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Estado de Sats, Jorge Angel Perez

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Detención arbitraria a laureado escritor cubano, Jorge Ángel Pérez.

Ayer, sábado 4 de mayo, mantuvieron por cuatro horas preso al destacado escritor cubano Resultado de imagen para fotografias de Jorge angel perezJorge Ángel Pérez. Lo sacaron de su casa esposado, como se hace con un tenebroso delincuente, ante todos los vecinos y su anciana madre en puro llanto, que no entendía que lo arrestaran, máxime cuando los policías no le exponían ningún posible delito, ninguna orden de arresto oficial, que no fuera su uniforme, su palabra y su arrogancia ultrajante; porque realmente callan que su única transgresión es escribir su punto de vista en un diario digital no oficialista. Lo mantuvieron en la unidad policial sin darle una explicación y esposado, como el más vulgar de los malhechores. Jorge Ángel no silenció su voz y todo el tiempo les estuvo recordando la injusticia que cometían. Al final le dijeron como despedida y cito: vete pa´ la pinga.
Este no es más que el comienzo de enseñarle los primeros instrumentos a Jorge Ángel. Querían estudiarle su reacción. Quizá pensaron verlo amilanado y aprovechar, como las aves de rapiña y, desde su machismo ultrajante de a comienzos de los años sesenta, arrinconarlo como homosexual al fin –pensaron– como hicieron con la mayoría en los años en que comenzó la barbarie y los enviaban a la UMAP para “readecuarlos” y hacerlo desistir de haberse convertido en una voz altisonante e imprescindible para la visión libre que necesita la sociedad cubana y el mundo que sigue los acontecimientos en el archipiélago cubano.
Y a Jorge Ángel, como a mí en su momento, ha recibido los consejos de otros intelectuales enviados para advertirle que se retire de esa “insurrección” y regrese al redil, esos, los que se hacen los amigos entrañables, y hasta quizá lo fueron, pero que cuando ven en peligro a sus personas, entiéndase viajes al extranjero, publicaciones y homenajes, olvidan la amistad, consideraciones y admiraciones literarias, y se desmarcan, porque ven la honestidad como un asunto caprichoso y prescindible. Ellos supieron soportar y callaron hasta que les permitieron hablar, por única vez, sangrar sus heridas y volvieran al olvido. ¡Se conforman con tan poco!
El vecino de enfrente, un gordo abusador y prepotente, aprovechó para decirle a la madre que él es de la Seguridad del Estado y que lo va a meter preso y asesinarlo. A Jorge Ángel le han robado en la casa, la misma noche que acababa de llegar del extranjero. La policía no hizo nada al respecto porque fueron ellos, interesados en la información y documentos que transportaba, amén de hacerle sentir el rigor por permanecer en rebeldía intelectual. En los días de fin de año fue asaltado para arrebatarle el teléfono. Luego lo citaron de la unidad policial y le dijeron que el celular había aparecido; pero nunca más lo volvieron a llamar. La policía política hizo detener el asunto porque el susodicho, era su delincuente cumpliendo sus órdenes.
Ojalá que no continúen con lo que sigue en el guión de la policía política, que es buscarle un delito a Jorge Ángel, de los más feos, en su caso, podrían endilgarle el de compra ilícita, corrupción de menores –aunque jamás lo haya visto con un menor de edad, pero eso qué importa– u otro que se les ocurra, pero ya los hemos visto hacer todo y sabemos lo inescrupuloso que son –siempre, por supuesto, con un falso testigo–, y en la Uneac aprovecharán para que, “por casualidad”, coincida con un evento contra la “pederastia”, o el delito que le hagan incurrir, y vuelva Laydi Fernández a sacar su voz de oportunista y ave de rapiña, e invitar a su coro: otras y otros, para que plasmen sus firmas en apoyo de la hijeputada oficial, sin importarle la injusticia que comenten, porque lo que tiene que salvar también son los miserables viajes al extranjero, aunque tengan que hacer en esas plazas de Ferias del Libro Internacionales, como casi siempre, sus papeles de mendigos ante el resto del mundo intelectual.
En este caso, a Mariela Castro no le importará la detención por muchísimas razones, entre ellas que Jorge Ángel no es un gay oficialista, aunque se encuentre entre los escritores más renombrados. La Uneac, como todos sabemos, con Miguel Barnet y sus acólitos en la dirigencia, solo cumplen lo que Abel Prieto, la policía política o el Partido comunista, le bajan de ordenanzas. El presidente de la Asociación de Escritores, Alex Pausides, también hará silencio como en mi caso, cuando presenció mi juicio en la Sala Especial de la Seguridad del Estado, supuestamente por un delito común, acompañado de la jurídica de la Uneac, y ambos entendieron, según lo expuesto en la vista oral, que no había nada en mi contra, por ende, no podían sancionarme. Demás está decir que hicieron silencio con todo lo que vino después. Al supuesto PEN de Cuba, con Antón Arrufat y Reinaldo Montero al frente, les queda por decir alguna palabra en protesta de esta detención arbitraria de uno de sus miembros. De ellos depende que salven su honor, así como a lo que representan. Porque el silencio es tan cómplice como el que plasma la firma para repudiar lo que no sabe, y quedar a tono con el oficialismo.

ACERCA DEL AUTOR

Ángel Santiesteban

Ángel Santiesteban

(La Habana, 1966). Graduado de Dirección de Cine, reside en La Habana, Cuba. Mención en el concurso Juan Rulfo (1989), Premio nacional del gremio de escritores UNEAC (1995). El libro: Sueño de un día de verano, fue publicado en 1998. En 1999 ganó el premio César Galeano. Y en el 2001, el Premio Alejo Carpentier que organiza el Instituto Cubano del Libro con el conjunto de relatos: Los hijos que nadie quiso. En el 2006, gana el premio Casa de las Américas en el género de cuento con el libro: Dichosos los que lloran. En 2013 ganó el Premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, convocado en la República Checa con la novela El verano en que Dios dormía. Ha publicado en México, España, Puerto Rico, Suiza, China, Inglaterra, República Dominicana, Francia, EE UU, Colombia, Portugal, Martinica, Italia, Canadá, entre otros países.

