Opinion: Internet y feria del libro.

Published on Feb 14, 2018

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El gobierno que busca el exterminio de sus opositores.

https://www.cubanet.org/opiniones/el-gobierno-que-busca-el-exterminio-de-sus-opositores/

No cesan los abusos contra quienes denuncian al régimen.

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LA HABANA, Cuba.- Lamberto Hernández Planas continúa preso. Hace más de veinticinco años que vive tras las rejas y desde allí continúa su empeño en conseguir la libertad de todos en la isla. Una de las formas que encontró para desafiar a la dictadura es la huelga de hambre, que ya son muchas en esos veinticinco años de encierro y que son un peligro para su sanidad.

Lamberto Hernández Planas (Archivo)

Esa es la manera que ha encontrado para desafiar a quienes lo mantienen encerrado. Ahora mismo recuerdo la última de sus huelgas de hambre, esa que le provocó enormes sangramientos rectales. El mismo me daba los detalles en las conversaciones telefónicas que mantuvimos. Para presionarlo lo trasladaron de la prisión de Guamajal, en las afueras de la ciudad de Santa Clara, a la prisión de Manacas, lugar en el que ahora está, y desde el que comprueba cómo se va deteriorando su salud. Lamberto continúa padeciendo los mismos sangramientos, y las autoridades del penal le niegan la asistencia médica que precisa.

Los padres de Lamberto, ya muy ancianos, no pueden visitarlo en la prisión. La última visita que pudo recibir fue la mía, hace ya un año, y luego le comunicaron que no me permitirían volver porque yo no tenía ninguna relación familiar con él; desde entonces no recibe visitas. Sin dudas no quieren que se encuentre con quienes luego puedan denunciar las vejaciones que allí recibe este valiente. Sin visitas nadie podrá recoger sus testimonios, nadie podrá denunciar los horrores que se cometen en ese sitio con los condenados.

De esa manera lo castigan, de esa forma lo acercan a una muerte lenta y despiadada. Su vida corre grandes peligros, y si ocurriera lo peor, entonces un médico escribirá, gustoso, en un papel blanco, que la causa del deceso fue la más natural de todas las posibles.

Lo cierto es que desde que comenzó su condena, Lamberto se ha pronunciado con más fuerza denunciando los horrores que se cometen en las cárceles y con los presos políticos. Él no ha dejado de enfrentarlos ni un minuto en estos años que lleva encerrado. Hace unos días consiguió que yo me enterara de que las autoridades del penal lo tenían encerrado en una celda de castigo, y aislado del resto de esos reclusos a quienes, como suponen las autoridades de la prisión, él podría influir políticamente. Ayer Lamberto consiguió llamarme, y me espantó el tono de su voz, cada vez más apagada, más frágil, y temblorosa. “No tendré otra opción que plantarme otra vez para exigir atención médica”, así me dijo, y se cortó la comunicación.

Hoy recibí la llamada de otro recluso que me contó que Lamberto está muy débil. Sin dudas, a sus carceleros, a esos esbirros, les están saliendo bien las cosas, y es posible que consigan aniquilar, progresivamente, a Lamberto. Tengo la certeza, porque bien los conozco, de que si lo peor sucede ellos se mostrarán felices. Nosotros, los que no estamos tras las rejas, debíamos levantar la voz, gritar muy alto contra esa dictadura, exigir por la vida de ese cubano valiente que corre tanto peligro. Ojalá a sus carceleros no le salgan bien las cosas, pero ellos son empecinados, son malévolos. Ellos son porfiados asesinos, y harán todo lo que puedan para conseguir lo que quieren, que es la aniquilación de este buen hombre. Lamberto corre un gran peligro, y ojalá no nos llegue, a través de una llamada telefónica, la noticia de su muerte. Cuba es también de, y para, esos presos valientes, y levantando la voz, denunciando, podemos ayudar a Lamberto, conseguir para él la libertad que se merece, y ojalá que sus días transcurran, alguna vez, en una Cuba libre.

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ACERCA DEL AUTOR

 Ángel Santiesteban Ángel Santiesteban

(La Habana, 1966). Graduado de Dirección de Cine, reside en La Habana, Cuba. Mención en el concurso Juan Rulfo (1989), Premio nacional del gremio de escritores UNEAC (1995). El libro: Sueño de un día de verano, fue publicado en 1998. En 1999 ganó el premio César Galeano. Y en el 2001, el Premio Alejo Carpentier que organiza el Instituto Cubano del Libro con el conjunto de relatos: Los hijos que nadie quiso. En el 2006, gana el premio Casa de las Américas en el género de cuento con el libro: Dichosos los que lloran. En 2013 ganó el Premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, convocado en la República Checa con la novela El verano en que Dios dormía. Ha publicado en México, España, Puerto Rico, Suiza, China, Inglaterra, República Dominicana, Francia, EE UU, Colombia, Portugal, Martinica, Italia, Canadá, entre otros países.

