o malo, más bien creía que era lo último. Hasta que vi a mi madre llorar y me abrazó. Recuerdo que luego se pintó la pared varias veces y mi madre no aceptaba que la brocha ni rozara mi dibujo. Luego nos mudamos y la pared, por supuesto, quedó atrás. Mi madre siempre dijo que se la hubiese querido llevar con ella. Del dibujo no me acuerdo bien, pero de la mirada de mi madre no me olvidaré nunca. Siempre la busco en los ojos de los lectores. A partir de entonces cuando escribo intento ese deslumbramiento.

Septiembre de 2015

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