Por una Cuba futura, y una actual oposición transparente.

Por: Ángel Santiesteban-Prats

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He demorado mi respuesta porque he esperado, he apurado mi regreso a Cuba, para emitir mis puntos de vista, porque hacerlo desde lugares donde no corro ningún riesgo me hace sentir cobarde, y esto es solo una impresión personal. Desde un principio es bueno aclarar que a Antonio Rodiles no le hace falta que lo defiendan. Ha demostrado tener la suficiente entereza para enfrentar sólo sus contiendas. Tampoco es de los líderes que se ocultan mientras sacrifican, como reses, a una caterva de fulleros que lanzan al ruedo público, y que asemejan a las hordas de gladiadores que se degüellan entre sí, o peor, a esa chusma que criticamos en los Encuentro de las Américas en Ciudad de Panamá y ahora en Lima, en busca de histrionismos, quince minutos de fama o alguna prebenda para su peculio personal.

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Desde que conocí a Antonio Rodiles, siempre ha sido el primero en ir delante y recibir los zarpazos de la dictadura. No se esconde para que otros hablen por él. No vive del pasado de su familia, del sacrificio que ellos hicieron y que sin arriesgar nada, pudo disfrutar de beneficios; él se los gana aun, enfrentando a esa propia familia que es parte del régimen; expone su cuerpo todos los días, no algún día de pasada y pernoctar en La Habana. Ha estado siempre al lado de los que la policía política sacrifican y encarcelan, así como de su familiares, aunque luego le muerdan la mano.

Vale recordar que cuando el expresidente Barak Obama –el hombre más poderoso del mundo en su momento– quiso dictar su política grasienta contra el régimen de los Castro, el Foro por los Derechos y Libertades, liderados por Berta Soler y Antonio Rodiles, en pleno rostro en la reunión de La Habana –que los recibió por la cocina para no marcarse con la dictadura– le dijeron que no, que era una política errónea y un espaldarazo al régimen; pero a Obama no le importaba la disidencia cubana, no le interesaba ver los brazos de Antonio inflamados y heridos por los abusos de la policía política, no le concernía que las Damas de Blanco fueran abusadas, y son aún hoy, cada domingo. Si ellos le dijeron eso a Obama, cómo no se lo van a decir a Rosa María o a quien fuere necesario, en pos de la transparencia política.

Por momentos me pregunto si Antonio es un político. Es tan honesto que a veces parece que algo falla, máxime cuando vivimos en un mundo de embustes. Coincidimos en espacios públicos donde todos tenemos la misma voz y ayudan a confundir y tergiversar. Antonio jamás habla por la espalda. Dice las cosas de frente y a eso es a lo que muchos le temen. A Rosa María Payá le ha dicho en persona que no diga que vive en Cuba, porque no es cierto. Pasar por Cuba y tener libreta de abastecimiento, no quiere decir que vive en Cuba. Le ha dicho también sus desacuerdos con su proyecto donde la dictadura es un actor importante.

Antonio Rodiles se ha ganado el derecho de exigir no ser inmiscuido en un proyecto que no comparte. Eso no es un delito, se llama honestidad.

Antonio Rodiles tiene el derecho de llamar la atención sobre el espaldarazo político y financiero a un proyecto que todos sabemos que es irrealizable dentro, y mientras exista la dictadura, eso se llama confrontación. Antonio Rodiles le asiste el derecho de pedir un debate público con Rosa María o cualquiera que lo desee, pues eso se llama democracia.

Que Antonio Rodiles pida transparencia no significa un traspié a otro proyecto o persona, se llama caminos políticos que difieren, por ende, lo aconsejable es explicar, discutir públicamente esos proyectos, y tenemos el gran ejemplo de las contiendas por la presidencia de los Estados Unidos. Es el derecho de Antonio Rodiles a pedir un debate público, como también es el derecho a los demás de negarlo. Pero como todos sabemos, quien calla otorga.

No es cierto  que Antonio Rodiles  ha ofendido a Rosa María. Sus palabras públicas o escritas salen con fuerza, no con saña, son dichas con verticalidad, no con odio. Defienden su proyecto, no coartan los demás. El día que Antonio decidió abandonar a su familia y la tierra de libertad que lo acogía, para ir a luchar por la democracia en Cuba, botó la llave del regreso. No finge que vive en Cuba, vive y sangra en Cuba. No intenta manipular que se sacrifica, sino que expone su vida y recibe el encono del régimen. No inventa que lo apoyan tantos grupos opositores ni personas si no es cierto, porque bastaría con las Damas de Blanco y otros grupos dispersos por el país para formar una plataforma política sostenible. Antonio jamás ha saltado por intereses mezquinos. Nunca acepta lo que no cree bueno para Cuba ni cambia de tren cuando lo sabe cerca de apoyos políticos y económicos si no son viables, objetivos y coherentes. Lo más injusto es que pronto Antonio Rodiles regresará a Cuba, y todos aquellos que lo critican y que emiten falsan acusaciones, quedarán resguardados en suelos de libertad y sentados cómodamente en sus poltronas, viéndolo partir, mientras lleva sobre sus espaldas los arañazos y codazos de aquellos que jamás arriesgan. Que el gran sacrificio de esos está en dejar caer sus dedos sobre unas teclas plásticas para restar credibilidad y exponerlo a los castigos del totalitarismo. Esos no recibirán siquiera una amenaza de la dictadura porque jamás se le podrán al alcance.

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Antonio no vive de su apellido. Antonio no vive de sus muertos. Antonio no vive de Cuba, sino de los sueños por una Cuba libre.

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Ángel Santiesteban

(La Habana, 1966). Graduado de Dirección de Cine, reside en La Habana, Cuba. Mención en el concurso Juan Rulfo (1989), Premio nacional del gremio de escritores UNEAC (1995). El libro: Sueño de un día de verano, fue publicado en 1998. En 1999 ganó el premio César Galeano. Y en el 2001, el Premio Alejo Carpentier que organiza el Instituto Cubano del Libro con el conjunto de relatos: Los hijos que nadie quiso. En el 2006, gana el premio Casa de las Américas en el género de cuento con el libro: Dichosos los que lloran. En 2013 ganó el Premio Internacional Franz Kafka de Novelas de Gaveta, convocado en la República Checa con la novela El verano en que Dios dormía. Ha publicado en México, España, Puerto Rico, Suiza, China, Inglaterra, República Dominicana, Francia, EE UU, Colombia, Portugal, Martinica, Italia, Canadá, entre otros países.

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