 

¿Cuánto vale un preso en Cuba?

https://www.cubanet.org/opiniones/cuanto-vale-un-preso-en-cuba/                Miércoles, febrero 7, 2018 | Ánge Santiesteban

Así funciona la maquinaria fascista de los Castro.

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Internos de una prisión en Cuba (AP)

 

LA HABANA, Cuba.- Félix Núñez Ibarra, recluido en la cárcel de Guamajal en Santa Clara, pasó varios días con la presión alta. En varias ocasiones insistió para que lo llevaran a la enfermería porque no lo abandonaban los zumbidos en los oídos ni el dolor de cabeza. Los guardias, molestos, le aseguraron que estaban hartos de acompañarlo en sus visitas al médico.

En la noche, cerca de la diez, se reparten los medicamentos, y Félix tragó los suyos, según lo indicado, y puso, como siempre, el captopril debajo de la lengua. Cerca y observando estaba el suboficial Genny Mejía, jefe de grupo, y sin que mediara pregunta ni advertencia se le acerca y le asestó un enorme bofetón que consiguió el tambaleo de todo el cuerpo del preso y también un gran golpe de su cabeza contra la pared.

Félix cayó al suelo sin conocimiento y los gendarmes dijeron que fingía, y volvieron a golpear el cuerpo desmadejado que, forzosamente, yacía en el suelo. El zarandeo le advirtió luego que estaba en una celda de castigo, y que la razón del escarmiento tenía que ver con el hecho de que el recluso “escondía sicofármacos que vendía luego a otros presos”.

A pesar del aturdimiento Félix intentó explicar, pero el suboficial se negó a escucharlo y ordenó que lo esposaran y lo condujeran al calabozo de castigo para “levantarle un acta” que lo encausaría por un nuevo delito que se agregaría a su condena. Félix explicó que estaban confundidos, pero los presos nunca tienen la razón. Los presos no valen nada, solo sirven para que los guardias ejerciten las artes marciales que aprenden, para que sobre ellos caigan los sádicos instintos de los guardias, como ese que cerró, al máximo, las esposas.

Según cuenta Félix el dolor era parecido al que provoca un golpe de corriente, y le hizo perder todas sus fuerzas, lo que aprovechó el guardia para volver a golpearlo y levantarlo por las esposas multiplicando el dolor, el que pareció ceder cuando le quitaron las esposas, aunque lo lanzaran contra el suelo. Así fue que durmió, llegando el amanecer.

En la mañana, cuando pasó el recuento, le preguntaron qué indisciplina había cometido; entonces, y casi ahogado con su propio llanto, explica que es hipertenso y tenía diagnosticado que el captopril fuera depositado debajo de la lengua. El oficial averiguó con el médico que lo acompañaba y dijo que era cierto. El suboficial Genny Mejía levantó los hombros y dijo que todo era muy sospechoso y que Félix no se explicó a tiempo.

Solo indicaron que lo llevaran de vuelta al destacamento. Lo hizo el mismo Genny, quien no abandonó su sonrisa sarcástica durante el tiempo que acompañó al preso en el recorrido desde la celda hasta el destacamento. Así viven los presos que desafían al Gobierno.

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ACERCA DEL AUTOR

Ángel SantiestebanÁngel Santiesteban

(La Habana, 1966). Graduado de Dirección de Cine, reside en La Habana, Cuba. Mención en el concurso Juan Rulfo (1989), Premio nacional del gremio de escritores UNEAC (1995). El libro: Sueño de un día de verano, fue publicado en 1998. En 1999 ganó el premio César Galeano. Y en el 2001, el Premio Alejo Carpentier que organiza el Instituto Cubano del Libro con el conjunto de relatos: Los hijos que nadie quiso. En el 2006, gana el premio Casa de las Américas en el género de cuento con el libro: Dichosos los que lloran. En 2013 ganó el Premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, convocado en la República Checa con la novela El verano en que Dios dormía. Ha publicado en México, España, Puerto Rico, Suiza, China, Inglaterra, República Dominicana, Francia, EE UU, Colombia, Portugal, Martinica, Italia, Canadá, entre otros países.

La iglesia, traicionada y salvada por sí misma.