Ángel Santiesteban: “Vivo con la convicción de que Dios nunca me ha abandonado” (1ra parte)

Escritor Ángel Santiesteban, preso y liberado.

Se cumplirán cuatro años en julio, desde que el escritor Ángel Santiesteban fue puesto en libertad condicional. A pesar de las “condiciones” o riesgos que pesan sobre su vida, él ha decidido permanecer en la isla, donde es un referente de valores literarios y humanos. Con esta entrevista en dos partes al autor de Los hijos que nadie quiso, traemos a los lectores memorias inéditas y opiniones, como él acostumbra, descarnadas.(Árbol Invertido)

En los años setenta del siglo veinte, Billy Joel legó al mundo la imagen de un hombre aferrado a su piano como símbolo de la desesperación, la derrota y el fracaso. La versión al español de Piano man en la voz de Ana Belén, el “toca otra vez, viejo perdedor”, llegó a convertirse para millares en eso que llamamos clásico cuando queremos hablar de lo perdurable, lo que podría fijarse en el recuerdo.

Durante los años noventa un joven narrador cubano, Ángel Santiesteban, logró el milagro de que un hombre aferrado a su violín fuera para toda una generación de cubanos la imagen de la guerra en Angola, del soldado que no tiene más bandera que la madera y las cuerdas de un instrumento que es parte (o todo) de su ser.

Con “Sur: Latitud 13”, el cuento en que el violinista Argüelles (un personaje absolutamente surrealista) recorre los kimberíos angolanos junto a sus compañeros de armas, Santiesteban se aseguraba para siempre un lugar en las letras cubanas.

Conocí tarde este cuento, casi en la misma época en que mi primo me hablaba con extraño apasionamiento de un libro de cuentos de título singular: Los hijos que nadie quiso. Para mi primo, poco dado a la lectura de cuentos, aquel libro que hablaba de gente de aquí y ahora, de cubanos que se le parecían en sus peripecias para sobrevivir, constituyó una revelación, porque al menos uno de los escritores cubanos de entonces era capaz de captar la angustia de sus coterráneos y llevarla con credibilidad a la ficción.

De más está decir que el autor de aquel libro que circuló de mano en mano hasta llegar a las mías también era Ángel Santiesteban, una de las voces de los novísimos que se iba convirtiendo en leyenda para los escritores más jóvenes.

Por suerte, pude conocer personalmente a Angelito, dialogar con él y, muy especialmente, tener la dicha de que accediera a responder un extenso cuestionario en el que este atrevido freelance quiso espolearlo a través de lo que algunos de sus colegas han dicho respecto al oficio de escribir y sus imbricaciones en la sociedad y, como especie de contrapartida, a las perlas que el propio Santiesteban dejara ya fuese en una entrevista anterior o en las dedicatorias y exergos escogidos para sus libros.

Así, fuimos conformando esta entrevista en la que Santiesteban reconoce una catarsis, esa especie de striptease emocional que, espero, incentive a los lectores que aún no conocen su obra a buscar esos libros del escritor feliz que, pese a todo, ha sido y esperemos siga siendo Ángel Santiesteban.

En uno de sus textos la poeta y narradora Aymara Aymerich afirma: “Desarticular cualquier tradición implica siempre un riesgo”. ¿Hasta qué punto crees que la generación de narradores que empiezan a darse a conocer a finales de los ochenta y principios de los noventa (obviamente, la tuya) asumió ese riesgo y qué consecuencias tuvo?

Desde mi punto de vista, creo que el cambio en nosotros estuvo en el desapego a la tradición de asimilar la llamada “revolución” que, como a las tres generaciones literarias que nos antecedieron, nos obligaban a adorar. Nosotros no sentimos compromiso con ese proceso, sólo nos interesaba la literatura. Los Maestros literarios nos advertían, cientos de veces, que la escritura estaba antes que todo, y el consejo era flotar, dejar pasar todo, hasta lo que nos parecía inadmisible, algo así como un torero que finge enfrentar las embestidas sin arriesgar, y se oculta tras el capote para tapar su miedo, y ve pasar de largo al toro, y una vez que el animal se da la vuelta, descubre que el torero no se encuentra en el ruedo, que ha ido a sentarse a las gradas para observar junto al público sin correr ningún tipo de riesgo. Así, nosotros debíamos suponer que ningún intento de cambio valía la pena si afectaba al arte.

Y ese consejo lo acataron por años quienes nos antecedieron. Ahí está la diferencia de estas generaciones con nosotros, ellos nunca cuestionaron la tradición y nosotros sí. Gran parte de nuestra generación, sabiendo el precio a pagar por quedarse en el ruedo cuando el toro regresara, prefirió marcharse de Cuba. Sospechaban que en algún momento fallaría el capote y el toro les daría una embestida, si no mortal ,al menos de heridas de las que hacen sufrir, esas que dejan cicatrices y traumas por el resto de tus días. Como dice uno de mis personajes “no somos de Patria o muerte, a lo sumo, de heridas leves”. Nosotros no estábamos dispuestos a sacrificarnos por un proceso político que no convencía, que había engañado a nuestros padres ofreciéndoles lo que luego no se cumplió.

