El arte de mentir

Mientras Fidel Castro daba su discurso en Brasil, participando en la Cumbre Iboeroamericana, que versaba sobre las gestiones de los presidentes para salvar la ecología, en ese mismo momento, cortaban, arrasaban con el último pulmón de La Habana: Monte Barreto, para construir varios hoteles, pero lo más cínico era que cerca, habían áreas disponibles, deshabitadas.

Mientras los tanques aplastaban a los estudiantes en la Plaza Tiananmen, en La Habana recibían una delegación china y se condecoraba a un alto dirigente con la orden José Martí, intercambiaban bellas palabras de justicia, solidaridad y cese de las injerencias extranjeras en sus respectivos países.

Mientras le prometían a varios jóvenes que intentaron robarse una lancha de transporte de pasajeros para fugarse a Miami, que no les sucedería nada si se entregaban, y le daban la palabra que el gobierno los protegería, en ese mismo momento les preparaban el pelotón de fusilamiento con la justificación de dar un escarmiento y detener el robo de aviones y lanchas hacia la Florida porque existía la amenaza de una invasión norteamericana si proseguían la llegada de vuelos y arribos por las costas.
Ángel Santiesteban-Prats

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