Serán más, muchos más, los religiosos, los cubanos todos, que harán exigencias al régimen

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https://www.cubanet.org/opiniones/la-iglesia-traicionada-y-salvada-por-si-misma/

Jaime Ortega (der), junto al arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, durante una audiencia del Papa Francisco en la Plaza de San Pedro el 3 de junio del 2015 (foto tomada del Nuevo Herald)

LA HABANA, Cuba.- Jaime Ortega, quien fuera arzobispo de La Habana, fue por algún tiempo el referente más poderoso e influyente de la iglesia católica cubana, aun cuando estaba a la sombra de los hermanos Castro. Ese religioso que estuvo encerrado durante algunos años de su juventud en esos campos de concentración que conocimos con el eufemismo de Unidades Militares de Apoyo a la Producción (UMAP), se convertiría luego en artífice de las negociaciones para conseguir el buen restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana.

Según dijera el propio cardenal en algunas entrevistas, él fue un puente, un mensajero, un “lleva y trae” diría yo, al servicio de la dictadura. Detrás de esos pactos también estuvo el papa Francisco, lo que prueba que Jaime Ortega sabía hacer muy bien el lobby político, teniendo incluso al Vaticano de su lado, para servir a la dictadura de los Castro.

El cardenal Jaime Ortega tenía un verdadero interés en cumplir las órdenes de sus antiguos represores, y fue ahí cuando se le probó que estaba contagiado con el “síndrome de Estocolmo”; aunque un viejo oficial del régimen, que en la actualidad es un opositor, asegura que el gobierno chantajeaba a Ortega, que usaba algunas de sus estrategias preferidas, le recordaba elementos de su vida sexual, lo amenazaba.

Lo que sí es cierto es que Jaime Ortega había olvidado sus responsabilidades al frente de la iglesia; y sobre todo su compromiso con el pueblo de Cuba, ese al que debía defender, cuidar. Jaime tenía que luchar para terminar esa agonía del pueblo que ya dura sesenta años. En lugar de hacer lo que debía se empeñó en apagar cualquier disonancia entre la iglesia y el estado comunista, prefiriendo al segundo. Recordemos su actitud con la fabulosa revista “Vitral” de Pinar del Río, voz de los desposeídos.

Su actitud siempre fue la de un gendarme del régimen. Le mintió al preso político Ernesto Borges, a quien hasta fue a visitar a la prisión allá en el Combinado del Este, después que este hiciera una huelga de hambre, y a quien prometió interceder ante el gobierno de los Castro, lo que nunca hizo, para asegurar más tarde, ante televisoras extranjeras, que “en Cuba no había presos políticos”. Jaime traicionó a las valientes Damas de Blanco; primero las recibió en su oficina aparentando comprenderlas, pero jamás intercedió a favor de ellas, y calló cuando supo de los maltratos y vejaciones que les dedicaba el gobierno.

Este religioso, mientras estuvo en la vida pública, hizo que los cubanos de fe sintiéramos vergüenza, pero poco duró su papel de embajador del régimen. Los demócratas no obtuvieron el poder en los Estados Unidos, y sus planes se frustraron. Hoy no tiene ninguna credibilidad para los fieles cubanos ni tampoco su rebaño le cree. Y menos ahora, cuando tres padres de la iglesia alzaron sus voces en una carta que enviaron al dictador Raúl Castro, en la que le sugieren que abandone el poder, y permita de una vez que el pueblo de Cuba tenga esperanzas, y la oportunidad de prosperar.

Estos tres sacerdotes han sacado la cara por esa Iglesia entreguista, esa iglesia arrodillada que el cardenal Jaime Ortega guio por muchos años. Ante la ausencia de credibilidad en la jerarquía católica cubana, estos sacerdotes han devuelto ese horizonte de bondad, y amor cristiano que jamás debimos perder. Hoy la iglesia católica vuelve a encender sus luces, y alumbra, muestra, el camino del que no debieron sacarnos nunca. Hoy son tres los curas católicos que pidieron a Raúl que nos devuelva la democracia, que deje a los cubanos opinar como piensan realmente, y que se abandone la mentira y el ocultamiento. Estos padres le dijeron a Raúl Castro un sinfín de verdades. Esa es la verdad de Cuba, la que exige lo que merecemos; y creo que ese trillo que hoy ellos marcaron es el inicio, y que luego serán más, muchos más, los religiosos, los cubanos todos, que harán exigencias al régimen.

