El pueblo famélico y agradecido

Qué triste es ver a un pueblo en sumisión constante, en su desesperación por subsistir. En la unidad de guardafronteras donde me encuentro encarcelado, he podido ver –a través de la ventana– una “Feria agropecuaria” para los militares y empleados civiles, en la que les ofertaron algunos productos en precios distantes a los que se venden en las redes comerciales acostumbradas. No hablamos más que de galletas dulces, comidas mal elaboradas, vinagre, ron, huevos y algunas otras menudencias que despertaban en los consumidores la más intensa expectativa.

Daba vergüenza que tuvieran que repartir turnos para controlar la cola. Sin el más mínimo recato, aquellos y aquellas tenientes coroneles, mayores, capitanes y demás oficiales, arremetían unos contra otros en su desespero de subsistencia. Corrían de un lado a otro, y a la llegada de un camión donde podían divisarse algunas cajas plásticas, corrieron despavoridos como si escucharan la alarma de combate, desafiando el intenso sol y el humo que salía por el tubo de escape. Lo doloroso es saber que ese pueblo humillado es el mismo que a una orden se apresta a golpear a los disidentes, a las valerosas Damas de Blanco.

miseria y policia castrista

Una vez conté esta historia pero es tan específica para entender lo que sucede en nuestra sociedad que la repetiré: Stalin necesitaba explicarle a sus funcionarios el modo con el que debían disciplinar, controlar y dominar al pueblo; para ello, tomó a un pollo y le pidió a sus invitados que lo acompañaran al patio donde caía una profusa nevada. Una vez afuera, Stalin le extrajo las plumas al ave, y al desnudarla completamente, la lanzó sobre la nieve. Al sentir el frio que hería, y buscando protección, se cobijó entre las botas del dictador que se ocupó de apartarla en varias ocasiones, pero siempre regresaba al calor del asesino. “Así es la labor del Estado, que necesiten protección nuestra y hasta la agradezcan.” Y así han cumplimentado su más de medio siglo en el poder los hermanos Castro.

Un pueblo frágil, despojado de sus derechos y chantajeado, no tiene más opción que fingir que  simpatiza con la dictadura, y agradecer en público el calor que le brindan las botas del régimen totalitario. Acuden al llamado de los dirigentes políticos y propinan abusos o cuantas acciones sean necesarias para que luego ser premiados con algunos huevos y otros artículos en oferta.

firma 3

Ángel Santiesteban-Prats

23 de abril de 2015

Prisión Unidad de Guardafronteras

La Habana

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