De mi generación apenas quedan autores en Cuba. Creo que no llegan a tres. La consecuencia fue perder una generación de escritores. Sobre todo, porque una gran parte de esas promesas literarias se malograron, nunca más escribieron. Y ese hueco permanece en la cultura cubana por el resto de sus días. La otra cara de la moneda es un Amir Valle que es un sacerdote de la literatura, un adorador de la cultura cubana, y que tiene una voluntad a prueba de balas, y se ha ido por encima de la distancia y algunas zancadillas y humillaciones que han pretendido asestarle los que dirigen la cultura en Cuba, como a todos aquellos que se han salido del redil.

Luego han venido otras generaciones que clasifico como cínicas, no les importa de dónde viene el beneficio, sólo lo toman a cambio de su silencio. Por su actitud, parece que no sufren, ni padecen. A veces los veo en una actividad con opositores y en otras con la oficialidad. Envían sus obras inéditas a premios “disidentes” y luego a los concursos del régimen. Yo no critico, solo es otro modo de mirar la vida, donde no se comprometen ante nada ni con nadie.

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En una entrevista que concediste a Alberto Garrido, publicada en 2006, en el número 02 de la revista El Cuentero, dices que tus personajes no hacen la Historia, tal vez la padecen. ¿De dónde viene ese interés por convertir en protagonistas de tus relatos a individuos situados en la periferia de los grandes sucesos nacionales?

Mis personajes son gente de barrio. Tipos que se han sentado toda la vida en la esquina de su casa y nunca le han interesado a nadie, salvo al Jefe de Sector. Personas indefensas e intrascendentes pero que, una vez llevados al arte, toman una dimensión insospechada. Mis temas, por lo general, son de problemática social, por ende, gente sufrida o sin escapes posibles. Intento darles voz a esos que no saben cómo comunicar sus dilemas. Procuro dejar constancia de sus contradicciones o de las injusticias que han padecido. No oculto que mi literatura me duele cuando la escribo porque mis herramientas son los sentimientos de las personas, de carne y hueso, que proceso para plasmar en el papel.

Mirta Yáñez, la más reciente ganadora del Premio Nacional de Literatura, ha aseverado que “(…) cada cual escribe desde su rango de honestidad consigo mismo”. ¿Cuánto te ha complicado la vida ser honesto a la hora de escribir?

Estaría de acuerdo con Yáñez, si en ese rango que menciona está contemplado el miedo y el oportunismo. Muchos escritores con talento, han malogrado su literatura porque han temido ser honestos. Los que alguna vez lo fueron y recibieron la cuota de castigo correspondiente luego no volvieron a repetir esa osadía. Como que aprendieron bien cuál era su lugar dentro del régimen y, sobre todo, lo que podría volver a sucederles. Precisamente las generaciones anteriores de escritores me hablaron de que la Seguridad del Estado podía “enseñarnos las herramientas”, como lo hicieron con ellos en su momento, cuando eran jóvenes que intentaban ser rebeldes, auténticos quizá, entonces les aplicaron las “herramientas” para que corrigieran sus posturas. Lo peor fue que las asumieron y, desde entonces, comenzaron a hablarles a las otras generaciones, como algunos padres lo hacen con sus hijos, asustándolos con “el Coco o el Hombre del Saco”, que vendrían por ellos y se los llevarían, si no se portaban bien.

En ese caso, esos escritores abusados, humillados, cedieron por honestidad a su miedo. Es un miedo que se aloja en los huesos y te persigue en sueños y te autocensuras en el acto mismo de la creación. Escritores de esas generaciones luego se prestaron a convencernos de que también debíamos ceder, fueron enviados por la policía política misma y cumplían con nosotros ese cínico rol. Dos de ellos me confesaron que lo hacían para protegernos, para que no sufriéramos las mismas penas que ellos vivieron. Nos advertían que podría sucedernos en el momento que menos esperáramos, que mejor continuáramos dentro del redil, era la única manera de encontrar protección. Gracias a ese miedo transmitido, muchos de mi generación decidieron evitar tener que vivir la experiencia y abandonaron el país.

En lo particular, esa honestidad me complicó desde el principio, desde mis primeros textos que, sin proponérmelo, resultaron cuestionadores, reflejaban una arista incómoda para el régimen, con personajes que tenían grande la boca y decían más de lo que debían porque nunca me autocensuré. Y decidí recibir mi cuota de castigos, pero ser libre en mi creatividad. Nunca me interesó el precio que tuviera que pagar después; pero me interesaba e interesa cómo quedaré ante mi tiempo. Y me enfrenté al muro, al más fuerte que puede inferirse cuando se piensa en una dictadura de las que trabajan hasta el detalle para no permitir que pasemos esa línea roja de lo para ellos permisible.

Al publicar Sur: latitud 13 en 2005 por Ediciones Emily de Barcelona, dedicas el libro (entre otras personas) a Eduardo Heras León, a quien llamas “culpable del escritor con que deambulo”. ¿Cuánto le debe tu narrativa a Heras y a otros autores cubanos y/o extranjeros?

Heras fue mi Maestro, de alguna manera el amigo o el padre, de hecho, mi hijo se llama Eduardo por él, además de ser su padrino. No exagero si digo que Heras fue el Maestro de casi toda mi generación y de otras después de los “novísimos”, que fue como se bautizó a la nuestra. Heras es la persona que posee la vocación del magisterio y que disfruta el acto de enseñar, transmitir, y para ello sacrifica su tiempo para entregárselo a otros, y el Centro Onelio Jorge Cardoso ha sido el gran ejemplo y su mayor esfuerzo. Allá por los años 70 del siglo pasado sufrió también su cuota de castigo por su libro Los pasos sobre la hierba. Su obra, que tanto prometía, desde ese momento se vio fracturada. Después nunca volvió a ser el mismo. El miedo caló profundo en él, como en la mayoría de su generación, con aquel “quinquenio gris” al que algunos añaden más años y otros insisten en que al gris habría que agregarle “pespuntes negros”. Yo digo que son sesenta años de censura, de tensión sobre la obra de los artistas, de leyes que podan y afectan las libertades individuales, tan imprescindibles a la hora de ser honestos con el arte, por lo tanto, es un manto gris que ha permanecido sobre el arte por seis largas décadas.