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ACERCA DEL AUTOR

Ángel Santiesteban

Ángel Santiesteban

(La Habana, 1966). Graduado de Dirección de Cine, reside en La Habana, Cuba. Mención en el concurso Juan Rulfo (1989), Premio nacional del gremio de escritores UNEAC (1995). El libro: Sueño de un día de verano, fue publicado en 1998. En 1999 ganó el premio César Galeano. Y en el 2001, el Premio Alejo Carpentier que organiza el Instituto Cubano del Libro con el conjunto de relatos: Los hijos que nadie quiso. En el 2006, gana el premio Casa de las Américas en el género de cuento con el libro: Dichosos los que lloran. En 2013 ganó el Premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, convocado en la República Checa con la novela El verano en que Dios dormía. Ha publicado en México, España, Puerto Rico, Suiza, China, Inglaterra, República Dominicana, Francia, EE UU, Colombia, Portugal, Martinica, Italia, Canadá, entre otros países.

TODO CUBANO DENTRO Y FUERA DE LA ISLA DEBE LEER Y COMPARTIR ESTA CARTA……..el tiempo se acaba……

La imagen puede contener: 2 personas, personas sonriendo, primer plano

Egberto Angel Escobedo Morales está con Castor José Álvarez Devesa.

A Raúl Castro Ruz en el XX aniversario de la Misa por la Patria presidida por San Juan Pablo II y las palabras de Mons. Pedro Meurice en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba, el 24 de enero de 1998.

El pasado primero de enero se ha conmemorado el 59 aniversario del triunfo de una Revolución. Una Revolución necesaria ante las atrocidades cometidas impunemente por un poder que se había vuelto contra este pueblo. Muchos lucharon y muchos murieron por dar a sus hijos una Cuba donde se pudiera vivir en libertad, en paz y prosperidad.

Hoy, casi seis décadas después, tenemos argumentos suficientes para evaluar qué hemos vivido en nuestra tierra.

Desde la institucionalización del Partido Comunista como el único partido autorizado a existir, nunca se ha permitido a este pueblo alzar una voz diferente, antes bien, toda voz diferente que ha intentado hacerse oír ha sido silenciada.

Este estilo totalitario ha permeado cada capa de la sociedad. Los cubanos saben que no tienen libertad de expresión, se cuidan para decir lo que piensan y sienten, porque viven con miedo, muchas veces incluso, de aquellos con quienes conviven cada día: compañeros de escuela, de trabajo, vecinos, conocidos y familiares. Convivimos en un entramado de mentiras que va desde el hogar hasta las más altas esferas. Decimos y hacemos lo que no creemos ni sentimos, sabiendo que nuestros interlocutores hacen lo mismo. Mentimos para sobrevivir, esperando que algún día este juego termine o aparezca una vía de escape en una tierra extranjera. Jesucristo dijo: “la verdad los hará libres”. Queremos vivir en la verdad.

El monopolio y control de los medios de comunicación social hace que nadie pueda acceder a medios públicos de comunicación de modo libre. Del mismo modo, no existe, una educación alternativa. Todo niño cubano tiene la obligación de escolarizarse y acceso a la escuela, pero a un solo modelo de escuela, a una sola ideología, a la enseñanza de un único modo de pensar. Los cubanos tienen el derecho a tener alternativas educacionales y opciones para la educación del pensamiento, los padres cubanos tienen el derecho a elegir qué tipo de educación desean para sus hijos.

Es lamentable el desamparo económico que vive este pueblo, obligado por las circunstancias a mendigar la ayuda de familiares que lograron marchar al extranjero o a los extranjeros que nos visitan; a aplicar la justa compensación o a robar todo lo que puede, renombrando al robo con palabras delicadas que ayuden a la conciencia a no mostrarse en toda su crudeza. Muchas familias carecen de una economía mínimamente estable que les permita adquirir serenamente lo básico para vivir. Comer, vestir y calzar a los hijos es un problema cotidiano, el transporte público es un problema, incluso el acceso a muchos medicamentos es un problema. Y en medio de este pueblo que lucha por sobrevivir, se inserta el sufrimiento callado de los ancianos, muchas veces silenciosamente desprotegidos. ¿Cómo se puede decir que es del pueblo, el capital que el pueblo no decide qué se hace con él? ¿Cómo mantener las necesarias instituciones públicas si no se cuenta con los recursos necesarios? ¿Por qué se invita a que vengan extranjeros a invertir con su dinero y no se permite invertir a los cubanos en igualdad de oportunidades? Los cubanos tienen derecho a participar como inversores en la economía y en las negociaciones de nuestra patria.

Y a todo esto se suma la falta de libertad religiosa. La Iglesia es tolerada, pero no deja de ser vigilada y controlada. Se reduce la plena libertad religiosa con una controlada libertad de permisos de culto. Los cristianos pueden reunirse a compartir su fe, pero no les es permitido construir un templo. La Iglesia puede hacer procesiones e incluso misas públicas, pero siempre a condición de un permiso expreso de las autoridades que, de no otorgarlo, no permite apelación ni da explicación. La Iglesia puede alzar su voz en los templos, pero no tiene acceso libre a los medios masivos de comunicación y, en los escasos momentos en que esto ocurre, es siempre bajo censura. Los laicos son censurados cuando intentan aplicar a la práctica política y social su fe.

Esta dinámica social que ha resultado en Cuba, ha olvidado a la persona, su dignidad de hijo de Dios y sus derechos inalienables; casi 60 años después de que este pueblo creyera en un ideal que siempre se pospone y nunca se realiza. Cuando alguien cuestiona, cuando alguien alza la voz, sólo encuentra vulnerabilidad y exclusión.

Queremos un país donde se respete más la vida desde su concepción hasta la muerte natural, donde se fortalezca la unión de la familia y se cuide el matrimonio entre un hombre y una mujer; en el que las pensiones alcancen a nuestros ancianos para vivir; en el que los profesionales puedan vivir dignamente con sus salarios; en el que los ciudadanos puedan convertirse en empresarios y haya más libertad de trabajo y contratación para los deportistas y artistas. Los jóvenes cubanos deberían encontrar posibilidades de trabajo que les permita desarrollar sus talentos y capacidades aquí y no vean como única salida irse de Cuba.

Tenemos una legalidad supeditada a un poder, la ausencia de un “Estado de Derecho”. Se hace imprescindible la clara distinción e independencia de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial. Queremos que nuestros jueces no sean presionados, que la ley sea orden, que la ilegalidad no sea una manera de subsistir o un arma de dominio. Que nuestro Capitolio se llene de legisladores que, con pleno poder, representen los intereses de sus electores.

Nuestro pueblo está desanimado y cansado, existe un estancamiento que se resume en dos palabras: sobrevivir o escapar. Los cubanos necesitan vivir la alegría de “pensar y hablar sin hipocresía” con distintos criterios políticos. Estamos cansados de esperar, cansados de huir, cansados de escondernos. Queremos vivir nuestra propia vida.

Esta carta tiene también un propósito, que es un derecho: Queremos elegir en libertad. En Cuba hay votaciones, no elecciones. Urgen elecciones donde podamos decidir no sólo nuestro futuro, sino también nuestro presente. Ahora se nos invita a “votar”, a decir “sí” a lo que ya existe y no hay voluntad de cambiar. Elegir implica, de por sí, opciones diferentes, elegir implica la posibilidad de tomar varios caminos.

Si escribimos esta carta es para evitar que un día, por alguna circunstancia, Cuba se sumerja en cambios violentos que sólo añadirían más sufrimiento inútil. Todavía tenemos tiempo de hacer un proceso progresivo hacia una pluralidad de opciones que permita un cambio favorable para todos. Pero el tiempo se acaba, apremia abrir la puerta.

De nada sirve ocultar la verdad. De nada sirve fingir que no pasa nada. De nada sirve aferrarse al poder. Nuestro Maestro Jesucristo nos dice a los cubanos hoy: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida?” Estamos a tiempo de construir una realidad diferente. Estamos a tiempo de hacer una Cuba como la deseaba Martí: “con todos y para el bien de todos”.

A la intercesión de la Virgen de la Caridad, Patrona de Cuba, nos encomendamos. Ella, Madre de todos los cubanos, interceda ante el Señor de la historia que, como dijo en Cuba, Su Santidad Benedicto XVI: “Dios no solo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla”, para que podamos elegir siempre el bien mayor para todos.

Padre Castor José Álvarez de Devesa, Cura del Modelo, Camagüey

Padre José Conrado Rodríguez Alegre, Párroco de San Francisco de Paula, Trinidad, Cienfuegos

Padre Roque Nelvis Morales Fonseca, Párroco de Cueto, Holguín

TODO CUBANO DENTRO Y FUERA DE LA ISLA DEBE LEER Y COMPARTIR ESTA CARTA……..el tiempo se acaba……

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Egberto Angel Escobedo Morales está con Castor José Álvarez Devesa.

Opinion: Farsa electoral castrista

Published on Jan 31, 2018

En nuestro espacio de Opinion tratamos temas como la farsa electoral castrista, el internet libre para Cuba y carta de tres sacerdotes catolicos al dictador Raul Castro. Participan Angel Santiesteban, Antonio Rodiles, Ailer Gonzalez y Claudio Fuentes