Heras siempre nos decía que los hijos literarios mataban a sus padres, que eso era un proceso lógico de desarrollo, y como que siempre estaba preparado, y nos preparaba por si llegaba ese momento, para que no sintiéramos pena y lo asumiéramos como un paso adelante, que ya podíamos andar con nuestros propios pies. Lo que no dijo fue que los padres también podrían matar a los hijos, en este caso, por problemas políticos. Cuando abrí mi blog, Heras me escribió un mensaje donde decía que lo había traicionado. No hubo otra explicación. Supongo que sea porque comprometí la literatura, que era lo sagrado, para decir libremente lo que creía. Luego nos alejamos y nunca más volvimos a cruzar una palabra. Es algo muy penoso.

Después que abrí el blog, por cuatro años y medio, comenzaron las acusaciones en mi contra, siempre con la intención de desgastarme, de que abandonara mi posición. Y me acusaron de haber atropellado un niño en la vía pública, sin haber víctimas, por supuesto; y por robo, violación sexual, intento de asesinato, atentado, entre otros muchos crímenes, por supuesto, sin prueba alguna en mi contra, y la policía política se aprovechó del despecho, los celos y el desequilibrio nervioso de mi exesposa, y le ofrecieron, según su propio testimonio, que si quería hacerme daño me hiciera acusaciones, todas las que se le ocurrieran, que luego ellos harían su parte. Hoy mi ex me pide perdón, dice que no podía soportar la idea de saber que otra mujer pudiera estarme acariciando. Lo cierto es que, sin pruebas de nada, sólo para que supiera que cruzar la línea se pagaba caro, me condenaron a cinco años de prisión, de los que tuve que cumplir dos años y medio.

De todas maneras, a pesar de esa traición de sentimientos de Heras, y de muchos que, como él, temen a los azotes del régimen, por lo que prefirieron ocultarse, y hasta en muchos casos, asegurar que las acusaciones eran ciertas, les agradezco igual por todas las enseñanzas literarias; pero sobre todo, porque nos dijeron siempre que debíamos ser honestos, entonces lo fui, o lo he intentado ser.

Todos los autores que he podido leer me han legado un porciento, mayor o menor, en el escritor que intento ser; también en el ser humano que soy y en el ciudadano que asumo. A todos los aprovecho, hasta los que desapruebo, pues enseñan lo que no debe hacerse en literatura y en la vida real; pero mis lecturas de cabecera han sido Ernest Hemingway, Juan Rulfo, Isak Babel, con sus libros debajo del brazo comencé a desandar este camino de la creación.

Amir Valle cuenta que Sueño de un día de verano, que en 1995 mereciera el Premio de Cuento Luis Felipe Rodríguez que concede la UNEAC, antes había sido injustamente relegado en dos ediciones del Premio Casa de las Américas ante textos claramente menores. En primer lugar, me gustaría que me contaras un poco de los avatares de este, tu primer libro, que sólo se publica tres años después de haber recibido el premio y no con el título original. Y, en segundo lugar, me gustaría saber por qué insistes en enviar al Premio Casa de las Américas tras las dos amargas experiencias anteriores y teniendo en cuenta que ya por entonces este premio no poseía el poder legitimante que tuvo en los sesenta. ¿Acaso confiabas en aquello de que a la tercera va la vencida? ¿Hasta dónde te sorprendió que el jurado escogiera como ganador al libro Dichosos los que lloran?

Esta pregunta lleva a una larga explicación. En 1992 me fue retirado el Premio Casa de las Américas luego de habérseme informado que era el ganador por mi libro Sur: latitud 13. Esa noche, cuando acudí a recibir el premio, Abilio Estévez me dio una larga explicación, era como un pésame. Luego Abilio ha explicado públicamente cómo la Seguridad del Estado lo acorraló en una habitación del hotel donde se encontraba el jurado y lo presionaron para que cambiaran el voto por otro libro. Amir Valle dice que ese año premiaron el peor libro de la historia de los premios Casa. Recuerdo que la escritora argentina Luisa Valenzuela, que formaba parte del jurado, me quiso llevar para Argentina, pero siempre he tenido ese apego enfermizo por esta isla, y le dije que no.

Tres años después, en 1995, realizo la estrategia de cambiarle el título al libro por Sueño de un día de verano, y lo envío al premio UNEAC. Mi problema es que ninguna editorial me iba a publicar nunca los temas que yo desarrollaba. Estaba obligado a ganarme un premio para tener la posibilidad de publicar. Y me gané el premio ese año. Y cuando se lo llevaron a Abel Prieto, que en ese momento era el Presidente de la UNEAC, puso el grito en el cielo. Sobre su buró estuvo por tres años. La temática era la participación de los cubanos en la guerra en África. Allí contaba sobre los seres humanos, que es lo que me interesa. Hablo de los sufrimientos del hombre inmerso en una guerra cualquiera. No creo que haya guerras buenas o malas, todas son iguales desde el punto de vista del sufrimiento del ser humano. Hasta entonces se había escrito sobre la épica, los héroes; pero yo estaba interesado en las personas. Abel Prieto me dijo que si él publicaba ese libro las FAR [Fuerzas Armadas Revolucionarias] nos iban a fusilar, supuse que no lo decía en serio. Me dijo que el cuento “Los olvidados”, por su temática, no podría publicarse ni en el 2025, por lo que me ofreció un apartamento en Cojímar para que yo accediera a extraer cinco relatos del libro. Al final necesitaba el apartamento, pues tenía a la madre de mi primer hijo embarazada, y acepté. Así salió el libro en 1998, y quisieron darle el Premio de la Crítica, pero dijeron que competiría el próximo año, y luego, en la edición siguiente, dijeron que era del año anterior. El diseñador me comentó que le pidieron que hiciera un trabajo sombrío, que no resaltara. Y yo digo que el libro editado parece más una caja de detergente que un libro.

Y continué enviando al Premio Casa porque era al que más posibilidades podía verle, pues por lo general podían presionar al jurado cubano, pero con los otros tendrían más cuidado. En uno de los certámenes, Laidi Fernández de Juan, que se decía mi amiga y me enviaba cartas de amor nunca respondidas—, me llamó por teléfono para preguntarme quién me convenía más como jurado: Alberto Garrido o Jesús David Curbelo. Realmente a mí me dio mucha vergüenza. No hago trampas, pero con la literatura menos, es sagrada. Respondí que cualquiera de los dos, pero que era justo que fuera Garrido porque había ganado el Premio Casa de las Américas y nunca había sido jurado. Ella entendió, o hizo como que entendía. Luego pusieron a Curbelo como jurado. No sabré si al final vetaron a Garrido por ser religioso o porque yo dije que era el adecuado por justicia literaria. Más tarde supe que Laidi también estaba concursando, sin decírmelo en aquella llamada. Al final no fuimos premiados ninguno de los dos. Sé que a Curbelo, Roberto Fernández Retamar, el padre de Laidi y ella misma también le retiraron la palabra como castigo. Creo que Curbelo, en su honestidad o ingenuidad, porque es difícil imaginar que sucedan cosas así, cumplió con la pureza propia del que decide la mejor propuesta de los presentados, jugando con el consenso del gusto entre cinco personas. Y digo honestidad porque estoy seguro de que si Curbelo hubiese premiado a Laidi luego le hubieran ofrecido un puesto en la Casa de las Américas; pero prefirió enfrentar a la mafia de los “retamares”, como la llamó en sus memorias Confieso que he vivido, el chileno Pablo Neruda. Y jamás volvieron a invitar a Curbelo a una actividad de esa institución.

Los premios del Casa siempre han estado manipulados, desde los años de Haydee Santamaría y luego por su sucesor, Roberto Fernández Retamar, y así se lo hice saber en una reunión a Marcia Leyseca, la vicepresidenta de la Casa de las Américas, habían otras tres personas delante, y ella me dijo, fingiendo sorpresa, que desconocía esos procedimientos que yo le contaba, pues en otra ocasión que envié al premio, en lo que se suponía estaban leyendo mi libro los jurados, una novia que tenía allí y trabajaba en la biblioteca me dijo que sus pies descansaban sobre una caja donde se encontraban mis ejemplares inéditos y los de Guillermo Vidal.

Para cerciorarme, una vez que se terminó el evento, le pregunté al jurado dominicano si se acordaba de mi título, pero dijo que cuando preguntó por el libro le aseguraron que el autor lo había retirado. Tenemos la experiencia en ese concurso de Amir Valle con su libro Habana Babilonia, que luego tanto éxito ha tenido en el mundo, pero el jurado prefirió dejarlo desierto antes que ser honestos. Y el colmo es que parte de ese jurado era la sabandija de Miguel Barnet, el ejemplo de cinismo de un escritor ante su tiempo, quien fue perseguido, censurado, marginado y, sin embargo, luego les ha lamido las botas hasta la saciedad a sus humilladores. Es asqueante su postura ante la vida, el arte y sus contemporáneos. Se olvidan de la historia, sólo les interesa vivir el presente lo mejor posible. Y, para colmo, es el Presidente de la UNEAC. Está allí por cobarde. La policía política sabe que tiene tanto miedo que es incapaz de expresar una palabra que no esté aceptada por ellos.

Cuando envié en el 2006 al Premio Casa, sabía que podrían repetirse mis nefastas experiencias anteriores. Pero yo hacía mi parte: crear y participar, y luego otros harían la suya, como la Seguridad del Estado o los propios funcionarios que allí laboraban. Y ese año Laidi era parte del jurado cubano, la pusieron allí por ser la hija de Retamar, porque en cuanto a obra no lo merecía ni lo merece aún. Y luego los otros jurados me contaron los avatares para premiarme. Laidi habló con el resto de los jurados para que no votaran por mi libro, pudo convencer al uruguayo, pero no al mexicano ni al colombiano ni al argentino. Es decir, la votación estaba dos a tres. Al final, cuando estaba convencida de que iba a ser el premiado, ella votó a favor también, y el jurado uruguayo se quedó en la estacada y me decía “pero qué ironía, si tu libro era a mí a quien más le gustaba”.

Me contaron que cuando Retamar leyó los manuscritos expresó alarmado que cuando saliera publicado iba a remover los cimientos de Casa de las Américas. Es famoso que él es muy cobarde. Entre los escritores de su generación, los que fueron testigos de la época, dicen que cada vez que Fidel Castro lo citaba a su oficina le entraban malezas de estómago. Luego, tardaron dos años en imprimir y traer de España mi libro. Intentaron demorar el impacto del libro. Al final, por la connotación del premio, tuvieron que asimilarlo.

Volvemos a la entrevista de El cuentero. En ella dices que tus primeros cuentos con temática carcelaria son los que aparecen en Los hijos que nadie quiso. ¿Cómo llegas a interesarte por un tema que en la literatura cubana anterior sólo tiene el referente de Carlos Montenegro con su novela Hombres sin mujer? ¿Fue después de ver publicados estos dos cuentos que decides escribir un libro consagrado a esta temática o ya desde antes te rondaba la idea?

Fui preso a los diecisiete años por acompañar a mi familia a la costa para que emigraran en una lancha hacia los Estados Unidos. A ellos los sorprendieron en alta mar y los trajeron de vuelta. Los sancionaron a todos. Mi madre andaba de un lado a otro, de prisión en prisión, éramos cinco presos a la vez, cargando jabas para sus hijos, esposas y esposos de sus hijas, y a mí, que me acusaban por el delito de “encubrimiento”, pues se suponía que yo tenía que haberlos delatado. Cuando me llevaron a La Cabaña, no sabía que existía un libro llamado Hombres sin mujer. Entonces fui testigo de todo lo que reflejé después en mi libro. Fueron saliendo muy lentamente. Los primeros, los junté al libro con que me premiaron en el Alejo Carpentier. Luego salieron otros, y los reuní en un compendio monotemático, con el que participé en el Premio Casa de 2006. En la prisión, en aquellos catorce meses descubrí que yo quería ser escritor, que era lo que me gustaba. Allí comencé a escribir una novela en una libreta. Y desde que salí fui a buscar mi lugar en la literatura cubana. Si lo logré o no, no ha sido por falta de voluntad y trabajo. Me he esforzado para ello, por mí parte no ha quedado.

Por supuesto, una vez que asumí la literatura en serio, leí a Montenegro y me impactó mucho. De todas maneras, lo digo con respeto y con distancia, yo ya estaba influenciado por mi propia experiencia.

Por cierto, ya que te mencioné el Premio Alejo Carpentier de 2001, con el libro Los hijos que nadie quiso, allí puse algunos cuentos con tema de guerra que me hicieron sacar del libro que había ganado el “Luis Felipe Rodríguez”, entre ellos “Los olvidados”, que, como te dije antes, Abel Prieto me dijera que no podría publicármelo ni en el 2025, por eso, cuando tuve la oportunidad de regalarle el libro a Abel Prieto, le escribí en la dedicatoria: veinticuatro años antes. No obstante, la Asociación de Combatientes de Cuba, le envió al talibán Iroel Sánchez, en ese entonces Presidente del Instituto del Libro, una carta criticando el libro por ser contrarrevolucionario.

(Fin de la 1ra parte)

Ingeniero. Narrador y ensayista. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Reside en Villa Clara.

Ángel Santiesteban, el que yo conocí.

13 de abril de 2013 ·
Ángel Santiesteban, el que yo conocí.

En la Ostionera de Infanta y San Lazaro, luego de los trabajos.

Hace algo más de 7 años cuando llega a mi asistencia mensual a la Logia de “Perfección Moisés n.2” perteneciente al Sob:.Cap:.Claudio J. Vermay n. 14 donde tantos y tantos momentos felices pasé, en unas de esa agradables veladas masónicas en la Catedral Escocesa diviso la figura de un hombre trigueño, alto y de agradable semblante y me pregunto, quien era ese H:. que no conocía?. Luego de conocerle y hablar de su antigua filiación al Cuerpo y los motivos que le habían alejado involuntariamente del mismo supe quien era, todo comenzó ahí. Desde ese día empezó una fraterna y sincera amistad, no tan profunda como hubiera deseado, pero si diáfana y seria, que evolucionaba por momentos.
Desde ese momento supe de su valía como masón y como profesional de la literatura. Así como de su sencillez y humildad. Supe desde el primer instante que este QH:. podría ayudarnos con su capacidad a hacer más masónicas e interesantes nuestras tenidas desde el punto de vista cultural.
Y así fue, luego de su renovado compromiso con la Orden y su Capitulo, como todos le llamábamos, Angelito fue uno de los más y mejores colaboradores de nuestro Cuerpo (subordinado al Sup:.Consejo del 33º para la república de Cuba).
Poco a poco, desde el punto de vista masónico y personal y gracias principalmente al H:. Ernesto Ocaña, fuimos conociendo al H:.Angelito, conocimos sus obras literarias, su persona, sus premios y su capacidad para narrar historias cotidianas y para trasmitir mensajes de esperanza y fraternidad. Sus palabras, conferencias y discursos siempre fueron de aliento y amor. Todos, todos nos deleitábamos cada vez que el H:. Angelito hablaba, explicada o exponía.
Cada vez y poco a poco fue creciendo nuestra amistad y los vínculos fraternales se hacían más fuertes, a tal punto de compartir varias veces en tertulias y hasta en su casa en más de una ocasión. Debo destacar que nunca, nunca el H:.Angelito en aquellos tiempos dio muestras de una postura disidente, eso si, como todos nosotros y en menor y mayor medida cuando contrastábamos la compleja “realidad de la sociedad cubana”, el daba su sabia opinión, siempre desde el punto de vista masónico fraternal. Recuerdo una ocasión que el nos llevaba en su coche a visitar HH:. y otros CCap:. donde salió como era natural en tema “realidad cubana” que el régimen fidelista conoce como “política” y el H:.Angelito decía en aquella oportunidad, “eso no es lo mió, lo mío es crear”, era lógico para un intelectual como el, su pasión por escribir y crear literatura era lo fundamental. Por aquellos tiempos me inspiré tanto por el y por sus narraciones que me embarqué en la idea de escribir, fue la época en que comenzaba a plasmar mis primeras ideas e inquietudes en mi texto “Mitos Leyendas y Realidades del REAA” que tantas satisfacciones me ha dado, aunque solo los han leído algunos de mis Hh:. y ahora mi sobrina. Gracias a el llegue a la conclusión de que “crear” era bueno y me lancé a la idea. Es cierto que aunque tuve la ayuda de él mismo que me ayudo a la redacción y corrección de fallos en largas horas que pasé en su casa. La tarea para mi era más compleja de lo que pensaba. No es de lo mejorcito, pero más de uno ha elogiado mi modesto “librito”.
Angelito solo se dedicaba, por lo que pude conocer de el que no fue poco, a su hijo, al que adoraba y del que siempre hablaba (que ya por esa época comenzaban los problemas con su ex, problemas cotidianos de una no buena ruptura), a la masonería, donde cada vez tenía más obligaciones y a su novia. Pero sobre todo lo que más llenaba su cabeza era a crear, como el decía. Leía, leía mucho y escribía mucho, como es lógico el tiempo ni le alcanzaba, siempre estaba de allá para acá, aun así, gracias a su voluntad y compromiso lograba estar en todas partes, con su hijo, en las logias, con los enfermos, en el ambiente de literatos cubanos, y todavía le quedaba tiempo para su novia que siempre llevaba a los actos masónicos. Realmente era de los HH:.más queridos por todos por su labor y trabajo fraternal.
La última vez que le vi, fue en su propia casa, luego de saber que me iba del país decidió invitarme a su casa en una especie de despedida, y hasta ese día se fue a la logia!!, pasamos una tarde memorable, aunque las imágenes solo quedaron grabadas en mi corazón y en el afecto y admiración hacia su persona.
Luego de varios y escasos contactos vía mail, y de estar al tanto de lo que sucede en la isla de mis amores, Cuba, supe que mi QH:.Angelito, según la prensa oficialista se había convertido en un ¿!peligro para el régimen¡?, un disidente connotado muy peligroso de la peor reputación.
Se le tildo amén de disidente, de violador violento, ladrón y de cosas por el estilo, vaya de lo peor que puede ser no ya un disidente, sino un ciudadano. Cual no fue nuestra sorpresa en todos los sentidos. Puede una buena persona, un ciudadano común como el, convertirse en disidente? puede ser de lo mas normal del mundo. Puede un amante de la narrativa y la literatura en general, por no decir un fanático o más que un entusiasta amante de las letras y la pluma dejar de ser un esclarecido escritor, para ser un reaccionario disidente?, Por que un escritor como el dejaría la literatura social para convertiste en narrador de las miserias de la política cubana y nuestra realidad? Pudieran ser muchas las preguntas que me haría y algunas más, pero en su caso y como el de muchos más, serían claras y convincentes las respuestas. Pero, peor aún, por que le han tildado de violador, mal padre y mal esposo, cosas en que ningún masón caería. Con toda seguridad todo ese entramado creado por los órganos de seguridad del estado, claramente son una campaña para desprestigiarle, cosa que conociéndole a el y sabiendo de que pata cojean, me hacen confiar y apoyarle totalmente, como masón como ciudadano y como cubano.
Con toda seguridad puedo afirmar que el H:.Angelito es inocente de todo delito que atente contra su moralidad como persona, sus puntos de vista políticos, puedo afirmar o asegurar tienen denominador común, el de ser un hombre de mente abierta y vista realista y de que al querer humillarle, someterle y calumniarle y decidió tomar ese digno y valiente camino el de la disidencia pacifica, como lo es el de luchar con su única herramienta, la de la palabra escrita por la libertad y los derechos en Cuba, la patria de Martí y Heredia, su patria, mi patria.
Solo unos escasos cobardes y ciegos de sentimientos, han osado empañar su dignidad poniéndose al lado del régimen que pisotea los derechos y la dignidad humana para tratar de desacreditarle. En definitica, el delito del H:.Angelito es tener un blog donde dice lo que el gobierno pretende esconder.
Por tal motivo, los que realmente le conocen y confían en el y tienen como yo el medio para hacerlo, apoyamos la inocencia del H:. masón Ángel Santiesteban Prats y rechazamos todo tipo de falsos testimonios y calumnias contra su persona.
A el, todo nuestro apoyo y admiración.
A Angelito, el que conocí, el que todos conocen.
Carlos B. García

 

Angel Santiesteban-Prats

Cómo olvidar aquellos días tristes de injusticia por parte de la dictadura de la familia Castro y de sus colaboradores, cuando mi hermano masón, Carlos García Feíto, escribió estas palabras. La masonería me acompañó en aquellos días y años en que tuve que soportar la ira de la tiranía. Dentro y fuera de la prisión, la masonería me dio aliento y apoyo.
Solo puedo decirle a mi hermano Carlito, que no tengo espacio en mi corazón para quererte más, y así lo sentí desde aquellas primeras palabras que cruzamos cuando salimos de la sesión escosista. Cuando me hicieron la ceremonia del grado 33 de la masonería en Cuba, en diciembre pasado, pensé mucho en ti, en que de alguna manera te había cumplido, con ese amor nacido en el Capítulo Claudio J. Vermay No. 14. Va un abrazo estrecho, de tu hermano, á

“VOCES DE CUBA” PROGRAMA 46 – ÁNGEL SANTIESTEBAN PRATS

https://www.vocesdecuba.com/tp6/ep46asantiesteban?fbclid=IwAR39LTUtdI-N1rsVHLWeeW5Facp8yJ_yX27go2kvquP7eST7wQMOJiVMTgI

En la entrega 46 de “Voces de Cuba” presentamos una extensa e interesantísima charla con el escritor cubano Ángel Santiesteban Prats.

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La Feria del libro: una vanidad comunista

Pobre lector cubano, que espera cada año por un evento que apenas muestra algunos libros y que silencia a grandes escritores de Cuba y del resto del mundo

Feria del Libro

Feria del Libro (Foto Prensa Latina)

LA HABANA, Cuba. – Cerraron las puertas de la Cabaña y, con el portazo, quedó atrás la 28 edición de la Feria del Libro de La Habana; edición que, supongo, ha sido de las más estorbadas de todas cuantas hasta hoy se han celebrado. Imagino todo lo que tuvieron que hacer esos funcionarios de la cultura para conseguir la realización de un evento celebrado en el mismo mes del muy anunciado referendo constitucional.

Una semana después del fin de la Feria, los cubanos serán convocados a ratificar el monstruo de Constitución, en cuya preparación el régimen ha debido gastarse kilómetros y kilómetros de papel y ríos de tinta con los que, sin dudas, se podrían imprimir un sinfín de títulos e, incluso, la prensa nacional de un año entero. Todo para adoctrinar a los cubanos, para reclamarles el voto que legitime la eternización del comunismo en Cuba.

Pobre el lector cubano que espera cada año por ese evento que solo muestra algunos libros y que silencia a grandes escritores del patio y de la literatura que se hace hoy en el mundo. La Feria de la censura, en su capítulo habanero, cerró sus puertas y comenzará la secuela de esa fanfarria en las provincias, con idénticos procedimientos y con las mismas limitaciones.

Esta fue como todas esas ediciones que salieron de la cabeza de Fidel Castro, que, aunque no lo consiguiera, soñó con convertir la Feria Internacional del Libro en el evento literario más importante del mundo, superior incluso a la de Frankfurt, Buenos Aires o Guadalajara. Sin embargo, a diferencia del resto, la Feria de La Habana se enfrentaba a las verdaderas esencias de esos eventos tan plurales, donde puede que hasta se comercie alguno de esos engendros suyos que recopilan sus discursos y entrevistas, en señal de verdadera democracia.

Esta Feria sintió el peso del referendo. Muchos fueron los libros que llegaron calientes a las manos de sus lectores porque todas las imprentas del país estaban en función de los cientos de miles de ejemplares de la Constitución y de toda la parafernalia que la acompaña. Así se vieron afectados los libros que debían estar en cada stand el día del inicio, pero, de todas formas, el discurso oficial volverá a decir que fue un éxito y Alpidio Alonso, ese ministro tan alejado de la cultura y de las artes, habrá pasado una prueba de fuego, teñida solo por la aparición de aquel título machista que tanto molestara.

La Feria tenía que salir, y no podría ser empañada por nada, ni siquiera por el arrasador tornado que asoló La Habana. Todo tenía que seguir su curso y con el mismo espíritu de contingencia de siempre; la marcha por el natalicio de Martí, la Feria, todo lo que hiciera visible a la Cuba que ellos suponen extraordinariamente grande, y culta, y revolucionaria. Ya cerró esa feria repleta de homenajes a escritores oficialistas, esos que le hacen el juego al desgobierno.

Ya cerró el capítulo habanero de la feria y la ciudad seguirá en su más triste miseria y habitada por cientos de miles de personas a quienes no les interesa abrir un libro, a menos que se agote el papel sanitario. Cerró la feria y, con ella, terminaron los homenajes a los escritores dóciles, a esa claque tan acostumbrada a vitorear. Cerraron las puertas de la Feria en La Habana, pero vendrán las otras, que reproducirán los mismos males de esta, las mismas prepotencias y los mismos olvidos.

Pero esta Feria también fue, a pesar de los cuidadores del G2, una plaza de confrontación política. Una escritora que ocupaba un espacio en alguna presentación se despojó de su camisa y dejó ver lo que advertía su pulóver. Esa muchacha anunció que iba a decir “No” a la Constitución. Luego, llegó la represión y el odio de siempre: a la muchacha la vejaron, la insultaron; apareció la violencia y se desató la furia, le halaron los pelos y le pegaron, como para ir poniendo fin al evento y dejar claro, de paso, lo que puede suceder el próximo domingo, cuando no pocos le dirán “No” a la farsa castrista.

ACERCA DEL AUTOR

Ángel Santiesteban

Ángel Santiesteban

(La Habana, 1966). Graduado de Dirección de Cine, reside en La Habana, Cuba. Mención en el concurso Juan Rulfo (1989), Premio nacional del gremio de escritores UNEAC (1995). El libro: Sueño de un día de verano, fue publicado en 1998. En 1999 ganó el premio César Galeano. Y en el 2001, el Premio Alejo Carpentier que organiza el Instituto Cubano del Libro con el conjunto de relatos: Los hijos que nadie quiso. En el 2006, gana el premio Casa de las Américas en el género de cuento con el libro: Dichosos los que lloran. En 2013 ganó el Premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, convocado en la República Checa con la novela El verano en que Dios dormía. Ha publicado en México, España, Puerto Rico, Suiza, China, Inglaterra, República Dominicana, Francia, EE UU, Colombia, Portugal, Martinica, Italia, Canadá, entre otros países.

https://www.cubanet.org/destacados/la-feria-del-libro-una-vanidad-comunista/

 

Aquí estoy – Ángel Santiesteban, escritor cubano.

Pía Castro entrevista al escritor cubano Ángel Santiesteban, a quien invita a pasear por las calles del histórico barrio judío de Berlín. Santiesteban estuvo en la capital alemana como invitado del Festival Internacional de Literatura de Berlín con unos de sus cuentos recién traducidos al alemán.

https://www.dw.com/es/aqu%C3%AD-estoy-%C3%A1ngel-santiesteban-escritor-cubano/av-46021916?fbclid=IwAR170e1G80ktlEK4u2nJ2Dj1MhsOOcFbmru7nt2Vgw2GPET5mz3Q6pFngV4

“Soy disidente”, afirma el escritor cubano Ángel Santiesteban y añade: “yo no me propuse ser crítico con el sistema, mi literatura surge del sufrimiento de los cubanos”. Este cuentista que durante diez años no pudo salir de Cuba, y que estuvo preso durante dos años y medio por su postura política, llegó a Berlín para participar en el festival literario internacional con uno de sus libros de cuentos, “Lobos en la noche”, que recientemente ha sido traducido al alemán. Durante su visita, Pía Castro lo invitó a pasear por la capital alemana junto con su equipo de ¡Aquí estoy! en el histórico barrio judío y conversaron sobre la importancia de la memoria histórica para un pueblo, además sobre el trabajo de un escritor en Cuba. ¡Acompáñalos!